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Rusia y China comienzan sus maniobras militares conjuntas

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La guerra en Ucrania ha acelerado la subordinación de Moscú a Pekín. Rusia se puede convertir en una colonia de China. El Kremlin es el socio menor en una relación desigual e interesada entre dos autocracias. La alianza entre Vladimir Putin y Xi Jinping pretende cambiar el orden mundial.

Por: El Mundo

Estos chispazos lanzados por muchos analistas, políticos y militares occidentales llevan apuntando a la misma dirección desde que Rusia decidió atacar Ucrania. Aunque los pronósticos fallidos van casi a la par que los aciertos. Pekín no ha brindado apoyo militar a Moscú como pregonaban desde Washington. Tampoco se ha convertido en un paraguas que cubra a toda Rusia frente a la lluvia de sanciones porque pretende mantener sus fuertes vínculos comerciales con Europa y no romper definitivamente su turbulenta relación con Estados Unidos.

Lo que China sí que ha hecho es dar un apoyo tácito a la narrativa rusa de que toda la culpa de lo que ocurre en Ucrania es de Washington y del avance de la OTAN en Europa del Este. La alineación entre Pekín y Moscú es más sólida que antes de la guerra. Ambos países comparten percepciones de amenazas similares y su cooperación en seguridad va hacia delante, como se puede ver esta semana con nuevas maniobras militares conjuntas de ambos ejércitos.

Este jueves comenzaron los ejercicios Vostok 2022, que se ejecutarán en varios lugares del Lejano Oriente de Rusia y en el Mar de Japón hasta el próximo 7 de septiembre. Desde Moscú pretenden usar estas maniobras para sacar músculo militar y que el mundo vea que tienen efectivos de sobra capaces de participar en ejercicios masivos dentro de casa mientras sus tropas continúan atacando a Ucrania.

Aunque la realidad es que estos ejercicios se lanzan en una escala mucho menor que cuando se realizaron por última vez en 2018. Entonces, 300.000 efectivos -de Rusia, China y Mongolia- estuvieron involucrados. El Ministerio de Defensa ruso anunció que habrá más 50.000 soldados y 5.000 unidades de armas, incluidos 140 aviones y 60 buques de guerra, que participarán en unas simulaciones supervisadas por el jefe del Estado Mayor de Rusia, el general Valery Gerasimov.

El otro objetivo del Kremlin siendo el anfitrión de los nuevos juegos de guerra es que el mundo vea que Rusia no está tan aislada como a Occidente le gustaría. Además de China, a las maniobras en suelo ruso también han acudido tropas de Azerbaiyán, Argelia, Armenia, Bielorrusia, India, Kazajistán, Kirguistán, Laos, Nicaragua, Siria y Tayikistán.

Una docena de países que se han opuesto desde el principio a las sanciones occidentales contra Moscú. Particular es el caso de India. El otro gigante asiático mantiene sus alianzas con Estados Unidos y su enfrentamiento con China a la vez que sigue sin condenar el ataque ruso a Ucrania. Eso en el terreno diplomático, porque en lo económico Nueva Delhi se está hinchando a comprar petróleo ruso con descuento, socavando los esfuerzos de Occidente para agotar las arcas de guerra de Putin mediante la reducción de las importaciones.

Pese a los equilibrios de India en la guerra en Ucrania, su participación en los ejercicios militares de Rusia ha sorprendido a muchos. «A Estados Unidos le preocupa que cualquier país haga ejercicio con Rusia mientras Rusia libra una guerra brutal y no provocada contra Ucrania», ha dicho el martes la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre. Washington reconoce que le «inquieta» que soldados de India entrenen con los de Rusia. Más esperado es la participación de militares chinos.

«Nuestra participación en estas maniobras tiene como objetivo profundizar la cooperación pragmática y amistosa entre las fuerzas armadas de los países participantes, mejorar el nivel de cooperación estratégica y la capacidad de responder conjuntamente a diversas amenazas a la seguridad», ha manifestado hace unos días un portavoz del Ministerio de Defensa de China, el coronel Tan Kefei.

Los líderes chinos elogian a menudo la «resiliencia» de las relaciones bilaterales con Moscú. Siguen apostando por la «coordinación estratégica sin límites» que Xi Jinping acordó con Putin el pasado 4 de febrero, en la apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín.

En los últimos años, soldados chinos y rusos han participado de la mano en varios simulacros de guerra. El pasado verano, en territorio chino, 10.000 soldados de ambos países ya realizaron un ejercicio militar conjunto a gran escala. Poco después, ejecutaron su primera patrulla marítima en aguas del Pacífico. Rusia tiene planeado realizar nuevos ejercicios militares con China alrededor de las Islas Kuriles, archipiélago bajo dominio ruso, pero que Japón reclama una soberanía que perdió después de la Segunda Guerra Mundial.

En Tokio no hace ninguna gracia que rusos y chinos vayan a realizar maniobras cerca de sus costas. Tras la invasión rusa de Ucrania y los últimos simulacros de guerra chinos alrededor de Taiwan, el Gobierno de Japón está revirtiendo su tradicional constitución pacifista de posguerra, por la que solo podía usar su ejército para la autodefensa. «China continúa amenazando con usar la fuerza para cambiar unilateralmente el statu quo y está profundizando su alianza con Rusia», ha dicho el Ministerio de Defensa.

Además de aumentar el presupuesto militar, los líderes nipones debaten la posibilidad de desplegar 1.000 misiles de crucero de largo alcance para impulsar su capacidad de contraataque contra China. Tokio también está aumentando su cooperación militar con Europa y EEUU, con quien, asiduamente, comparte ejercicios de vuelo conjuntos sobre el Mar de Japón.

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