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¿Es un mal augurio para Bruselas la ausencia de Maduro en la Celac? Se necesita el petróleo y los venezolanos no importan

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«Que Nicolás Maduro no haya podido ir a la cumbre de la CELAC en la Argentina, aduciendo razones de seguridad, demuestra que el aislamiento que ha vivido el Gobierno de Venezuela aún existe”, dice a DW Mariano De Alba, asesor senior del think tank International Crisis Group.

DW

Con la cumbre entre la Unión Europea y la CELAC prevista para julio, que el mandatario venezolano no asista al encuentro con homólogos como Lula Da Silva, Gustavo Petro y Alberto Fernández, que aseguran su apuesta por la integración latinoamericana, «no es un buen augurio para el encuentro en Bruselas”, dice el especialista. En el fondo, está aún vigente la recompensa de 15 millones de dólares por su captura que ofreció Washington en marzo de 2020.

El renovado interés que la Unión Europea viene demostrando a América Latina y el Caribe ha llevado al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, a la cumbre de la CELAC en Buenos Aires.

Nudos por resolver

Paralelamente, en una semana en que la diplomacia europea ha informado a los ministros Exteriores de laUnión Europea de los cambios que se han dado en la región latinoamericana, de la conveniencia de ir normalizando las relaciones con los actores políticos de Venezuela, de la posibilidad de levantar sanciones en la medida en que se avance en el diálogo con la oposición, la ausencia de Nicolás Maduro en Buenos Aires pone de manifiesto que aún hay nudos muy fuertes por resolver.

Uno de los nudos impide avanzar en el diálogo entre Gobierno y oposición que fue retomado en México, en noviembre de 2022. «La UE no puede quedarse quieta y debemos seguir esforzándonos, en cercana colaboración con socios claves, para apoyar el avance hacia una solución democrática a la crisis”, explican fuentes europeas. Una de las posibilidades de apoyo es reavivar el llamado Grupo Internacional de Contacto (GIC) para Venezuela.

El Grupo Internacional de Contacto

Creado en febrero de 2019, el objetivo del GIC (formado por Alemania, Chile, Costa Rica, Ecuador, España, Italia, Países Bajos, Panamá, Portugal, República Dominicana, Suecia, Uruguay y la UE) era favorecer el diálogo entre Gobierno y oposición para llegar a unas elecciones presidenciales con condiciones, después de la crisis que llevó a la presidencia interina de Juan Guaidó.

«El GIC estuvo muy activo en 2019 y fue bajando su volumen hasta quedar adormitado. Entretanto, ha habido muchos cambios en la región, y en ese grupo hay una buena representación de países latinoamericanos y europeos, independientemente de la ideología de sus gobiernos”, apunta De Alba.

Es importante anotar que «el nuevo Gobierno de Colombia lo ve con interés, pero no se quiere anunciar el reimpulso hasta que no haya un consenso entre sus miembros de qué pueden hacer concretamente para que la negociación prospere y rinda frutos”, añade.

En este escenario, está en veremos también el papel de España -país del que surgió la iniciativa del GIC en tiempos de Josep Borrell como ministro de Exteriores. Actualmente, «España pone la pelota en la cancha del Gobierno y la oposición. Hay disposición a ayudar. La comunidad internacional quiere ayudar, pero ustedes tienen que decirnos cómo”, anota De Alba. Una participación en el aún por definir «Grupo de Amigos” también estaría a discusión.

Los otros nudos

Si la situación ha cambiado, también ha cambiado la del panorama energético en el mundo. Y el petróleo de Venezuela se necesita. La licencia de Estados Unidos a una empresa estadounidense para volver a explotar petróleo y la liberación de presos estadounidenses en Venezuela, el complejo proceso de descongelar fondos venezolanos en Estados Unidos y Europa y la aceptación de que sean administrados por un fondo de Naciones Unidas son el telón de fondo de las negociaciones.

«La disposición a levantar sanciones está, pero condicionada a avances hacia las elecciones del 2024. Por otro lado, según el gobierno, las sanciones ya lo ponen en desventaja para un proceso electoral. Está enfrentando importantes protestas sociales del sector público pidiendo aumento de sueldo”, detalla De Alba.

Así las cosas, «a nivel simbólico, para Maduro era clave ir a la cumbre de la CELAC. Que no haya podido, es una mancha que hace mella en su intento de lograr que se reconsidere su liderazgo en el país. Por otro lado, si llegamos al mes de junio y persiste el motivo para desconfiar de las garantías para su seguridad en Bruselas, su proyección al interior del chavismo se verá golpeada. Y Nicolás Maduro, que tiene todavía en su mano hacer muchas concesiones, podría aducir eso para que las elecciones no sean competitivas”, concluye De Alba.

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