Las imágenes de edificios convertidos en montañas de concreto, familias enteras atrapadas bajo los escombros y barrios completos transformados en paisajes de devastación permanecerán durante décadas en la memoria de Venezuela. Los terremotos del 24 de junio no solo dejaron una emergencia humanitaria sin precedentes recientes, sino que abrieron un profundo debate científico sobre por qué La Guaira sufrió un nivel de destrucción muy superior al observado en otras regiones en las que también se sintieron los movimientos telúricos.
Por: Erika Hernández – El Nacional
Aunque el inicio de la ruptura sísmica fue localizado en el estado Yaracuy, la mayor liberación de energía terminó concentrándose frente a las costas del litoral central. Esa circunstancia, sumada a las condiciones geológicas del terreno, la vulnerabilidad de numerosas edificaciones y años de debilitamiento de la capacidad científica para estudiar el riesgo sísmico, conformó una combinación que los especialistas describen como excepcional.
«No fue un único factor. Fue la superposición de varios fenómenos que actuaron al mismo tiempo», explicó a El Nacional el geofísico Michael Schmitz, profesor de la Universidad Simón Bolívar y de la Universidad Central de Venezuela, quien durante décadas trabajó en la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis).
Para Schmitz, intentar explicar la tragedia solo por la magnitud del terremoto sería simplificar un fenómeno extraordinariamente complejo. «Yo diría, para hacerlo simple, que fue una sobreposición de tres fenómenos: un movimiento del suelo muy superior a lo estimado, la amplificación producida por determinados tipos de suelo y la vulnerabilidad de las edificaciones«, señaló.
Cada uno de esos elementos, afirmó, debe ser investigado con detalle antes de iniciar cualquier proceso de reconstrucción.
Una ruptura que recorrió cientos de kilómetros
Uno de los aspectos que más confundió durante las primeras horas posteriores al desastre fue la aparente contradicción entre el epicentro reportado inicialmente y la localización de los mayores daños. Mientras los primeros informes situaban el origen de los terremotos cerca de San Felipe y Yumare, la devastación se concentró principalmente en La Guaira.
Schmitz explicó que la respuesta está en la forma como evolucionó la ruptura tectónica. «Es un sismo que empezó en dos fallas», afirmó.
La ruptura comenzó sobre la falla de Boconó y, apenas unos 30 segundos después, continuó hacia la falla Morón, integrada al sistema de San Sebastián.
«Terminaron en un desplazamiento importante en la falla San Sebastián, entre uno y dos metros, prácticamente frente a las costas de La Guaira. Allí fue donde ocurrió la gran liberación de energía responsable de la destrucción», explicó.
Más que dos terremotos independientes, el especialista considera que ambos eventos terminaron funcionando como un único gran proceso tectónico. La ruptura se extendió aproximadamente a lo largo de 200 kilómetros mientras enormes bloques de la placa del Caribe se desplazaban respecto de la placa Suramericana. Ese movimiento ocurrió en menos de un minuto y en ese corto intervalo se liberó la energía acumulada durante siglos.

La actividad sísmica venezolana está dominada por tres grandes sistemas de fallas: la falla de Boconó, que atraviesa la región andina desde el estado Táchira hasta Lara; la falla de San Sebastián, que se extiende paralela al litoral central, y la falla El Pilar, que domina buena parte del oriente venezolano.
Se suman más de 30 fallas secundarias identificadas por investigaciones geológicas desarrolladas durante las últimas décadas. Todas forman parte de una amplia zona de deformación donde se concentra cerca de 80% de la población venezolana, lo que convierte al país en uno de los territorios con mayor exposición sísmica del norte de Suramérica.
Sin embargo, Schmitz insistió en que conocer la existencia de una falla no permite anticipar cuándo ocurrirá un terremoto. «Por supuesto que esto puede repetirse en el futuro. Lo que no sabemos es cuándo», afirmó.
¿Por qué La Guaira sufrió tanta destrucción?
El primer elemento que podría explicar el nivel de destrucción en La Guaira, según Schmitz, fue la extraordinaria intensidad del movimiento del terreno. «Fue una gran aceleración del suelo, probablemente superior a la considerada por la norma sísmica vigente», explicó.
A esto se suma un segundo fenómeno. En sectores como Caraballeda existen cuencas sedimentarias de hasta 400 metros de profundidad que funcionan como una caja de resonancia. Es decir, en lugar de disipar las ondas sísmicas, las amplifican. El edificio comienza a oscilar con mucha mayor intensidad y las fuerzas internas aumentan de forma considerable. Si además presenta debilidades estructurales, las probabilidades de colapso se incrementan.
«Esos 400 metros generan una amplificación de las ondas. La mayor amplificación ocurre justamente en frecuencias que coinciden con edificios de 10 o 15 pisos», explicó.
Schmitz señaló que algunos análisis previos realizados por investigadores venezolanos ya sugerían que sectores como Catia La Mar también podrían presentar espesores importantes de sedimentos.
No obstante, reconoce que aún falta información. «Desde hace ocho años estoy tratando de conseguir financiamiento para desarrollar un proyecto de microzonificación sísmica en La Guaira, pero no ha sido posible», lamentó al explicar que ese estudio habría permitido conocer con precisión cómo responde el terreno en cada sector del estado ante un terremoto de gran magnitud.
«Seguramente lo vamos a hacer ahora para que nos guíe en la reconstrucción», afirmó.
El tercer componente identificado por Schmitz apunta directamente hacia las construcciones. Advirtió que muchas edificaciones podrían haber sido levantadas bajo normas anteriores a la actualización realizada tras el terremoto de Caracas de 1967.
Otras, señaló, posiblemente no cumplieron íntegramente los requisitos establecidos por la normativa sismorresistente. «Pueden existir construcciones que no siguieron a cabalidad la normativa sísmica o donde no hubo una buena inspección durante la ejecución de las obras», indicó.
Incluso planteó la posibilidad de que algunos desarrollos habitacionales no hayan mantenido el nivel técnico requerido durante su construcción.
Aunque insiste en que será necesario efectuar investigaciones edificio por edificio antes de establecer responsabilidades, considera indispensable estudiar por qué estructuras contiguas tuvieron comportamientos distintos frente al mismo terremoto.
«Hay que entender qué hizo que un edificio colapsara y el que estaba al lado permaneciera en pie», precisó.
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