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¡Tan bella! Delcy le fregó el día a los caraqueños clavando unas tarimas en el medio de la Francisco Fajardo, colapsando toda la capital para un show fútil

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Otra vez. Mientras miles de caraqueños intentaban llegar a sus trabajos, citas médicas, diligencias o simplemente regresar a casa, la Autopista Francisco Fajardo amaneció convertida en un estacionamiento gigante.

MFM

La razón: el montaje de tarimas y el cierre de tramos para el acto de cierre de la “Gran Peregrinación por una Venezuela sin sanciones”, convocado por Delcy Rodríguez.

Desde la madrugada, equipos del oficialismo ocuparon espacio en la vía a la altura del Jardín Botánico y zonas aledañas a Plaza Venezuela y El Recreo. El resultado fue predecible y ya conocido por los habitantes de la capital: colapso total en sentido este-oeste, desvíos forzados que saturaron la Cota Mil, Francisco de Miranda, Valle-Coche y otras arterias principales.

Conductores reportaron horas varados.

“Le dañaron el día a muchísima gente”, resumió un usuario en redes. Muchos tenían compromisos impostergables y terminaron perdiendo tiempo, combustible y paciencia en un trancón monumental que no fue causado por un accidente ni por lluvia, sino por una decisión política: priorizar un acto proselitista sobre la movilidad diaria de la ciudad.

El evento forma parte del cierre de la peregrinación de 13 días impuesto por Delcy Rodríguez para exigir el levantamiento de las sanciones. Sin embargo, para los caraqueños que no participan en ese show jaleti, el saldo fue uno solo: otra jornada perdida en la ya complicada rutina de sobrevivir en una capital donde hasta trasladarse se ha convertido en un ejercicio de resistencia.

No es la primera vez. El oficialismo, único actor con poder para cerrar vías, vive repitiendo el mismo guion: anuncian movilizaciones con poca o ninguna antelación efectiva y la ciudad paga las consecuencias.

Hoy, nuevamente, la Fajardo —que muchos se niegan a llamar por su nombre impuesto— fue el escenario del sabotaje cotidiano contra la gente común.

Mientras en la tarima se jalará bolas a los nuevos jefes del norte, en las calles adyacentes queda la evidencia clara: para el poder, la molestia de cientos de miles de caraqueños parece un daño colateral aceptable.

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