Por primera vez en más de una década, más países empeoraron que mejoraron sus niveles de corrupción, según el último Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) publicado hoy por Transparencia Internacional, que muestra un preocupante deterioro en naciones como Rusia, Bielorrusia y Venezuela.
El informe anual, que evalúa los niveles percibidos de corrupción en el sector público en 180 países y territorios, revela que 47 países experimentaron un descenso significativo en sus puntuaciones desde 2012, mientras que solo 32 países mejoraron. La organización mide la percepción de la corrupción en el sector público según 13 fuentes de datos, entre ellas el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial y empresas privadas de riesgo y consultoría. Clasifica a 180 países y territorios en una escala que va de un 0 “muy corrupto” a un 100 “muy limpio”.
“La corrupción es una amenaza global en evolución que hace mucho más que socavar el desarrollo: es una causa clave del declive de la democracia, la inestabilidad y las violaciones de los derechos humanos”, advirtió François Valérian, presidente de Transparencia Internacional.
Los casos de Venezuela, Rusia y Bielorrusia
Venezuela se ubicó entre los tres países más corruptos del mundo, con una puntuación de apenas 10 sobre 100, solo por encima de Somalia (9) y Sudán del Sur (8).
Rusia, que ya había descendido significativamente en los últimos años, perdió otros cuatro puntos, hasta los 22, el año pasado. Transparencia Internacional señaló que la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Moscú en febrero de 2022 “ha afianzado aún más el autoritarismo”.
El caso de Rusia también ilustra cómo la corrupción sistémica puede tener graves consecuencias medioambientales. Según el informe, una auditoría encontró fuertes indicios de que millones de dólares fueron malversados de un proyecto financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y gestionado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que tenía como objetivo reducir emisiones mediante el fortalecimiento de estándares de eficiencia energética. El proyecto, que se ejecutó entre 2010 y 2017, “no cumplió ninguna de sus metas de reducción de emisiones”, señala el documento.
Bielorrusia obtuvo una puntuación de 33, reflejando el deterioro continuo de sus instituciones democráticas y el estado de derecho.
El informe destaca que los países con regímenes no democráticos tienen un promedio de puntuación de apenas 33, en comparación con 73 puntos para las democracias plenas.
“La comunidad internacional y cada nación deben hacer de la lucha contra la corrupción una prioridad máxima y a largo plazo”, enfatizó Valérian. “Esto es crucial para hacer retroceder el autoritarismo y asegurar un mundo pacífico, libre y sostenible”.


