El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu confirmó el martes la muerte de Ali Larijani y afirmó que Israel está “debilitando al régimen iraní” para darle al pueblo iraní la oportunidad de derrocarlo, horas después de que su gobierno anunciara que abatió al jefe del aparato de seguridad iraní y al comandante de los Basij en ataques aéreos nocturnos.
“Esta mañana eliminamos a Ali Larijani, el jefe de la Guardia Revolucionaria, la banda de mafiosos que de hecho controla Irán”, dijo Netanyahu en un video difundido por su oficina. “Junto con él eliminamos también al comandante de los Basij, sus secuaces, que siembran el terror en las calles de Teherán y otras ciudades iraníes contra la propia población.”
El primer ministro describió los ataques como parte de una estrategia más amplia. “Estamos debilitando a este régimen con la esperanza de darle al pueblo iraní la oportunidad de derrocarlo. No sucederá de inmediato ni será fácil. Pero si perseveramos, les daremos la oportunidad de tomar las riendas de su destino.”
Quién era el brutal represor
Durante décadas, Ali Larijani fue el hombre de las mil facetas en la República Islámica: el oficial de los Guardias de la Revolución que vestía camisas Ralph Lauren perfectamente planchadas, el diplomático que negociaba acuerdos nucleares con Occidente y el académico que escribía tratados sobre Immanuel Kant mientras dirigía el aparato de propaganda del régimen.
Esa trayectoria, marcada por una inusual mezcla de erudición filosófica y pragmatismo implacable, habría terminado abruptamente el martes. Israel anunció la muerte de Larijani, de 67 años, en un ataque aéreo sobre Teherán que también se cobró la vida de Gholamreza Soleimani, comandante de la fuerza paramilitar Basij.
De confirmarse su muerte, Irán perdería al estratega que dirigía la seguridad nacional tras el vacío dejado por Khamenei. Desaparecería también una figura inusual en el régimen: el académico que buscó en la filosofía occidental las bases para sostener la teocracia.
Larijani ascendió a la cúspide del poder en un momento de crisis existencial para el régimen. Tras la muerte de Alí Khamenei en un ataque israelí al comienzo de la guerra, asumió el cargo de secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, convirtiéndose en el hombre más poderoso del país en materia de política exterior y defensa.
En su rol final, Larijani dirigió la respuesta militar a las protestas de enero, un operativo que resultó en la muerte de miles de civiles. Como señala un extenso perfil del diario israelí Haaretz, Larijani fue el arquitecto detrás de la brutal represión. Bajo su mando, la maquinaria de seguridad del Estado aplastó el descontento con una “eficiencia despiadada”, dejando un saldo de víctimas que organismos internacionales estiman entre 7.000 y 36.500 muertos.
Esta actuación le valió sanciones personales por parte de Estados Unidos, un castigo casi irónico para un hombre que en su juventud académica se sumergió en las ideas occidentales de libertad y razón.
El profesor Lior Sternfeld, experto en Irán de la Universidad Penn State, resumió su figura en declaraciones a Haaretz: “No es el primero en la historia que fue un hombre de letras y se convirtió en un opresor brutal. Es un ideólogo profundo, e hizo algo asesino en nombre de la ideología.”
Larijani nació en 1957 en Najaf, Iraq, en el seno de una familia que ha sido descrita por Haaretz como el equivalente iraní de los Kennedy. Su padre fue un clérigo de alto rango cercano al fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruhollah Khomeini.
Sus hermanos ocuparon posiciones clave durante décadas: uno encabezó el poder judicial durante diez años; otro fue asesor de política exterior de Khaamenei; un tercero fue viceministro de Salud. Larijani se casó con la hija del discípulo más cercano de Khomeini.
“Se puede ver la huella de la familia en el sistema legal, en la política, en las ciencias”, dijo a Haaretz el profesor Mehrzad Boroujerdi, experto en Irán de la Universidad de Ciencias y Tecnología de Missouri.
Educado en la prestigiosa Universidad Tecnológica de Sharif, Larijani se graduó en matemáticas e informática antes de dar un giro hacia la filosofía. Obtuvo un doctorado en filosofía occidental con una tesis sobre la filosofía matemática de Kant. Publicó al menos seis libros de filosofía y dictó clases en la Universidad de Teherán.
Según Haaretz, Larijani era un pensador brillante que utilizaba las herramientas de la filosofía occidental para defender las premisas de su visión religiosa extrema. Para él, no había contradicción entre la ciencia y la fe; simplemente eran “verdades en dominios distintos”. Esa construcción intelectual le sirvió para un propósito político concreto: justificar la coexistencia de universidades laicas y seminarios religiosos dentro del Estado iraní.


