Miles de personas han salido a las calles del Reino Unido para exigir justicia por el asesinato de Henry Nowak, el joven de 18 años apuñalado mortalmente en Southampton, en unas protestas que también han servido para denunciar lo que numerosos manifestantes consideran un nuevo caso de racismo anti-blanco ignorado por las autoridades. La difusión de las imágenes que muestran cómo la Policía esposó a la víctima mientras agonizaba ha multiplicado la indignación y ha convertido el caso en uno de los mayores escándalos recientes del país.
Las movilizaciones comenzaron frente a la comisaría de Southampton y reunieron a cientos de personas antes de desplazarse hacia la zona de Portswood, donde reside la familia de Vickrum Digwa, el hombre de 23 años condenado esta semana a cadena perpetua por el crimen. Durante la noche se produjeron enfrentamientos con la Policía que se saldaron con dos detenidos y varios agentes heridos.
La ira ciudadana no se dirige sólo contra el asesino. Buena parte de las críticas se centran en la actuación policial durante los minutos posteriores al ataque. Según se conoció durante el juicio, Digwa aseguró falsamente a los agentes que había sido víctima de un ataque racista. Los policías aceptaron inicialmente esa versión y procedieron a detener a Henry Nowak, que acababa de ser apuñalado y repetía que necesitaba ayuda.
Las grabaciones de las cámaras corporales difundidas esta semana muestran al joven esposado mientras insiste una y otra vez en que ha sido atacado. Las imágenes han provocado una oleada de indignación en todo el país y han alimentado las acusaciones de que las autoridades actuaron condicionadas por prejuicios ideológicos que llevaron a considerar sospechosa a la víctima y creíble al agresor.
La repercusión del caso ha llegado hasta el Gobierno británico. El primer ministro, Keir Starmer, ha reconocido públicamente que la Policía tiene «preguntas serias que responder» después de la publicación de los vídeos. En paralelo, la Oficina Independiente de Conducta Policial mantiene abierta una investigación sobre la actuación de los agentes aquella noche.
Entre los manifestantes se ha extendido la percepción de que el caso de Henry Nowak refleja un problema más profundo dentro de determinadas instituciones británicas. Muchos consideran que la rápida aceptación de la denuncia falsa del agresor y el trato recibido por la víctima evidencian una doble vara de medir cuando las víctimas son británicos blancos.
Mientras las autoridades piden calma y condenan los disturbios, la presión social continúa creciendo. Para miles de ciudadanos, el caso ya no gira sólo en torno al asesinato de un joven estudiante, sino también alrededor de una pregunta que resuena cada vez con más fuerza en Reino Unido: cómo fue posible que la víctima terminara esposada mientras su asesino lograba convencer a la Policía de que él era el perjudicado.


