Los terremotos de junio de 2026 desplomaron edificios que debían mantenerse en pie el tiempo suficiente para proteger la vida de sus ocupantes. Muchas de las respuestas permanecen entre los escombros. Otras quedaron documentadas mucho antes de que se excavaran los cimientos: la selección del terreno, los estudios geológicos y geotécnicos, el diseño estructural, la especificación de los materiales, la contratación de las obras, la ejecución de la construcción, las inspecciones técnicas y la certificación que autorizó a miles de familias a ocupar esas viviendas.
Por: Ramón Hernández – El Nacional
Cada edificio colapsado dejó un expediente técnico. Estudios, planos, contratos, inspecciones y permisos identifican a quienes participaron en la selección del terreno, el diseño, la construcción, la supervisión y la certificación de la obra. Los responsables de las muertes del terremoto no desaparecen con la demolición de las ruinas.
Las decisiones que precedieron al colapso dejaron una firma y un sello. Cada estudio identifica a quien lo elaboró. Cada plano lleva la firma de quien lo proyectó. Cada permiso incorpora el nombre, el cargo, la firma y el sello de la autoridad que autorizó su emisión. Cada acta de inspección identifica al funcionario responsable de verificar el cumplimiento de las especificaciones técnicas. El estudio del terreno orienta el diseño estructural; el diseño determina los materiales; los planos orientan la construcción; las inspecciones verifican que la obra se ejecute conforme al proyecto. Los estudios de suelo establecen cómo responderá ese terreno cuando sea sometido a un terremoto.
El complejo habitacional Hugo Chávez fue construido sobre terrenos de la Meseta de Machado, incorporados durante décadas a los planes de expansión del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar y clasificados por el Plan de Ordenación Urbanística del antiguo estado Vargas —hoy estado La Guaira— como un sector sujeto a condiciones geológicas y de uso del suelo específicas. El diseño estructural traduce esa información en columnas, vigas, fundaciones y conexiones capaces de absorber las fuerzas sísmicas previstas. Los materiales deben corresponder a las especificaciones del proyecto. La construcción debe respetar los planos. Las inspecciones deben verificar que nada de eso cambie durante la ejecución. Finalmente, la certificación de la obra representa la afirmación técnica de que el edificio puede ser habitado con un nivel de seguridad compatible con las normas vigentes.
La contratación constituye otro paso inseparable de ese proceso. Detrás de cada urbanismo existen contratos, empresas, proyectistas, calculistas, laboratorios, inspectores, supervisores, organismos públicos y alcaldías que autorizaron la construcción y otorgaron los permisos de habitabilidad. El complejo habitacional Hugo Chávez de Playa Grande fue ejecutado por la empresa turca Summa bajo la modalidad de diseño y construcción llave en mano. En ese esquema, el contratista asume el diseño, la ingeniería y la ejecución de la obra bajo un mismo contrato. La propia empresa identifica como cliente al Ministerio del Poder Popular para la Vivienda y Hábitat.
Un estudio de suelo deficiente no puede corregirse con más acero. Un buen diseño no compensa materiales inadecuados. Una estructura correctamente calculada puede fracasar si durante la construcción se modifican elementos esenciales del proyecto. El permiso de construcción autoriza la ejecución de un proyecto previamente examinado conforme a las normas urbanísticas y técnicas aplicables. El permiso de habitabilidad certifica que la obra puede ser ocupada porque reúne las condiciones exigidas para proteger la vida y la seguridad de sus ocupantes. Esa certificación descansa sobre una cadena de decisiones que debe conservar su integridad desde el estudio del terreno hasta la entrega de las llaves.
Cuando un edificio se desploma durante un terremoto, esa cadena deja de presumirse correcta y los ingenieros deben determinar cómo ocurrió el colapso. Tendrán que establecer si el terreno fue correctamente evaluado, si el diseño correspondía a las condiciones del sitio, si los materiales cumplían las especificaciones, si la obra respetó los planos y si las inspecciones detectaron o pasaron por alto desviaciones durante la construcción. Cada edificio exige una investigación propia.
Un arquitecto que participó en la construcción de soluciones de la Gran Misión Vivienda afirma que la presión por entregar los inmuebles imponía plazos incompatibles con los tiempos de edificación, que las inspecciones estaban a cargo de personas sin formación técnica y que, durante las obras en las que trabajó, omitieron controles básicos sobre el concreto, como el ensayo del cono de Abrams o la elaboración de cilindros para verificar su resistencia a compresión. El concreto, el acero, los elementos de conexión, los cerramientos y los componentes utilizados en cada edificio no pueden evaluarse únicamente por su costo o disponibilidad. Deben examinarse por su desempeño frente a las cargas para las que fueron especificados y, cuando corresponda, por su comportamiento frente al fuego.
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