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La revolución cubana, en la cuerda floja

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Por Alejando G. Motta en La Razón

Fuertes rumores aseguran que el tecnócrata Óscar Pérez-Oliva Fraga se encuentra en conversaciones con la Casa Blanca para una posible transición hacia la democracia en Cuba

Después de 67 años de “revolución”, Cuba podría estar a las puertas de un cambio político. Lo ocurrido el 3 de enero en Venezuela con la extracción de Nicolás Maduro significó para los cubanos un duro golpe. A partir de esa fecha, tanto el presidente Trump como el secretario de Estado, Marco Rubio, están abocados a la caída del régimen cubano, aspirando a que haya un cambio de Gobierno durante este 2026.

La estabilidad de la revolución depende, en gran medida, de Venezuela. Rubio lo sabe bien. Antes de la captura de Maduro, el Gobierno bolivariano le enviaba entre 26,000 y 27,000 barriles diarios al presidente Miguel Díaz-Canel. A partir del 3 de enerouna de las primeras medidas que Delcy Rodríguez tuvo que asumir, por petición de la Casa Blanca, fue suspender totalmente el envío de petróleo a la isla. ¿Consecuencias? Cuba está sumida en una verdadera crisis energética y turística.

En primer lugar, la capacidad de generación eléctrica es muy inferior a la demanda nacional, lo que obliga a programar apagones largos y frecuentes que afectan a más de la mitad del país. La dependencia representa entre el 45% y el 50% del petróleo crudo y hasta el 97% de energías fósiles, como diésel y combustibles residuales. Así, lo energético resulta devastador para lo turístico, que en Cuba representa entre el 60% y el 80% del PIB, dependiendo de cómo se mida. Por ejemplo, Cuba ha agotado prácticamente su jet fuel (combustible de aviación), lo que ha forzado la suspensión de vuelos de aerolíneas internacionales por petición de los propios cubanos, que reconocen la inviabilidad en la prestación del servicio aeroportuario.

La estrategia de la administración Trump con respecto a los gobiernos autoritarios de América Latina se resume en su desmantelamiento desde lo interno. Los halcones republicanos, liderados por Rubio, han entendido que el empleo de la fuerza debe servir como punto de inflexión para el debilitamiento institucional —o lo que quede de él—; en ningún caso para mantener tropas en tierra que impliquen una ocupación militar. En otras palabras, buscan que los cambios se produzcan como consecuencia de la presión social y la falta de recursos que los sostienen. Así, la estrategia apunta a consolidar procesos de transición que permitan una estabilidad en el mediano y largo plazo.

Fuertes rumores aseguran que el tecnócrata Óscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino-nieto de Fidel y de Raúl Castro y actual viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, se encuentra en conversaciones con la Casa Blanca para una posible transición hacia la democracia en Cuba. ¿Ventajas sobre su perfil? Apenas cuenta con 54 años y es un cuadro discreto dentro del aparato. Los meses venideros confirmarán el rumor. Mientras tanto, queda claro que Trump y Rubio ya decidieron que debe ponerse punto final a una «revolución» calamitosa que le ha hecho un daño inconmensurable a los cubanos por casi siete décadas.

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