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Patas cortas y larga nariz de madera: Recordamos a la Delcy antiimperialista que negaba altaneramente la migración masiva de venezolanos

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En un ejercicio magistral de negacionismo que hoy resulta casi entrañable por su audacia, la entonces vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez negaba rotundamente la existencia de cualquier éxodo masivo de venezolanos por allá en el año 2018, según reseñaba El Pitazo.

MFM

Tras reunirse con representantes del ACNUR, la funcionaria aseguraba con total convicción que Venezuela disfrutaba de uno de los flujos migratorios más bajos de la región y que, nada menos, ocupaba el honroso segundo puesto como receptor de inmigrantes en Sudamérica, solo por detrás de Argentina.

«Venezuela tiene un flujo migratorio que como vimos es uno de los más bajos de la región, el segundo más bajo de Suramérica», decía Rodríguez.

Con una sonrisa y cifras selectivas de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en mano —algunas de ellas convenientemente de años anteriores—, Rodríguez explicaba que Venezuela seguía recibiendo un “flujo importante” de colombianos (más de 100.000 en el último año, según sus datos) y que la mayoría de los venezolanos que cruzaban a Colombia regresaban rápidamente. Las salidas, aclaró con naturalidad, se debían solo a “razones personales”.

Aseguraba que todas las acciones tomadas por varios países latinoamericanos ante la reciente llegada de miles de venezolanos constituían «un plan perverso y maquiavélico para atentar contra Venezuela y para justificar una intervención».

Las denuncias internacionales, por supuesto, no eran más que una “operación perversa” orquestada por Estados Unidos, el Grupo de Lima y la Unión Europea para justificar una intervención.

«Lo que se está demostrando es la falsedad, se está construyendo de forma artificial (…) una matriz para justificar la intervención de Venezuela y esa matriz se llama crisis humanitaria», dijo hace ocho años.

Aquellas palabras de 2018, pronunciadas con tanta seguridad, hoy suenan como un capítulo tragicómico de la crisis venezolana: cuando el gobierno no solo no veía la realidad, sino que se esforzaba por convencer al mundo de que la realidad no existía.

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