El joven mototaxista Lindomar Amaro (27 años), quien se suicidó en la cárcel de Tocorón, estado Aragua, estuvo al menos 15 días en una celda de castigo.
En este lugar presuntamente torturan a los detenidos, según las denuncias que ha recibido el Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clippve).
La muerte de Amaro encendió de nuevo las alarmas sobre el trato que reciben las personas que permanecen tras las rejas por pensar diferente y el daño psicológico que les está causando este encierro.
La situación ha sido denunciada por organizaciones de derechos humanos y familiares de los arrestados; sin embargo, las autoridades han hecho caso omiso.
Lindomar Amaro se ahorcó en su celda el 3 de mayo. Este joven fue detenido en el contexto postelectoral por funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en el estado Cojedes.
Sus familiares aseguran que anteriormente había atentado contra su vida, pero no recibió ningún tipo de ayuda.
Jhoandri Joel Silva, un compañero de presidio de Amaro, también intentó suicidarse en el mismo hecho.
Este joven, de 26 años, acababa de recibir el alta hospitalaria «tras una crisis nerviosa provocada por el encierro, el maltrato y la angustia por su hija menor», aseguró el Clippve.
Ambos jóvenes estuvieron recluidos al menos 15 días en las llamadas celdas de castigo o “el tigrito”, utilizadas por custodios del penal para aplicar tortura psicológica y tratos crueles. La denuncia del Clippve revela que eran amenazados con frases como «se van a pudrir en prisión pagando«.
“Reiteradamente se ha denunciado el sufrimiento extremo de los jóvenes detenidos tras el 28J, muchos en Tocorón, sometidos a condiciones inhumanas, tortura, intentos de suicidio, crisis nerviosas e incomunicación”, señaló el Clippve.
Según esta organización “todo ello responde a un patrón que busca quebrar su resistencia y silenciar a sus familiares mediante miedo y represalia”.


