Vía La Nacion
La propia incapacidad chavista, tan evidente desde las 6.04 pm del Día de San Juan, ha facilitado que Estados Unidos pueda capitalizar la tragedia para reforzar su posición en el país criollo después de la captura del dictador Nicolás Maduro el 3 de enero. “La administración Trump está únicamente centrada en continuar avanzando en nuestros esfuerzos en respuesta a los devastadores terremotos”, aseguró un vocero del Departamento de Estado. El propio Marco Rubio está convencido de que no es el momento adecuado.
Estas son las claves para entender por qué la Casa Blanca obstaculiza de forma sorprendente el regreso de María Corina Machado a su país, aunque la líder democrática piensa todo lo contrario: “En un momento de ausencia total del estado, mi presencia estabiliza”, aseguró a un grupo de periodistas.
Distintas versiones se han publicado estos días sobre los dos intentos fallidos para regresar a Caracas. La realidad es que durante el primero, en el que María Corina intentaba llegar desde Virginia, Estados Unidos, a Curazao, no fue la compañía aérea la que ordenó a su piloto regresar a su base cuando ya volaban desde una hora antes. Fue un funcionario del gobierno de Estados Unidos quien presionó a la aerolínea para que el avión regresara, como así fue, a su puerto de salida, según confirmaron fuentes políticas a este diario.
Venezolanos, sobre mi regreso a Venezuela: pic.twitter.com/UhSCsM3ovi
— María Corina Machado (@MariaCorinaYA) June 29, 2026
La medida marca el grado de suspicacia que Washington tiene al regreso de Machado a un país donde no sólo se vive un duelo nacional provocado por la tragedia. El grado de conmoción sólo es equiparable con la indignación ante lo que consideran una gestión muy deficiente del chavismo 3.0.
La encuesta llevada a cabo por AtlasIntel para Bloomberg así lo confirma: la desaprobación contra los hermanos Rodríguez por su gestión desde el doble terremoto ha crecido más de 20 puntos desde febrero, situándose en un 65,4%. La aprobación de Delcy estaría en un 24%, que no obstante supera en un punto a sus fuerzas armadas, las otras grandes señaladas tras la tragedia.
Muy por encima se sitúa Machado, que ha consolidado una imagen positiva en el 53% de los encuestados. Fuentes consultadas por este diario dan por hecho que la Nobel de la Paz no se va a conformar con los dos intentos fallidos (el segundo fue desde Panamá) y que va a buscar “todas las opciones posibles para entrar cuanto antes”. La pulseada con Washington no ha acabado y el equipo opositor busca vías de acuerdo para tener vía libre hacia Venezuela.
La líder opositora cuenta sobre el terreno con un enorme capital humano, incluidos los 600.000 voluntarios que trabajaron durante las elecciones para preservar el voto y dar a conocer al país y al mundo la paliza electoral que el diplomático Edmundo González Urrutia infligió a Maduro. De hecho, en lo que fuera su comando de campaña ya funciona un centro de acopio, dirigido por su mano derecha en Vente Venezuela, el antiguo preso político Henry Alviárez.
En Caracas, el gobierno revolucionario quiso aprovechar la pulseada entre Washington y su gran enemiga para fortalecer a la pequeña de los Rodríguez con una rueda de prensa internacional, pero el tiro salió por la culata. Las evidencias mostradas por los reporteros dieron más coraje a la jefa del gobierno de facto, que acudió a las manoseadas “matrices mediáticas generadas en laboratorio” para explicar el cúmulo de errores y desidia.
La presidenta encargada del gobierno de facto intentó convencer, sin éxito, de que el gobierno respondió con emergencia y prontitud a los dos terremotos. Que los protocolos se activaron y que los organismos del Estado, incluidos los militares, salieron al rescate del pueblo venezolano. Miles de testimonios, recogidos por los ciudadanos y trasladados a las redes sociales, demuestran todo lo contrario.
Para empezar, nadie en la sociedad venezolana cree la cifra de víctimas a cuentagotas que el gobierno aporta cada día. La última ha ascendido hasta 2645 muertos y 12.666 heridos, pero los cálculos de forenses y los mensajes que intercambian las fuerzas de Seguridad del Estado las eleven al menos hasta 10.000.


