En una de las zonas más concurridas de la capital, frente a la avenida Bolívar, fueron retiradas las grandes imágenes de Hugo Chávez y Simón Bolívar que durante años dominaron el paisaje urbano. El espacio ahora exhibe el lema “Venezuela Renace”.
Estas figuras, de gran tamaño y ubicadas en un punto de alto tránsito, representaban uno de los ejemplos más visibles del culto a la personalidad impulsado por el chavismo. Durante más de dos décadas, el movimiento político elevó la figura de Hugo Chávez a un nivel casi mítico: su rostro aparecía en murales, edificios públicos, plazas y actos oficiales, frecuentemente asociado a Bolívar para reforzar una narrativa de continuidad histórica y legitimidad revolucionaria.
El culto no se limitó a la iconografía. Incluyó la repetición constante de consignas, la sacralización de sus discursos y la presencia omnipresente de su imagen en la vida cotidiana de los venezolanos. Críticos señalan que esta estrategia buscaba consolidar lealtades personales por encima de instituciones o programas de gobierno.
La desaparición de estos símbolos en un lugar tan emblemático genera distintas lecturas. Para algunos marca un intento de cerrar un ciclo político; para otros, evidencia el desgaste de un modelo que priorizó la figura del líder sobre otras formas de representación colectiva.
Estas imágenes de Hugo Chávez y Simón Bolívar eran quizás, las más simbólicas en Caracas, no solo por su tamaño, sino por estar en una zona tan concurrida y frente a la avenida más grande de la ciudad como lo es la Av. Bolívar pic.twitter.com/GOqOi1NnAM
— Robert Lobo (@RobertLobo_) August 25, 2026
El Bolívar impostor
En julio de 2012, el entonces presidente Hugo Chávez presentó públicamente una reconstrucción facial en 3D del rostro de Simón Bolívar, elaborada a partir de las tomografías del cráneo obtenidas durante la exhumación de sus restos en 2010. El trabajo, realizado por un equipo que incluyó al especialista francés Philippe Froesch del laboratorio Visual Forensic de Barcelona, fue mostrado como la “imagen real” y científica del Libertador. El gobierno lo describió con rasgos más mestizos o “amulatados”: piel morena, labios más prominentes y facciones robustas, en contraste con la iconografía tradicional.
Esta imagen generó fuertes críticas desde el momento de su presentación. Historiadores, antropólogos y opositores señalaron que no coincidía con los retratos contemporáneos más confiables (especialmente los de José Gil de Castro, que el propio Bolívar consideraba los más parecidos) ni con las descripciones de la época, que hablaban de un hombre de rasgos criollos-europeos, nariz larga y afilada, frente alta y complexión más delgada. Muchos interpretaron la reconstrucción como un intento deliberado de acercar simbólicamente a Bolívar a la figura de Chávez y reforzar la narrativa oficial de continuidad entre ambos.


