El mandatario Nicolás Maduro busca su segunda reelección con la autocrítica como estrategia de campaña. El gobernante no ofrece grandes propuestas; lejos de eso, apela a la «revisión» de su gestión y la de su gabinete, a intimidar a la ciudadanía con la hipótesis de que si la oposición llega al poder acabará con las misiones sociales, y a recrudecer la persecución y la criminalización contra la disidencia.
Por: Roison Figuera – Tal Cual
Maduro suma a su oferta la promesa de que «lo que viene para Venezuela son tiempos de milagros, de crecimiento, prosperidad paz y unión», siempre y cuando la llamada “revolución” se mantenga en el poder. Insiste en ser un «presidente fuerte» que enfrenta a opciones «sin energía» y se pinta, además, como el único capaz de vencer los ataques gestados desde el «imperialismo».
El abanderado por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no desaprovecha la temporada de campaña y saca a relucir la imagen de Hugo Chávez. Desde el primer día pidió a la ciudadanía votar por él en las elecciones para regalarle una «victoria» al difunto expresidente, quien en vida cumpliera ese día 70 años, desde entonces en cada alocución repite el emplazamiento.
Aunque en sus alocuciones dice saber lo que hay que hacer para sacar al país de la emergencia humanitaria compleja que se instaló en su propia administración, no dice cómo lo hará. Expertos consultados por TalCual coinciden en que el discurso de autocrítica en el que hasta ahora Maduro ha basado su campaña busca ocultar su falta de propuestas a la ciudadanía de cara a un eventual nuevo período constitucional en caso de ganar los comicios.
Esconder la nada
El sociólogo Damián Alifa considera que no hay muchas innovaciones en la campaña de Maduro. Señala que hasta ahora la estrategia ha sido parecida a las ejecutadas en elecciones anteriores: presentarse como el candidato que garantiza paz y estabilidad y exponer un hipotético triunfo opositor como el inicio de una guerra civil o un período de violencia nacional.
Para el investigador, Maduro en estos comicios, como lo ha hecho antes, se presenta como un opositor a su propio gobierno al «hacer críticas, regañar a algún ministro o funcionario del Ejecutivo y hacer autocríticas públicas». A su juicio, el gobernante también ha apostado por hacer algunos golpes de efecto que generen controversia y agenda en la conversación pública, por solo poner dos ejemplos: “el tema de las «motopiruetas» y la creación del Ministerio del Adulto Mayor”.
«Lo natural es que un presidente que busque la reelección presente un balance de las obras hechas, de estadísticas macroeconómicas , de estadísticas sociales. Pero cuando eso no pasa, pues hay otras estrategias comunes en candidatos a la reelección, una de ellas es presentarse como autocrítico, incluso como alguien que está remando solo y que ha tenido que empujar a su entorno para que las cosas avancen. Esta idea es la que intenta posicionar Maduro», subraya Alifa.
Para el analista político una de las mayores innovaciones en este período de campaña han sido las apariciones públicas de Maduro junto a pastores evangélicos.
«En esta elección el inicio de la campaña ha sido una mera formalidad, pues ya lleva tiempo en marcha. Tal vez un cambio relevante ha sido la mejora en términos de actividades de calle, porque durante el período de ‘precampaña’ había estado bastante floja la movilización chavista, salvo algunas excepciones», agrega.
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