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“Se llevaron a Maduro, pero todo sigue igual. Incluso peor”: Venezuela y su transición frustrada

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Así como ese pellizco que demuestra que no estamos soñando, la segunda audiencia de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el pasado 26 de marzo en la corte federal de Nueva York, constató que el heredero de Hugo Chávez —quien gobernó Venezuela con mano dura y chequera blanda durante 13 años— pasó de la presidencia al presidio. En una escena impensable hasta las primeras 72 horas del 2026, el mandatario depuesto enfrenta ahora un juicio por narcotráfico, terrorismo y tráfico de armas tras ser capturado en una operación militar de Estados Unidos.

Por: Lisseth Boon – Wired

A casi tres meses de ese histórico 3 de enero, los venezolanos estuvieron pegados a las pantallas para no perderse ni un segundo de la segunda comparecencia de la pareja presidencial y poder atisbar a Maduro en el banquillo de los acusados. Aunque no hubo fotografías ni videos en la sala que registraran sus palabras o gestos, bastaron los testimonios orales de quienes madrugaron para acceder a la corte y ser testigos del momento excepcional.

La reciente audiencia judicial evidenció que sí ha ocurrido un cambio en Venezuela, aunque no el que los venezolanos esperaban. El entusiasmo posterior al 3 de enero se ha ido desinflando con el paso de las semanas al darse de bruces con los números en rojo de la economía y los artífices de la dictadura que siguen en el poder. El régimen chavista se mantiene con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, bajo el tutelaje de Estados Unidos; un aparato represivo que no se termina de desmantelar y una economía que no logra arrancar pese a la promesa de inversiones petroleras masivas que hizo el presidente estadounidense, Donald Trump, para que Venezuela volviera a ser una nación “rica y segura”, en la tónica del Make Venezuela Great Again.

Para algunos venezolanos, la esperanza de una transición democrática sigue respirando aunque de forma entrecortada. Para otros, ya no existe. “Se llevaron a Maduro, sí, pero todo sigue igual. Diría que hasta peor”, me dijo Pablo A., un biólogo y padre de familia que fue despedido de una institución pública por negarse a votar por Maduro y que desde hace un año se gana la vida vendiendo quesos blancos a domicilio. Desde enero, Pablo ha visto cómo se han reducido las ventas y la mercancía “se le queda fría”, intentando mantener el paso en una carrera desesperada contra la inflación.

Según el Banco Central de Venezuela, en el primer bimestre de 2026 la inflación acumulada en Venezuela alcanzó 51.94% mientras que la anualizada (calculada entre febrero de 2025 y febrero de 2026) superó el 600%, lo que la mantiene como la inflación más alta del mundo y con el mayor incremento de precios de toda Latinoamérica. Aunque hay que decir que la publicación de estas cifras representa un avance, dado que no se publicaban reportes oficiales desde noviembre de 2024, siguiendo la política de opacidad administrativa que había caracterizado al chavismo.

El cierre de pequeños negocios en Caracas ha sido una tendencia marcada durante los primeros 100 días del interinato de Rodríguez. Francisco P., un comerciante de 60 años, no tuvo más remedio que bajar la reja de su tienda familiar, fundada por su padre cinco décadas atrás, cuando llegó a Venezuela desde Portugal como inmigrante. “La gente no está comprando y los impuestos municipales me tienen ahogado. Prefiero cerrar a ver si mejoran las cosas”, me dijo.

Mientras tanto, en las zonas populares, a medida que se va desvaneciendo la imagen de Maduro, también desaparecen algunos programas sociales como las bolsas de alimentos subsidiados conocidas como Clap. Zenaida V., quien ganaba 30 dólares por jornada como trabajadora del hogar en casas particulares, sin ningún otro tipo de beneficio, le extraña que desde febrero no hayan llegado las bolsas de comida a su barrio pese a que ya las pagaron.

Los venezolanos recibieron con escepticismo el aumento salarial “responsable” para el primero de mayo que anunció Rodríguez el 8 de abril. Desde 2022, el salario mínimo en Venezuela se ubica en 130 bolívares, lo que equivale a menos de un dólar al mes, aunque con bonificaciones extra, puede redondearse en unos 130 dólares mensuales que igual no alcanzan para cubrir la canasta básica alimentaria, valorada en 600 dólares.

Lea la nota completa siguiendo este enlace a Wired

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