Venezuela necesita ayuda para luchar la buena batalla de la esperanza

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Después de 25 años de chavismo, el pueblo venezolano se aferra a la esperanza de un cambio. El presidente Nicolás Maduro no sólo está decidido a robar las elecciones del 28 de julio, sino que también pretende asesinar a la líder opositora María Corina Machado , utilizando el estilo cubano de un trágico accidente.

Por: Arturo McFields Yescas – The Hill

El régimen está en una nueva etapa. Ya no le ofrecen casas, ni electrodomésticos, ni dinero a la gente. Esos tiempos ya pasaron. Al gobierno se le están acabando las zanahorias. Ahora prometen baños de sangre, caos y guerra civil si Maduro pierde las elecciones.  

Se trata de un proceso electoral amañado y sin final feliz. Maduro ya ha descartado toda observación internacional creíble. La Unión Europea ha sido prohibida. El infame Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla son los únicos observadores en los que el tirano confía ciegamente. Caracas también ha invitado a una delegación relativamente pequeña del Centro Carter para salvar las apariencias. 

Maduro está desesperado por revivir su liderazgo y ha dado un espectáculo patético. Desde copiar, sin éxito, los spots de campaña de María Corina Machado, hasta quejarse de la falta de seguidores en sus mítines. “Esto es feo, muchas cámaras y muy poca gente”, dijo el tirano durante su visita al estado Táchira. 

La dictadura tiene miedo. Organizaciones de derechos humanos como Foro Penal han reportado la detención de más de 100 personas en el marco del proceso electoral . Hoteles y restaurantes fueron cerrados por el delito de ofrecer comida o alojamiento al líder opositor Edmundo González y a María Corina Machado. Nada de esto ha detenido la ola de esperanza de un cambio en Venezuela. 

“ Maduro sabe que ya ha sido derrotado ”, afirma con valentía María Corina Machado. Es una derrota espiritual y moral, en las calles y plazas públicas, entre los 8 millones de venezolanos exiliados que no tendrán una oportunidad real de votar y los millones que se aferran a su patria malherida. 

Nicolás Maduro, heredero del fallecido Hugo Chávez, sólo sirve para el crimen y el narcotráfico. La Fiscalía de Nueva York ha señalado las tropelías y maniobras de Nicolás “El Gallo Pinto” Maduro, para escalar posiciones y convertirse en uno de los máximos capos del “Cártel de los Soles”. Sobre la cabeza del tirano forajido pesa  una recompensa de 15 millones de dólares .

La dictadura de Maduro se aferra al poder gracias a un entorno antidemocrático regional. Países latinoamericanos fuertes e influyentes como México y Brasil son férreos defensores de la autocracia venezolana. El factor ideológico antiamericano los une, lo que hace muy difícil bloquear el camino del dictador. 

Un puñado de países valientes –Argentina, Costa Rica, República Dominicana, Panamá, Uruguay, Guatemala y Ecuador– han pedido elecciones libres en Venezuela. Colombia y Chile han cuestionado modestamente la brutalidad del chavismo y las dictaduras de Cuba y Nicaragua apoyan sin tapujos un nuevo fraude electoral. 

En este escenario regional, Maduro está flagrantemente dispuesto a robar, anular o posponer las elecciones. Jamás aceptaría la inminente derrota en las urnas. Fuera del poder, solo lo espera la Corte Penal Internacional, por crímenes de lesa humanidad, o la captura inmediata, por narcotráfico y crimen organizado. 

Maduro está preparando elecciones al estilo de Nicaragua . Detendría a toda la cúpula opositora, la subastaría o la cambiaría por menos sanciones. Como dijo el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva: “cambien la narrativa”. Nadie hablaría de elecciones. Se centrarían en la liberación de los presos políticos. 

Las elecciones en Venezuela no son un problema exclusivo de los venezolanos. El régimen es un aliado clave de las autocracias de Rusia, Irán y China . Los 8 millones de migrantes que el régimen ha enviado al exilio forzado así lo confirman. La gran mayoría de ellos son personas honestas y trabajadoras, pero también hay algunos delincuentes que ingresan a Estados Unidos sin ningún tipo de control. 

Un ejemplo de este desafío migratorio es el llamado Tren de Aragua . Según el gobierno de Estados Unidos, se trata de una organización criminal transnacional que comenzó como una pandilla carcelaria en la cárcel de Tocorón, en el estado de Aragua, en Venezuela. En los últimos seis años, el líder del Tren de Aragua, Niño Guerrero, ha expandido la red criminal del grupo por toda América del Sur y recientemente se ha extendido hacia el norte, a América Central y Estados Unidos.  

La situación en Venezuela es compleja y de difícil solución. En este peligroso campo minado, la única alternativa que queda es apoyar a la oposición y garantizar la integridad personal de sus dirigentes. Es urgente restablecer una alianza hemisférica a favor de la democracia en Venezuela tanto en las Naciones Unidas como en la Organización de los Estados Americanos. Es necesario mantener abiertos los canales de comunicación y revisar todas las alternativas y sanciones pertinentes para presionar al tirano y exigirle cuentas. 

Mientras el régimen comunista elige las herramientas para su próximo golpe electoral, el único antídoto para salvar a Venezuela sigue siendo mantener viva la llama de la esperanza. Luchar por el cambio democrático. Peleemos la buena batalla. Como dice María Corina: la lucha es hasta el final. 

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