La industria petrolera venezolana ha entrado en una nueva fase. Tras las profundas reformas en el sector de los hidrocarburos y los acontecimientos geopolíticos de principios de 2026, el debate ha pasado de centrarse en la reapertura del sector petrolero del país a la recuperación productiva. El potencial de recursos del país nunca ha estado en duda. El mayor desafío ahora reside en convertir el impulso político en un crecimiento operativo sostenido.
Por: Rystad Energy en Oil Price
Rystad Energy estima que la producción de crudo de Venezuela podría aumentar aproximadamente un 17%, o alrededor de 194.000 barriles por día (bpd), entre el cuarto trimestre de 2025 y el cuarto trimestre de 2028. Es importante destacar que se espera que este crecimiento provenga principalmente de los yacimientos productores existentes, en lugar de nuevos descubrimientos a gran escala, lo que subraya que la ejecución operativa, y no la disponibilidad de recursos, determinará el ritmo de la recuperación.
El crecimiento de la producción a corto plazo estará dominado por los crudos más pesados. Se prevé que alrededor de tres cuartas partes de la producción venezolana hasta 2028 provengan de crudo pesado, extrapesado y betún, y que la Faja Petrolífera del Orinoco represente aproximadamente el 60% de la producción total. Esto hace que el acceso a diluyentes, las actividades de reacondicionamiento, la perforación de pozos de relleno y la gestión de campos maduros sean considerablemente más importantes que el aumento de las reservas en los próximos años.
Los operadores internacionales están impulsando la recuperación.
Se prevé que las compañías petroleras internacionales (CPI) contribuyan con casi dos tercios del aumento de la producción venezolana proyectado hasta 2028. Chevron sigue siendo el principal contribuyente, seguido de Repsol, Eni, Maha Energy y Maurel & Prom. Se espera que la mayor parte de este crecimiento provenga de la expansión de la producción en empresas conjuntas existentes, lo que refleja la reactivación de la inversión tras los cambios regulatorios y el levantamiento de las sanciones, en lugar de nuevos proyectos.
Chevron sigue ocupando una posición particularmente estratégica. Los recientes ajustes en su cartera han fortalecido su presencia en la Faja Petrolífera del Orinoco, mientras que se espera que el crecimiento futuro de la producción dependa de la optimización de yacimientos existentes, la perforación de pozos adicionales y el desarrollo por fases de Ayacucho 8. Además de Chevron, empresas como Eni y Repsol continúan desempeñando un doble papel en los sectores de crudo y gas natural de Venezuela a través de activos como el bloque Cardón IV y el gigantesco yacimiento de gas Perla.
Sin embargo, la participación internacional sigue siendo muy selectiva. Las empresas continúan sopesando la oportunidad que ofrece la vasta base de recursos de Venezuela frente a la incertidumbre fiscal, la complejidad operativa y el riesgo de inversión a largo plazo.
La ejecución, no la geología, sigue siendo la principal limitación.
Si bien las reformas políticas han mejorado las perspectivas de inversión, no eliminan los cuellos de botella operativos que han limitado la producción durante años.
El crecimiento sostenido de la producción requerirá acceso continuo a diluyentes, mayor actividad de perforación, extensas campañas de reacondicionamiento, infraestructura mejorada y una disponibilidad de plataformas de perforación significativamente mayor. Estos requisitos operativos representan el vínculo fundamental entre el potencial de los recursos y la producción real.
La competitividad fiscal sigue siendo un factor importante. Los operadores internacionales han indicado que los futuros compromisos de capital dependerán de mejoras en el marco fiscal venezolano, especialmente en lo que respecta a regalías e impuestos. Unos costos de equilibrio de proyectos más bajos, gracias a condiciones fiscales más competitivas, podrían mejorar significativamente la rentabilidad de las inversiones y fomentar una mayor participación en el sector.
Los servicios petroleros podrían convertirse en el cuello de botella determinante de la industria.
Quizás el mayor desafío para la recuperación de Venezuela reside más allá de las propias empresas operadoras del sector de exploración y producción. El Ministerio de Petróleo venezolano ha identificado la necesidad de contar con 93 plataformas de perforación activas para 2028, un aumento significativo con respecto a los niveles de actividad actuales. Lograr este objetivo requeriría una expansión gradual que implicaría la reactivación de plataformas nacionales, la modernización de equipos inactivos y, eventualmente, la importación de plataformas adicionales de los mercados internacionales.
Esto genera importantes oportunidades para las empresas de perforación y los proveedores de servicios petroleros, pero también pone de manifiesto la magnitud del desafío que supone la ejecución. Las empresas deben sopesar los costes de movilización de equipos, los requisitos de duración del contrato y el riesgo país antes de comprometer capital.
Los contratistas locales han comenzado a reactivar sus flotas, mientras que los proveedores de servicios internacionales se muestran más cautelosos, a la espera de mayores indicios de que las recientes reformas políticas se traducirán en un entorno operativo estable y comercialmente atractivo. En consecuencia, la recuperación de la capacidad operativa podría resultar tan importante como la atracción de inversión en la fase inicial de la cadena de suministro.
La siguiente fase depende de la implementación.
La Ley de Hidrocarburos de 2026 representa una de las reformas estructurales más importantes para el sector de exploración y producción de Venezuela en décadas. Al ampliar las oportunidades de participación privada e introducir una mayor flexibilidad fiscal, la legislación ha creado un marco más atractivo para la inversión futura.
Sin embargo, la legislación por sí sola no basta para reactivar la producción. La rapidez de su implementación, la estabilidad de la política fiscal, el continuo levantamiento de las sanciones y la capacidad del sector para reconstruir su capacidad operativa determinarán, en última instancia, si Venezuela puede convertir su ambición en un crecimiento sostenido de la producción.
Para inversionistas y operadores por igual, la oportunidad es considerable. Sin embargo, la reactivación del sector de exploración y producción del país dependerá menos del tamaño de su base de recursos que de su capacidad para ejecutar de manera consistente sus políticas de perforación, infraestructura, servicios e inversión. Es probable que esta falta de ejecución, y no la geología, defina la trayectoria de producción de Venezuela durante el resto de la década.


