La Guaira llevaba ocho días escuchando golpes bajo una montaña de hormigón cuando los equipos internacionales de rescate lograron establecer contacto con Hernán Gil, un vigilante de 43 años atrapado bajo los restos del edificio donde trabajaba. Durante tres días, un centenar de especialistas excavó centímetro a centímetro hasta conseguir sacarlo con vida. Su rescate se convirtió en el símbolo de la esperanza en medio de la peor catástrofe natural que ha sufrido Venezuela en décadas.
Por: Ofer Laszewicki – Artículo 14
Pero mientras la historia de Hernán recorría el mundo, la tragedia de los desaparecidos iba en aumento. Sin cifras oficiales fiables, hay fuentes que apuntan a más de 50.000 desaparecidos, pero podrían ser muchos más. Ante el descontrol en la gestión de la tragedia por parte del estado, voluntarios crearon la página web “Desaparecidos Terremoto Venezuela”, donde se ha establecido un mecanismo para identificar y reportar casos de desaparecidos bajo los escombros.
Las familias buscan nombres en redes sociales, grupos de WhatsApp y otras plataformas ciudadanas creadas tras el terremoto, donde miles de personas intentan averiguar si sus familiares fueron rescatados, trasladados a hospitales o permanecen enterrados. Algunas bases de datos colaborativas llegaron a registrar decenas de miles de personas cuya situación seguía siendo desconocida durante los primeros días de la emergencia.
Para la abogada y defensora de derechos humanos Martha Tineo, cofundadora de la ONG Justicia, Encuentro y Perdón (defensora de los derechos de los presos políticos), el verdadero drama comienza precisamente por la ausencia de información. “Venezuela es un país que se quedó sin censos hace ya más de una década. Decir esto es decir que no hay información oficial de nada en Venezuela, de un censo poblacional, del presupuesto de la nación, aquí no hay cifras oficiales de absolutamente nada”, precisa.
Según explica, la falta de estadísticas oficiales no responde únicamente a la ineficiencia administrativa. “Eso tiene que ver no solamente con esa ineficiencia, sino también con esa política basada en la opacidad que de alguna manera encubre la denominada gran corrupción”, prosigue. La consecuencia es que incluso una emergencia de esta magnitud resulta imposible de calcular con precisión.
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