La líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, aprovechó su participación el lunes en el Foro Estratégico de Bled, en Eslovenia, para dejar un mensaje inequívoco: la transición política de Venezuela debe culminar con elecciones libres y transparentes, y esto debe ocurrir lo antes posible.
Las declaraciones de Machado fueron sus primeros comentarios públicos desde que el presidente Donald Trump anunciara el viernes un nuevo y amplio acuerdo petrolero con Venezuela que otorga a los intereses estadounidenses el control mayoritario sobre más de 65 mil millones de barriles de reservas de petróleo venezolanas.
Sin embargo, Machado no abordó directamente el controvertido acuerdo en su discurso en Bled.
En cambio, se centró en la condición política que, según ha defendido durante mucho tiempo, debe preceder a la reconstrucción económica de Venezuela: el restablecimiento de la democracia mediante elecciones legítimas.
«Para que la democracia se restablezca plenamente en Venezuela, deben celebrarse elecciones libres y transparentes lo antes posible», dijo Machado, argumentando que solo el respeto al pueblo garantizará la paz y la estabilidad.
Este énfasis es significativo porque el acuerdo petrolero de la administración Trump ha suscitado de inmediato dudas sobre si los intereses económicos de Washington podrían avanzar más rápido que la transición política prometida por Venezuela.
Machado ya había defendido anteriormente la apertura de los enormes recursos petroleros y gasísticos de Venezuela a la inversión internacional, y sus declaraciones en Bled volvieron a presentar a una futura Venezuela democrática como una potencial potencia energética y de inversión.
Dijo que, tras unas elecciones libres, Venezuela necesitaría una inversión internacional masiva para reconstruir la sanidad, la electricidad, las infraestructuras, la educación, la tecnología, el transporte y las industrias del petróleo y el gas.
También describió a Venezuela como un país con potencial para convertirse en un importante proveedor de energía para el hemisferio occidental y en un socio estratégico para Europa.
Pero el orden de los acontecimientos en su presentación fue notable: primero las elecciones, después la reconstrucción.
Trump anunció el acuerdo entre Estados Unidos y Venezuela el 28 de agosto, describiéndolo como el «mayor acuerdo petrolero de la historia». Según el acuerdo, tal como lo describieron la administración y funcionarios venezolanos, una empresa controlada por Estados Unidos tendría acceso a 17 yacimientos petrolíferos venezolanos que contienen aproximadamente 65 mil millones de barriles de reservas probadas.
El plan prevé una inversión de más de 100.000 millones de dólares y potencialmente más de 200.000 millones de dólares en ingresos fiscales para Venezuela.
El acuerdo busca reactivar la devastada industria petrolera venezolana y, al mismo tiempo, otorgar a Estados Unidos un mayor acceso al crudo venezolano. Trump también ha afirmado que el aumento de la producción venezolana podría, a la larga, contribuir a la baja de los precios de la gasolina en Estados Unidos y a la reposición de la Reserva Estratégica de Petróleo.
Sin embargo, quedan por resolver detalles importantes. El texto completo del acuerdo no se ha hecho público, y los expertos han cuestionado su fundamento jurídico, la ausencia de licitación competitiva y la viabilidad de invertir las enormes sumas necesarias para desarrollar el crudo pesado de Venezuela.
Esa incertidumbre ha generado críticas desde ambos lados del espectro político estadounidense.
Los demócratas han argumentado que el acuerdo demuestra que el petróleo, y no la democracia, fue el objetivo subyacente de la intervención estadounidense en Venezuela. El senador Tim Kaine, demócrata por Virginia, lo calificó de «corrupción a gran escala», mientras que el senador Chris Van Hollen, demócrata por Maryland, acusó a Trump de poner en riesgo a militares estadounidenses para obtener petróleo venezolano para intereses privados.
También ha habido escepticismo por parte de la derecha política.
La representante republicana de Florida, María Elvira Salazar, criticó inicialmente el acuerdo, advirtiendo que un pacto con el gobierno interino de Venezuela podría expirar cuando Trump deje el cargo.
Esa tensión —entre un acuerdo económico inmediato y la promesa aún incumplida de elecciones democráticas— también quedó patente en los comentarios del senador Ted Cruz, republicano de Texas.
Cruz, un destacado republicano partidario de la política de la administración Trump hacia Venezuela, defendió el acuerdo petrolero al tiempo que insistía en que no puede sustituir a las elecciones.
En su aparición el domingo en el programa «Meet the Press» de la cadena NBC, Cruz afirmó que «es necesario que haya elecciones democráticas y libres en Venezuela». Añadió que las elecciones deberían celebrarse a más tardar a mediados del próximo año.


