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Preso, torturado y separado de su hijo, también detenido: Víctimas del régimen siguen denunciando con inmaculada convicción

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Ser preso político en Venezuela es de por sí una tragedia. Pero cuando esa experiencia la compartes con un familiar, el drama es aún más doloroso. Es la historia de Alexander Fernández y su hijo Santiago, ambos detenidos el 30 de julio en Naguanagua, durante las protestas postelectorales. Más triste aún es el hecho de que ninguno estaba protestando. El primero salió a ver qué ocurría en la calle y el segundo a buscar a su padre cuando le perdieron la pista.

Por: Carolina González – El Carabobeño

Alexander Fernández, abogado de profesión y ex fiscal tributario en la Alcaldía de Naguanagua hasta la gestión de Alejandro Feo La Cruz, había llegado al país unos días antes. Migrante por obligación, salió en busca de un mejor futuro para él y los suyos. Regresó temporalmente para estar con su familia y votar o, al menos, esa era su intención.

El calvario de Alexander Fernández

Pero esa temporalidad se extendió hasta hoy y de ese tiempo, casi seis meses los pasó entre la sede de la Policía Nacional Bolivariana, en la vía a Los Guayos, y en los dos penales del Internado Judicial Carabobo, en Tocuyito: Hombre Nuevo Libertador y el Sistema de Especialidades para la Gestión Penitenciaria y Máxima Autoridad, el temible Sesma Carabobo, «acondicionado» para albergar a cientos de detenidos durante las protestas postelectorales.

Él mismo cuenta su historia: «Llegué al país el 24 de julio y el 28 fui a votar. También participé en el resguardo de las actas electorales y en la noche me retiré a mi casa. El lunes no salí, pero el martes quise dar una vuelta para ver cómo estaba la situación en la calle». Ese día lo detuvieron.

Salió a la avenida Universidad y, cerca de El Carabobeño, unos funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana lo detuvieron, lo bajaron de su moto, y lo trasladaron al conscripto. Asegura que fue por presiones de unos colectivos que lo reconocieron por los 17 años que trabajó en la Alcaldía de Naguanagua, a la cual renunció porque no quería trabajar con el oficialismo.

El encuentro con su hijo en el Fuerte Paramacay

Cuando pudo hacer una llamada, le pidió a su esposa que no le permitiera a su hijo, Santiago, salir a la calle. Pero ya era tarde, una hora después ambos coincidieron en el Fuerte Paramacay, sede de la 41 Brigada Blindada. El joven había salido a buscarlo y cuando se enteró de que estaba detenido, la frustración lo llevó a las calles.

Fernández supo que su hijo fue golpeado por un militar y varios colectivos en el baño del fuerte. La impotencia nunca lo abandonó.

A él lo trasladaron a la sede de la Policía Nacional Bolivariana, en la vía a Los Guayos, y a su hijo también, pero allí nunca se vieron. Luego lo llevaron a Hombre Nuevo Libertador y al joven a la policía de Naguanagua.

Lo primero que recuerda de la cárcel «nueva» de Tocuyito fue la pésima comida que les sirvieron: les pidieron que estiraran la mano y les pusieron una arepa, que cree que era de Mercal por lo dura que estaba. Sobre ella, con un cucharón, echaron un poco de «agua de carne molida», que Alexander no comió porque pensaba que pronto saldría de allí. «Creí que ese trauma acabaría pronto».

No fue así. Al día siguiente, fuertemente escoltados, «como si fuéramos delincuentes», los llevaron al Sesma, donde vivió terribles experiencias. No solo escuchó los gritos de hombres a los que torturaban. El también fue maltratado por custodios empeñados en hacerles creer que pasarían tras las rejas, al menos, 30 años.

Lea la nota completa siguiendo este enlace a El Carabobeño

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