Historias del Copei que conocí (XIII): El segundo golpe, por Vladimir Petit Medina

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Por Vladimir Petit Medina

-Bueno, realmente el tipo al menos la llevó al hospital y se aseguró que la atendieran bien. Pero a mí lo que me parece imperdonable es el segundo golpe y que la cara le quedara como una cebra, así me dijo el indignado marido de la señora que había sido golpeada por el jeep manejado por el entonces secretario general de la JRC de Caracas. Al ver mi cara de sorpresa, el hombre insistió: -Ahhhh… es que usted no sabía que hubo un segundo golpe ¿no? -La verdad que no, le contesté. -Tampoco que tiene tres líneas de morados en la cara perfectamente alineados, derechitos pero en diagonal como rayas de cebra? Tragué grueso ante aquello y traté de cambiar el tercio preguntando: -Pero ¿usted está seguro que fue él? Al señor se le llenaron los ojos de fuego al contestar: -Todos sabemos quién es él. Su familia vive a 5 cuadras de aquí en el mismo Barrio El Nazareno. Así que no hay la más mínima duda ¡Es más, sígame y le enseño algo! Aunque ya anochecía, aquel día de inicio de semana santa 1992, seguí al esposo de la afectada. A menos de 50 metros me llevé una sorpresa inolvidable: -Allí lo tiene, pues ¿me va a decir que no es él?, preguntó el vecino mientras señalaba derechito un enorme graffiti hecho por el mejor equipo de propaganda que podía tener organización política alguna: los hermanos Rafael y Kemel Mourad, aka Los Osos. Bien grandote decía Goyo Cáribas Concejal… ¡Por estas calles! Vota Verde JRC. No me quedó sino pedir excusas y bajar hasta donde estaba el carro para irme a casa. Mi compadre Lancianese esperaba nervioso en medio de la oscurana. Antes de montarme le dije que aguantara un minuto porque necesitaba miccionar. Cosa que hice en una ladera cercana. Cuando estaba en plena acción se armó un tiroteo. Paré el chorro. De repente subieron por donde ya no había chorrito cayendo 5 tipos vestidos con gabanes con los cuales disimulaban sus armas largas. Quedé paralizado aún con mi instrumento expuesto y a mano mientras veía hacia el cielo oscuro. Pasaron a mi lado los tipos y yo ni respiraba. Monté en el carro corriendo y arrancamos picando cauchos. Iba con la firme idea de tener una larga conversación con el protagonista de este relato: José Gregorio Cáribas Herrera.

Ahora la historia completa.

Goyo Cáribas venía del movimiento sindical Frente de Trabajadores Copeyanos FTC pero terminó siendo quien coordinaba las elecciones liceistas en Caracas. Yo fui el coordinador de ese operativo y así nos conocimos en 1988. Un 4×4, honesto, dedicado y humilde que terminó siendo electo secretario nacional juvenil de la ciudad capital en 1989. La dirección nacional que encabecé le asignó un Toyota Machito descapotable sin puertas que teníamos y que rápidamente pasó a ser conocido como La Goyoneta. Un trabajador que casi no dormía… tenía como 4 días de transnocho encima preparando el operativo de propaganda para aquella semana santa y cuando regresaba a su casa esa madrugada, el cansancio le venció y cayó dormido al frente del volante. La mala suerte hizo que golpeara una señora que venía bajando tempranito para ir al mercado local. El impacto no fue tan aparatoso como doloroso para la afectada. El reaccionó enseguida, se bajó del Jeep a auxiliar a la señora mientras le pedía excusas. La cargó y montó con facilidad en La Goyoneta, ya que no tenía puertas. La acomodó y enseguida arrancó al hospital más cercano en Catia. La mujer iba muy atontada por el golpe inicial. Desesperado arrancó de golpe picando cauchos pero al quedar el centro médico en sentido contrario tuvo que dar una brusca vuelta en U. Lamentablemente olvidó que no tenía puertas y que tampoco había asegurado con el cinturón de seguridad a la señora que estaba ciertamente mareada. Por eso al arrancar y dar aquella vuelta en U la pobre mujer se desprendió inercialmente del vehículo y fue a dar a la alcantarilla debajo del carro… cayendo de cara. Ese fue el segundo golpe mencionado por el marido y la alcantarilla dejó las marcas de cebra que mencionó originalmente. Un desastre.

Estuvimos pendientes de ayudar en la recuperación de la señora y Goyo se guardó hasta que culminó esa semana santa ya que no tenía sentido entregarse durante esos días festivos. El lunes siguiente, el secretario general del partido en Caracas, mi amigo Luis Abraham Rizek y yo, le acompañamos a entregarse, cosa que siempre fue su deseo. Lo hizo y fue enviado a La Planta donde estuvo varios meses. Un día fui a llevarle un pasticho y terminé jugando dominó con varios de sus compañeros de pabellón. A ratos tuve la duda de si Goyo era recluso o jefe allí.

Tan pronto como salió, volvió a sus actividades. A la semana le tiraron un quieto junto al negro Nacho y les quitaron todo. Allí le dije: -Hermano, tienes que enfriarte un poco, reflexionar y rezar porque estás francamente acontecido. Te voy a asignar al operativo de propaganda en el Táchira así te desconectas. Eso hice.

La semana siguiente lo enviamos por 5 días a Ureña, en compañía de un brillante dirigente de la DCU UCV, mi adorado Jean Yatim. Al llegar comenzaron la toma de la ciudad con propaganda, mítines, visitas casa por casa. La gente de Copei Ureña los hospedó en unas humildes literas dentro de la casa municipal de Copei. Una sencilla sede rodeada de un generoso monte. Todo iba espectacular… pero nadie podía prever lo que vendría.

-Dr. Petit, es el secretario general de Copei Ureña, dijo una amable voz al otro lado del celular. -Un placer compañero ¿Cómo les ha ido con mis muchachos por allá? pregunté con orgullo. -Pues bien… todo iba muy bien pero casi ocurre una tragedia  -¿Qué pasó? Ellos están bien?, me apresuré a preguntar. -Si… los muchachos están bien pero la casa del partido está deshecha… dijo con pesar. Acto seguido me contó lo sucedido. José Gregorio Contreras, el mejor cumanacoense que conozco y a la sazón también de la DCU UCV, estaba a mi lado y vio el cambio de mi cara. -Entiendo. Qué pena con usted. Le pido que me los mande. Aquí me encargaré de que nunca más pase algo así. Mil excusas. Al trancar… no sabía si reír o llorar. -¿Qué pasó? indagó Contreras. -Se cuenta y no se cree. ¿Tú sabes lo que hicieron esos dos? Pues que un día amanecieron fastidiados en las literas donde dormían y vieron que un toro estaba pastando en el terreno detrás de la casa. Y ociosos al fin, abrieron la ventana del cuarto que daba al terreno, prendieron el sonido que usan en los eventos municipales y han comenzado a hacerle al toro Muuuu Muuuu con el micrófono y cornetas a todo volumen. Citadinos al fin, no contaban con que el toro iba a reaccionar, cogió impulso y saltó metiéndose por la ventana. Estos dos, asustados y huyéndole al toro usaron la litera de metal donde dormían como escudo protector y allí se le enredaron los cachos al toro. Como pudieron lograron dar la vuelta con el animal suelto adentro y alcanzaron a brincar para huir de la casa mientras dejaban la litera bloqueando y cerraron la ventana. El toro enojado destrozó la casa del partido por dentro, incluso se comió la ropa de ellos… no lo pudieron sacar sino al tercer día de encierro. Para eso solicitaron la ayuda de picadores de la maestranza de San Cristóbal. Hasta los periódicos hicieron fiesta con eso. En la radio la gente se burlaba -Deja que lleguen y me van a escuchar.

Lo primero que hice fue aleccionarlos verbalmente y acto seguido llevé a Cáribas a que le echaran unos ramazos.

Hoy, Jean Yatim, después de un rutilante MBA en Purdue University es un altísimo gerente de una petrolera en Brasil y José Gregorio Cáribas Herrera, mi querido amigo, es concejal principal de Caracas, jefe de Un Nuevo Tiempo en el Municipio Libertador. Aún hoy arruga la cara cuando le recuerdan aquel segundo golpe.

Y quien los ve tan serios no puede imaginarse lo que hicieron con ese carómetro en la JRC. Excelentes venezolanos…pero traviesos y ocurrentes también.

Pero eso es otra historia.

@vladimirpetit

@vladimirpetitmedina

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