En un despliegue sin precedentes de realismo mágico corporativo, la Cumbre Internacional de Petróleo y Gas de Venezuela (VIOGS 2026) logró lo que meses de diapositivas no pudieron: explicar el verdadero estado de la industria local en solo tres segundos. Dos cortes de luz consecutivos dejaron completamente a oscuras el salón principal del Hotel JW Marriott, transformando el pomposo foro del «renacimiento petrolero» en una romántica cena a la luz de los teléfonos inteligentes de unos 650 ejecutivos de 250 compañías que pagaron 2.950 dólares por entrada.
El evento, cuyo lema oficial era «Venezuela’s Renaissance», aplicó la técnica de la «inmersión total». Justo cuando los ponentes intentaban venderle al mundo el regreso triunfal del crudo venezolano, el universo —o la Corporación Eléctrica Nacional— decidió ofrecer una demostración práctica de la infraestructura local a gigantes como Chevron, BP, ExxonMobil, TotalEnergies y Hunt Oil.
El fantasma de la cumbre y el que llegó con la billetera
Mientras los asistentes internacionales intentaban descifrar sus notas usando la pantalla de sus relojes inteligentes, la gran conversación en la penumbra giró en torno a una silla vacía. NABEP, la empresa clave del acuerdo petrolero con Estados Unidos —que controla 17 campos y casi el 20% de las reservas del país en lo que Donald Trump llamó «el acuerdo petrolero más grande de la historia»— decidió que el mejor perfil es el que no se ve. Entre susurros en la oscuridad, los ejecutivos comentaban que su dueño, Alejandro Betancourt, prefiere mantener el «bajo perfil» mientras lidia con las molestas investigaciones de la justicia en Suiza y España.
Quien no tuvo miedo de figurar —e iluminar el ambiente con el brillo del dinero— fue GeoPark. La operadora colombiana llegó pisando fuerte con un plan a 25 años que promete meterle 7.000 millones de dólares al bloque Bare. Su ambiciosa meta es perforar mil pozos para saltar de 28.000 a 85.000 barriles diarios, asumiendo, por supuesto, que encuentren la manera de encender los taladros.
Sostenibilidad a oscuras
Representantes de las transnacionales, habituados al aburrido brillo de las salas de conferencias del primer mundo, elogiaron la audaz estrategia de mercadeo del comité organizador.
«Fue una experiencia multisensorial», comentó un inversionista europeo. «En Europa pasamos horas discutiendo la transición hacia energías limpias. Aquí, Venezuela nos demostró que ya dominan el Decrecimiento Absoluto: cero emisiones, cero vatios, cero luz. Es el futuro de la sostenibilidad».
Incluso las plantas eléctricas de respaldo del Marriott decidieron sumarse a la temática de la cumbre, declarándose en huelga de brazos caídos durante los minutos más críticos del foro.
La frase de la penumbra
El incidente sirvió para ilustrar perfectamente el mayor dilema de las jornadas celebradas entre el 28 y 30 de septiembre. La frase del día, pronunciada con cruda honestidad bajo las sombras, la puso la delegación de Repsol: «Recuperar la producción sin recuperar el sistema eléctrico nos va a llevar al fracaso». Una verdad tan brillante que no necesitó electricidad para encandilar a la audiencia.
Al cierre de la jornada, los organizadores calificaron la cumbre como un «éxito rotundo», destacando que la falta de iluminación impidió que los asistentes extranjeros vieran los gráficos de producción real, lo que sin duda acelerará la firma de nuevos contratos comerciales bajo la mesa.


