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Un Papa que calla ante la persecución de católicos

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La dictadura sandinista desaparece sacerdotes, mientras la situación en Nicaragua se recrudece día a día con un Papa Francisco quien hasta la fecha solo atinó a publicar un tweet.

Por: La Derecha Diario

Después de meses de persecución y de una situación que ha llamado la atención de la comunidad internacional, y luego de que decenas de organizaciones religiosas le exigieran a Francisco que dé la cara y se pronuncie en contra de la aberrante persecución política que sufren los cristianos y el clero en Nicaragua, el Papa rompió el silencio.

Sin embargo, Francisco no emitió un comunicado, ni una conferencia de prensa ni escribió una carta. Francisco emitió un pequeño y tímido tweet donde dice que sigue la “situación de Nicaragua” con dolor y preocupación. Pide, además, como ya es costumbre, “diálogo abierto y sincero“. Sus palabras muestran la intención de no ofender a nadie.

A pesar del mensaje, la comunidad católica sigue resentida. Duele la demora de Francisco a tocar el tema, duele la extraoficialidad con la que lo hizo, pero duele más lo que no dice. No habla de la persecución, no habla del martirio a sacerdotes, no dice nada.

La Iglesia Católica está viviendo, quizás, la peor crisis de los últimos cien años. Una crisis de carácter interno debido a la falta de reacción del liderazgo ante las persecuciones que viven los católicos no solo en Nicaragua, si no en África, en Medio Oriente y hasta en Europa, en manos de inmigrantes musulmanes que asaltan sin consecuencias a los creyentes de las demás religiones.

Pero sin duda la peor situación se vive en Nicaragua, una situación agravada después de la confirmación de la detención y desaparición del Padre Oscar Benavidez, un sacerdote anticomunista de la diócesis de Siuna a quien se le impidió dar la misa por sus opiniones políticas, y luego cayó en las manos de la policía del dictador Ortega.

Lo que más preocupa a los analistas de las internas del Vaticano es que todo esto tiene un trasfondo mucho peor: con el Papa Francisco a la cabeza, la Iglesia se encuentra dividida entre aquellos sacerdotes que son leales a Francisco, a la Agenda Globalista 2030 y a los líderes socialistas de turno; y entre aquellos sacerdotes que se mantienen fieles a un modelo tomista y tradicionalista que va en oposición al grupo que se encuentra en el poder.

Hoy, Nicaragua es la prueba clerical que permite analizar a todos los sacerdotes. Para determinar de qué lado de la grieta se encuentra cualquier miembro de la Igleisa, solo basta con revisar quienes se están haciendo eco de la persecución religiosa del régimen comunista dictatorial de Ortega y quienes prefieren hablar de otras cosas.

Por ejemplo tenemos al Mons. Oscar Ojea, Obispo de San Isidro y Presidente de la CEA, quien le escribió una escueta y deplorable carta al Cardenal S.E.R. Leopoldo Brenes, Primado de Nicaragua, quien vive una de las peores persecuciones jamás registradas de parte de la dictadura sandinista.

Carta escueta, donde Ojea dice “he tomado conocimiento de las dificultades en las cuales desempeñan su misión, particularmente la situación que se vive en la Diócesis de Matagalpa”. Ofrece cercanía, oraciones y nada más. Quienes no dicen nada tampoco son los sacerdotes Por la Opción de los Pobres, el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y demás agrupaciones de corte socialista.

Quizás Mons. Ojea no ha leído los periódicos y no sabe de la gravedad que viven los cristianos en Nicaragua. Situación que no se da por un desastre natural, sino porque un hombre, un dictador de izquierda, amigo de Castro, Maduro y el Foro de San Pablo, está persiguiendo a sacerdotes que no aceptan sus abusos de poder. Pero también cabe aclarar que esta situación no empezó ayer.

La abogada Martha Patricia Molina Montenegro es la autora del informe “Nicaragua: ¿una iglesia perseguida? (2018-2022)”, que recopila 190 ataques contra la Iglesia Católica en el país, perpetrados por turbas a fines al régimen, cuyo dictador siempre ha odiado a la Iglesia Católica y a la fe.

Los hechos de violencia comenzaron en 2018 cuando estallaron protestas por una serie de reformas al sistema de seguridad social, que se extendió por todo el país. La violenta represión del régimen sandinista dejó 355 muertos. Desde ese momento, la Iglesia tomó un rol fundamental en la denuncia ante los atropellos a los derechos de los ciudadanos, lo cual provocó una persecución indiscriminada en contra de obispos, sacerdotes, seminaristas, religiosos, grupos laicales y hacia todo lo que tenga relación directa o indirecta con la Iglesia católica.

“El lenguaje ofensivo y amenazante de la pareja presidencial contra la jerarquía católica se hicieron cada vez más evidentes y frecuentes; y las acciones de algunas instituciones públicas en contra del trabajo caritativo de la iglesia incrementaron”, señala la Dra. Molina Montenegro.

Para aquellos que no están familiarizados con el sistema interno de la Iglesia, es muy difícil que algo se le escape al Papa. Los Obispos rinden cuentas de todo lo que pasa en sus diócesis y, normalmente, cuando las cosas toman estado público, el Papa ya lo sabía desde hacía tiempo. Entonces, ¿por qué Francisco guardó silencio hasta ahora? ¿Por qué recién ahora llegan unas escuetas palabras en una red social, después de cuatro años de persecuciones? ¿Por qué Franscisco evita pronunciar las palabras que describen lo que realmente pasa en Nicaragua?

No basta con que Bergoglio mande a un sacerdote a publicar un calculado Tweet, ni que mande a un representante a la Organización de Estados Americanos a condenar estas acciones y a pedir el diálogo, hace falta que sea pastor de su pueblo y dé la cara.

Lo cierto es que sus defensores intentan compararlo con Pío XII, quien guardó silencio sobre las atrocidades del nazismo mientras montaba una amplia red oculta que le permitiría salvar a miles de niños judíos. Una comparación realmente ofensiva para la memoria de Pío XII, ya que no hay indicios de ningún tipo de ayuda a los creyentes en Nicaragua, y son los mismos sacerdotes centroamericanos que denuncian el silencio de Roma.

Francisco habla del diálogo como base para solucionar conflictos, diálogo que se ve imposibilitado cuando se encarcelan sacerdotes y obispos, se expulsa al nuncio y se refiere a los miembros de la Iglesia como “demonios con sotanas”.

Pero ante la sorpresa de muchos cristianos que parece que recién ahora descubren que Francisco no era lo que parecía, la duda es: ¿Francisco tuvo una enérgica defensa por los cristianos detenidos en Cuba por manifestarse en contra del Gobierno? ¿Y por los venezolanos? ¿Francisco apoyó a los católicos asesinados en África por los fundamentalistas musulmanes? Sus “enérgicos reclamos” parecen ser muy selectivos.

Mientras tanto, ante la mirada del mundo y la inacción del Papa, el comunista Ortega sigue arrestando sacerdotes, atentando contra Iglesias, cerrando organizaciones benéficas, expulsando a miembros del clero como lo hiciera con el nuncio y con las hermanas de la orden Misioneras de la Caridad.

En definitiva, este Vaticano ha dividido a los creyentes en dos grupos, aquellos de izquierda, defensores de la Agenda 2030, que tienen la facilidad de ignorar la persecución de sus pares, y tienen el respaldo del Papa; y aquellos malvados cristianos que son tradicionalistas, de derecha y que buscan la libertad de vivir y de ejercer su fe.

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