En España, como en el resto de la Europa que se ha abierto a las avalanchas de inmigrantes, muchos de los nuevos ciudadanos reproducen las mismas costumbres aberrantes que tenían en sus países. De ellas, el velo, el nicab y hasta el burka son las más llamativas, pero hay otras que no se ven y resultan estremecedoras: los matrimonios forzados, los crímenes de honor, los incestos, la ablación del clítoris y la poligamia. Desde hace siglos, están erradicas de nuestras naciones, en gran parte gracias al cristianismo.
Sin embargo, la capitulación ante la inmigración extraeuropea y el reemplazo poblacional lleva a la aceptación de las costumbres de los recién llegados y hasta a su legalización, aunque contradigan las constituciones y los códigos vigentes. Con la excusa de la integración (sobre todo de musulmanes), los poderes públicos, primero, no actúan («el velo sólo lo lleva un porcentaje ínfimo de mujeres») y, luego, cuando el grupo ya es enorme, lo convierten en norma, con la obligación para los nativos de respetarla y hasta de financiarla.
En un paso más en este proceso de fragmentación, un yemení refugiado en los Países Bajos ha mostrado su agradecimiento a la sociedad que le acogió tratando de imponerle la poligamia. Khaled Al-Anesi tiene tres esposas y ha solicitado que se permita a los hijos de la segunda y la tercera, residentes en Turquía, instalarse en Países Bajos. El Gobierno se lo negó con el argumento de que la poligamia (y sus efectos) están prohibidos en el país. Pero Khaled Al-Anesi, miembro de rama yemení de los Hermanos Musulmanes, considera que se vulnera su derecho a una vida familiar y llevó su queja al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Éste anunció hace unos meses que la admitió a tramitación. Es decir, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, objetivo de los globalitarios, se pronunciará sobre el encaje de la poligamia en Europa.
Lamentablemente, los Estados europeos, sobre todo los dirigidos por élites progresistas, van reconociendo poco a poco la poligamia, un proceso que, tanto por su carácter pausado como por su trascendencia, tiene similitudes con los que concluyeron con la legalización del aborto y la eutanasia.
En varios países con gran presencia de musulmanes, como España, Francia y Bélgica, se ha admitido la poligamia, por el momento en lo referido a la Seguridad Social. En los convenios que estos países firman con Marruecos, Túnez o Argelia se admite que la pensión de viudedad que genere un trabajador marroquí, argelino o tunecino se reparta entre las esposas que tenga, según la ley del país de origen.
En el convenio de Seguridad Social que el Reino de España firmó con Túnez en 2001, siendo presidente del Gobierno José María Aznar (PP), se establece en su artículo 24 que «en caso de que exista más de una viuda con derecho, la pensión de supervivencia se repartirá entre ellas a partes iguales». Pero en este país africano la poligamia está prohibida, por lo que esa regulación carece de sentido, aunque no se suprime.
En cambio, el matrimonio de un hombre con varias mujeres está permitido en Marruecos, sultanato que se presenta como el más pro-europeo de los países árabes y hasta disfruta de un acuerdo de asociación con la UE, en virtud del cual puede inundar Europa con sus productos agrícolas, en perjuicio de España.
En el convenido de 1979, promulgado por un Gobierno de Adolfo Suárez (Movimiento Nacional y UCD), el artículo 23 establece que «la pensión de viudedad causada por un trabajador marroquí será distribuida, en su caso, por partes iguales y definitivamente entre quienes resulten ser, conforme a la legislación marroquí, beneficiaria». O sea, que España transfiere el estatus matrimonial a Marruecos: el trabajador genera una pensión de viudedad y está se distribuye según las leyes marroquíes.
Sin embargo, en el convenio suscrito por el Gobierno de Pedro Sánchez (PSOE) con la república de Senegal, país africano de religión musulmana, y que entró en vigor en 2022, el Reino de España ya incluye en su legislación la poligamia de manera expresa.
El artículo 19, dedicado a la prestación de viudedad compartida, está redactado de la siguiente manera: «Si de conformidad con su estatuto personal, el asegurado tuviera, en el momento de su fallecimiento, varias esposas, la prestación de supervivencia, en su caso, se repartirá a partes iguales, entre las viudas que reúnan los requisitos previstos en la legislación española para causar derecho a la misma».
Desde hace varias décadas, los europeos sufren a políticos, jueces y activistas dispuestos a crear sociedades multiculturales. Porque «necesitamos» inmigrantes para pagar las pensiones y para que nos limpien las casas. Y uno de los agradecimientos con que hay que corresponderles es convertir Barcelona o Marsella en Marraquech o Dakar para que estén cómodos y no se enfaden.


