Con 94,6% de la población dependiendo exclusivamente del sistema sanitario público, 18,2 millones de personas con privaciones en salud y más de 60% de los servicios suspendidos o cerrados en hospitales y centros de atención primaria, expertos advierten que la recuperación del sistema de salud venezolano exige una reforma estructural: reconstruir la atención primaria, descentralizar la gestión, transparentar el uso de recursos, dignificar al personal sanitario y abrir espacios a la cooperación internacional para revertir años de emergencia humanitaria compleja y abandono institucional
Después de más de una década de emergencia humanitaria compleja, deterioro institucional, reducción presupuestaria y colapso progresivo de los servicios públicos, millones de personas en Venezuela dependen de una red sanitaria debilitada que lucha diariamente por responder a necesidades cada vez mayores. Lograr en el futuro la reconstrucción del sistema de salud significa uno de los mayores desafíos que podría enfrentar la nación en los próximos años.
Por: Érika Hernández – El Nacional
Un informe de HumVenezuela en 2025 reveló que 94,6% de la población depende exclusivamente del sistema sanitario público, una cifra superior a lo registrado en 2024, cuando se ubicó en 87,1%. Sin embargo, esta mayor afluencia de personas a los centros de salud dependientes del Estado no se traduce en capacidad de atención: 45,6% de los ciudadanos no fue atendido al acudir a hospitales; 64,1% en ambulatorios; 60,5% en clínicas populares; 72,4% en la Misión Barrio Adentro y 64,8% en Centros de Diagnóstico Integral (CDI).
La organización estima, además, que 18,2 millones de personas presentan privaciones relacionadas con la salud y que 5,5 millones se encuentran en situación de necesidades severas, luego de pasar al menos seis meses sin recibir atención médica pese a padecer condiciones graves. Estas cifras revelan que, mientras más venezolanos dependen del sistema público, menor es la capacidad de respuesta de ese mismo sistema.
La situación no solo afecta a quienes requieren tratamientos complejos. También impacta a pacientes con enfermedades crónicas, mujeres embarazadas, niños, adultos mayores y personas que necesitan atención preventiva.
Pese a la gravedad de la crisis, en 2025 se asignó al sector salud solo 4,24% del presupuesto público, lo que representó un recorte de 28,03% respecto a 2024, acumulando tres años consecutivos de caída presupuestaria, según cifras de Transparencia Venezuela.
Cifras del presupuesto público para salud en 2025: La asignación al sector representa solo 4,24% del presupuesto nacional para el próximo año
Recorte respecto a 2024: 28,03%, disminución presupuestaria efectiva en comparación con el ejercicio anterior.
Balance del sector: Según Transparencia Venezuela, la asignación de 2025 confirma una tendencia de desinversión en el sistema de salud pese a la crisis actual.
Este financiamiento solo alcanza para sostener 20% de las capacidades disponibles del sistema de salud público. Hasta 2025, según HumVenezuela, se habían suspendido o cerrado 60% de los servicios en 296 hospitales, 80% en 421 ambulatorios especializados y 90% en 17.029 centros de atención primaria por falta de personal, insumos, medicinas o equipos. Los estados con mayor población privada de servicios de salud el año pasado fueron Amazonas (94,1%), Anzoátegui (82,7%), Lara (80,0%), Portuguesa (78,0%) y Trujillo (73,6%).
Las fallas en los servicios básicos también forman parte de la crisis hospitalaria venezolana. El 72,4% de los centros de salud carece de suministro regular de agua, 61,9% no dispone de electricidad constante y 68,5% tiene problemas de higiene en los servicios. A ello se suma la ausencia de políticas permanentes de mantenimiento a la infraestructura y actualización de equipos médicos.
En cuanto al índice de desabastecimiento, 88,5% de las personas que acudieron a centros de salud entre 2024 y 2025 reportó falta de insumos médicos, 89,8% de medicamentos y 87,7% de equipos médicos. Además, 88,1% también reportó que los servicios no disponían de laboratorios; 84% de los hospitales no tiene operativo el servicio de tomografía o resonancia magnética y 36% carece de equipos de rayos X funcionales.
Para el cierre de la primera mitad de 2024, la Encuesta Nacional de Hospitales (ENH), que realiza Médicos por la Salud en 40 hospitales del país, registró 450 muertes por infarto y 304 por trauma atribuidas a carencias del hospital y no a la condición del paciente. Según el personal en los hospitales, la mayoría de estas muertes se debió a falta de medicamentos necesarios para poder atender a los pacientes.
Para los especialistas, revertir esta realidad exige una transformación estructural que va mucho más allá de la recuperación física de hospitales.
Las causas de un deterioro prolongado del sistema de salud
El andamiaje legal de la salud en Venezuela descansa sobre los artículos 83 y 84 de la Constitución de 1999, que definen la salud como un derecho social fundamental y una obligación ineludible del Estado vinculada al derecho a la vida. No obstante, a más de un cuarto de siglo de la aprobación de la Carta Magna, el Estado ha incurrido en una omisión legislativa histórica al no promulgar una Ley Orgánica de Salud que adecúe las estructuras y políticas al mandato constitucional, lo que ha permitido que el sistema opere bajo criterios de fragmentación, alejándose de los principios de gratuidad, universalidad y descentralización que deberían regir la arquitectura sanitaria del país.
Pedro Javier Fernández, miembro de Médicos Unidos de Venezuela, especialista en gestión y control de la administración pública y en gerencia de la salud pública, identificó tres factores fundamentales detrás de la crisis del sistema de salud. El primero es la corrupción y el manejo ineficiente de los recursos. «El sector salud se utilizó como una caja chica, un modelo de financiamiento de corrupción donde era más fácil disfrazar la corrupción como gasto social», afirmó en declaraciones a El Nacional.
Ante esto, Fernández propuso una gestión abierta de hospitales, donde los venezolanos puedan estar conscientes de qué es lo que entra y qué es lo que se necesita para cada procedimiento. Para ello, consideró necesario establecer mecanismos de control que permitan rastrear el uso de insumos y recursos.
Como segundo factor, el también activista definió lo que denomina «hospitalocentrismo»: un modelo enfocado casi exclusivamente en los hospitales, mientras se dejó de lado la atención primaria. «Empezamos a hablar solamente de atención en hospitales y nos olvidamos por completo de la red primaria, que es donde se mantiene a la persona sana», señaló al explicar que el sistema dejó de prevenir enfermedades para concentrarse únicamente en atender pacientes cuando ya presentan complicaciones.
La tercera causa es la designación de personas sin la preparación necesaria para administrar instituciones sanitarias.
«Se pusieron en los puestos de administración de salud personas que no tenían el conocimiento para administrar y cayeron en un voluntarismo vacío», indicó.
Mauro Zambrano, coordinador general de Monitor Salud y dirigente sindical del sector, coincidió en varios de estos diagnósticos y añadió otros factores que han agravado el deterioro. Entre ellos menciona la excesiva centralización administrativa, la fragmentación institucional y la ausencia de políticas de mantenimiento.
«La centralización es un grave problema. Ya los hospitales no tienen presupuesto y eso nos ha ocasionado problemas muy graves porque un director de hospital queda como un simple gestor», señaló e insistió en que las instituciones de control deben recuperar independencia, mientras que las denuncias deben investigarse y generar consecuencias reales.
Entre 2008 y 2020, el Ejecutivo implantó un sistema de autoridades únicas de salud designadas por decreto, eliminando la autonomía de las regiones. Asimismo, desde 2013, la arquitectura del sistema incorporó una gestión cívico-militar a través de los denominados Estados Mayores de Salud, lo que ha comprometido la rectoría civil de las instituciones y la transparencia pública en la administración de recursos. Esta configuración ha generado, además, una alta dependencia externa de la cooperación bilateral, principalmente con Cuba, para la formación de personal y la dotación de insumos básicos.
El informe anual publicado por la ONG Provea también alertó que el sistema se ha reconfigurado bajo la nomenclatura de la Misión Barrio Adentro y los Planes de la Patria, que funcionan como leyes político-doctrinarias en lugar de reformas técnicas. Actualmente, el sistema se organiza en tres niveles: la Red Comunal (consultorios populares), la Red Ambulatoria Especializada (clínicas populares) y la Red Hospitalaria, todas integradas territorialmente en las Áreas de Salud Integral Comunitaria (ASIC). Estas unidades son coordinadas por equipos que mezclan funciones de salud pública con tareas sociopolíticas y de seguridad, bajo la supervisión de organizaciones afines a la doctrina estatal, como los consejos comunales.
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