El estandarte y la cátedra Hugo Chávez aún permanecen en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, pese a que el nuevo pensamiento o “Concepto Estratégico Militar” (CEM-2026) lo relega y enaltece al Libertador Simón Bolívar.
Por: Hernán Lugo-Galicia – HLG News
Las arengas: “Patria, vida y socialismo”; “Chávez vive, la lucha sigue”, y “Leales siempre, traidores nunca” ya no se escuchan en los cuarteles, aunque en los altos mandos se les escapa su adhesión al proyecto chavista.
Desde el 3 de enero de 2026, cuando Estados Unidos capturó y entregó a Nicolás Maduro y a Cilia Flores a la justicia en Nueva York, han ocurrido algunos cambios en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en la estructura de mando, en las consignas, en el logo del Ministerio de la Defensa que no incluye “el Ministerio del Poder Popular…” y se vocifera a todo pulmón: “Venezuela renace”. Sin embargo, la sociedad percibe un cambio gatopardiano (todo sigue) y que es menester el cumplimiento de la Constitución que establece que la FANB tiene que ser institucional, alejada de proyectos políticos grupales o personales y defensora de la soberanía territorial y popular, no un “brazo armado” de los gobernantes de turno.
¿Cuál es el rol de los militares en la nueva Venezuela?, es el Capítulo II de esta serie “La FAN que Venezuela merece”, con reportajes que indagan sobre lo ocurrido a lo interno de los cuarteles, los altos mandos de la FANB.
¿Disolución o transformación?
¿Qué pasará con la Fuerza Armada venezolana?
La mayoría de la sociedad civil venezolana, líderes políticos de oposición, organizaciones no gubernamentales (ONG) e investigadores independientes concuerdan en que la solución a la crisis castrense en Venezuela no pasa por la disolución absoluta de la institución militar, sino por una reestructuración profunda, integral e inmediata.
La exigencia central radica en sustituir el modelo vigente de la FANB —caracterizado por la politización, la subordinación partidista y el hipertrofiado crecimiento de mandos— por una institución apegada estrictamente al artículo 328 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
El mandato constitucional establece que la Fuerza Armada es una “institución esencialmente profesional, sin militancia política”, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación, y “en el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”.
Aspectos fundamentales a transformar y sus razones
– El retorno institucional requiere acción, más que de análisis pues la sociedad venezolana y los expertos plantean los siguientes cambios medulares:
– Despolitización y Desideologización Total: Erradicar definitivamente el adoctrinamiento partidista, las consignas de parcialidad ideológica y el culto a personalidades dentro de las academias militares y unidades operativas.
– Subordinación al Poder Civil y Control Democrático: Restablecer la autoridad de las instituciones democráticas civiles sobre el estamento militar, nombrando autoridades civiles o bajo estricta supervisión parlamentaria en el Ministerio del Poder Popular para la Defensa.
– Eliminación de Estructuras Paralelas y Colectivos Armados: Desmantelar la Milicia Nacional Bolivariana y los cuerpos armados irregulares (colectivos), reasumiendo el monopolio exclusivo y legítimo de las armas de la República.
– Racionalización y Meritocracia: Reducir la desproporcionada macro jefatura militar (que superó los 2.000 generales y almirantes) mediante juntas de evaluación profesional basadas en el mérito, la ética y el rigor técnico.
– Saneamiento Económico y Desvinculación de Actividades Ilícitas: Depurar a la institución de redes de corrupción, minería ilegal, contrabando y control comercial (como la empresa CAMIMPEX y aduanas), regresando a los uniformados a su rol primario de defensa nacional.
Responsables del quiebre institucional y constitucional
La responsabilidad histórica y política de la pérdida del rol constitucional de la Fuerza Armada recae de forma principal en Hugo Chávez Frías, continuada y profundizada posteriormente por Nicolás Maduro y respaldada por la cúpula militar encabezada durante más de una década por el general en jefe Vladimir Padrino López.
¿Por qué Chávez la utilizó como brazo armado de su proyecto personal?
Tras el intento de golpe de Estado de abril de 2002, el barinés identificó a la estructura militar convencional como una amenaza latente a su permanencia en el poder si se mantenía neutral e institucional.
Entre 2002 y 2008, Chávez impulsó una mutación doctrinal y estructural:
– Cambio Doctrinal a la “Guerra Popular Prolongada”: Reemplazó el modelo militar convencional de defensa por una doctrina ideologizada enfocada en el control social interno y la resistencia asimétrica.
Inserción en el Proceso Político: Chávez declaró abiertamente el carácter “chavista, revolucionario y antiimperialista” de la FANB, transformándola en el pilar fundamental para sostener su proyecto político.
– Cooptación Económica y Política: Otorgó a los altos mandos militares el control de ministerios clave, gobernaciones, distribución de alimentos y la gestión de empresas estatales, creando una mutua dependencia entre la supervivencia del régimen político y los privilegios económicos de la cúpula militar.
Las Fuerzas Armadas de Venezuela pasaron así, de ser una institución profesional y apolítica, a convertirse en un brazo armado de soporte al proyecto político del chavismo, en un proceso ejecutado de forma estratégica.
A través de sucesivas reformas legales, purgas internas y adoctrinamiento doctrinal, Chávez desarticuló los pilares institucionales de la FAN para moldear una organización leal a su persona, vulnerando explícitamente el artículo 328 de la Constitución de 1999.
Cronología de la muerte institucional
La desconfiguración cronológica de la institución militar se desarrolló a través de las siguientes etapas clave:
1999: El cimiento institucional (la Constitución y el Plan Bolívar 2000)
• Voto militar: Con la promulgación de la Constitución de 1999, se concedió por primera vez el derecho al sufragio a los militares activos. Aunque se presentó como un derecho civil, abrió la puerta a la politización partidista dentro de los cuarteles.
• Eliminación del control parlamentario: Se suprimió la potestad del Poder Legislativo (Senado) para aprobar los ascensos de coroneles y generales, otorgándole el control absoluto y discrecional de las promociones al Presidente de la República.
• Militarización de la gestión pública: Se lanzó el Plan Bolívar 2000, involucrando masivamente a oficiales en tareas de infraestructura, salud y manejo de fondos públicos. Esto diluyó las fronteras de la seguridad nacional y la administración civil, exponiendo a la oficialidad a dinámicas políticas y de manejo de recursos económicos.
2002: La gran purga tras el contragolpe de abril
• Fractura y depuración institucional: Tras los hechos del 11 de abril de 2002, cuando un sector del alto mando desconoció a Chávez, el retorno de este al poder significó una purga sin precedentes. Cientos de oficiales profesionales e institucionalistas (muchos de ellos pronunciados en la Plaza Altamira) fueron dados de baja, procesados o aislados.
• Fidelidad sobre mérito: La idoneidad técnica y profesional dejó de ser el principal criterio para el ascenso, siendo sustituida de forma abierta por la lealtad absoluta y pública al líder del proceso político.
2005: El quiebre legal y la nueva doctrina militar (LOFAN)
• Reestructuración del mando: Se promulgó la primera gran reforma de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional (LOFAN). Nació el Comando Estratégico Operacional (CEOFANB), rompiendo la estructura tradicional de mando de las fuerzas y centralizando la operatividad militar bajo la supervisión directa del Ejecutivo.
• La Reserva Nacional: Se creó la Reserva Nacional y la Guardia Territorial de manera paralela a los componentes tradicionales, respondiendo directamente al Presidente, sentando las bases de una estructura armada paralela.
2007 – 2008: El carácter “Bolivariano” y el Socialismo
• Cambio de identidad y lemas partidistas: A pesar de haber sido rechazado formalmente en el referéndum constitucional de 2007, Chávez introdujo por decreto-ley el adjetivo “Bolivariana” a la institución (pasando a ser la FANB).
• Se institucionalizó el lema de inspiración cubana «¡Patria, Socialismo o Muerte! ¡Venceremos!» de uso obligatorio en saludos y ceremonias militares oficiales, obligando a los efectivos a jurar fidelidad a una corriente ideológica partidista.
• El grado de Comandante en Jefe: Mediante reforma legal, Chávez creó formalmente el grado militar de «Comandante en Jefe» para sí mismo, portando uniforme militar con insignias propias adaptadas a su cargo, asumiendo funciones operativas directas dentro de la jerarquía.
2009 – 2011: La Milicia como contrapeso y la “Guerra de todo el Pueblo”
• La Milicia Nacional Bolivariana: En las sucesivas reformas de la LOFANB (2009 y 2011), se consolidó a la Milicia Bolivariana como un “quinto componente” especial de la fuerza armada. Compuesta por civiles ideologizados y adiestrados sin formación militar formal, actuó como una estructura de contrapeso frente a los recelos institucionales del ejército regular.
• Nueva doctrina asimétrica: Se abandonaron las doctrinas de defensa tradicionales occidentales y se adoptó el concepto de la “Guerra de todo el pueblo”, fusionando el tejido social civil afín al partido de gobierno con las estructuras armadas de la nación.
De Institución a “corporación servil”
El resultado final de estas transformaciones desmanteló progresivamente el espíritu profesional de la FANB mediante tres mecanismos de control directo:
1. Ideologización: El pensamiento militar tradicional fue sustituido por el adoctrinamiento político-partidista y el culto a la personalidad, justificando la defensa del gobierno como si fuera la defensa de la patria misma.
2. La “Montonera” Civil: La incorporación masiva de milicianos y la proliferación de colectivos urbanos armados diluyeron el monopolio legítimo de las armas.
3. Control Económico: Para garantizar la sumisión total frente al descontento social, se otorgó a sectores de la cúpula militar el control de ministerios clave, la administración de aduanas, puertos, la distribución de alimentos e industrias extractivas (minería y petróleo), transformando el rol del soldado profesional en un actor corporativo de naturaleza económica y política.
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