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Venezuela y EEUU: una relación de odio amor que va del Niño Guerrero, al petróleo y el béisbol

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Por Omar Lugo en The Objective

Qué tienen en común estas cosas en un país bajo tutoría de EEUU, el nuevo mejor amigo del socialismo chavista

Desde hace algunos años ha sido fama en Venezuela que uno de los líderes criminales más sanguinarios y protegidos de cuantos medran en el país era el Niño Guerrero. Su nombre real era Héctor Rutherdorf Guerrero Flores y era el notorio jefe de la banda Tren de Aragua. 

El propio Donald Trump distrajo su atención de las marchas y contramarchas en su conflicto con Irán y las negociaciones de paz, que evitarían una escalada bélica de escala impredecible en el Oriente Próximo, para anunciar en la noche del viernes que el Niño Guerrero fue liquidado en un ataque aéreo por fuerzas militares de Estados Unidos.

Hasta presentó en sus redes sociales un video donde se nota una contundente explosión que pulveriza lo que parece ser una casa de una sola planta en algún lugar del mundo. «Bajo mi dirección, el Comando Sur de los Estados Unidos lanzó un ataque cinético rápido y letal para ejecutar con éxito a Niño Guerrero, el infame líder del Tren de Aragua, una de las organizaciones terroristas más sanguinarias del planeta Tierra», anunció Trump.

Agregó que el ataque fue «coordinado estrechamente con [sus] amigos en Venezuela, con quienes [están] trabajando muy bien», en referencia al tutelado Gobierno interino de Delcy Rodríguez, instaurado por Washington cuando las fuerzas especiales de EEUU incursionaron en Caracas para llevarse preso a Maduro, acusado también de ser presuntamente un peligroso narcotraficante.

En un comunicado oficial, el Gobierno de Delcy dijo que «en el marco de una operación combinada con organismos de seguridad de Venezuela y de los Estados Unidos, en el sureste del estado Bolívar, fueron desarticuladas estructuras de delincuencia organizada que operaban en la zona». Según la versión chavista, hubo enfrentamientos con los criminales y «resultó neutralizado Héctor Rutherdorf Guerrero Flores, alias Niño Guerrero, cabecilla de una organización criminal». Afirma que la operación contó con apoyo tecnológico especializado mediante mecanismos de cooperación e intercambio de información de inteligencia entre autoridades de ambos países.

Tren de Aragua a ninguna parte

El Tren de Aragua es una banda nacida en la cárcel venezolana de Tocorón, a unos 140 kilómetros de Caracas. Durante años fue público, notorio y comunicacional que Guerrero y sus lugartenientes controlaban no solo la cárcel a punta de fusiles y granadas, sino que tenían su propia discoteca, sembradíos de marihuana, pistas de motocross, zoológicos, tiendas y espacios para visitas familiares. Desde allí también dominaban el negocio de tráfico de armas, drogas, personas, robos, secuestros y extorsiones.

El régimen chavista permitió la atroz existencia de ese sistema, profusamente documentado en investigaciones periodísticas y en denuncias de algunas víctimas y  testimonios de los prisioneros de Tocorón. Cuando el 23 de septiembre de 2023 destinó una fuerza de 11.000 hombres para ocupar el penal sin disparar un tiro, Guerrero y sus secuaces ya habían escapado.

Según algunos testimonios, Guerrero trasladó su imperio a las infames minas del sur del país, donde hay yacimientos de oro entre los mayores del mundo que hoy atraen el interés de empresas e inversionistas de Estados Unidos. Hoy el supuesto interés oficial es desplazar a bandas criminales y guerrilleros que controlan la zona para abrir paso a una minería industrial y formal. De hecho, tras instancias de EEUU, el régimen de Delcy reformó la Ley de Minas para permitir la participación de capital privado en fases del negocio hasta ahora reservadas al Estado venezolano o a las bandas criminales.

La zaga del Tren de Aragua y su evolución desde una banda criminal local que actuaba bajo la vista gorda del chavismo, hasta convertirse en una transnacional del crimen con ramificaciones en EEUU, España, Chile, Colombia y Perú, entre otros destinos, no ha sido del todo explicada. 

Pero en la narrativa de Trump, su poder es comparable al de los más sanguinarios carteles mexicanos o colombianos. También ha vinculado a Maduro con Guerrero y con las operaciones de la red, algo que será sometido a juicio en un tribunal de Nueva York. Esas alegaciones fueron parte de la justificación de Trump para arrestar al autoritario heredero de Hugo Chávez en su propio búnker de una base militar de Caracas. Mientras tanto, la vida continúa por aquí y se estrecha la cooperación entre Trump y Delcy más allá del asesinato de criminales, convictos o presuntos.

También esta semana la Oficina de Control de Activos Extranjeros, la agencia del Departamento del Tesoro de EEUU que administra el régimen de sanciones contra el chavismo, modificó una serie de licencias con las cuales Washington también maneja la industria petrolera venezolana.

Con este mecanismo ha permitido a empresas transnacionales, desde Shell hasta Repsol, ENI, Chevron y Schlumberger (SLB), retomar o expandir sus inversiones en Venezuela con miras a perforar y sacar más petróleo del país con los mayores yacimientos de crudo pesado del mundo y las octavas reservas de gas natural. Varias otras firmas medianas y pequeñas están tramitando alianzas y pidiendo permiso a EEUU. Las licencias regulan las operaciones de compra y venta de hidrocarburos, incluyendo petroquímicos, diluyentes, fertilizantes, combustibles; también de servicios y equipos para la industria petrolera y la actividad minera.

Washington ratifica que, para permitir transacciones con el Gobierno de Venezuela, la estatal Petróleo de Venezuela (PDVSA) y la minera Minerven, se exigirá que «los términos del contrato se interpreten de conformidad con las leyes de un estado u otra jurisdicción dentro de los Estados Unidos». Además, exige que «los procedimientos de resolución de disputas relacionados con el contrato se lleven a cabo en los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia o Singapur».

Venezuela, chavismo, petróleo y béisbol 

Cuando la noche del 18 de marzo de 2026 la selección de béisbol profesional de Venezuela derrotó al equipo soñado de Estados Unidos en un dramático partido, Trump felicitó a los triunfadores con una sarcástica línea en sus redes sociales: «¡¡¡Estadidad!!! Presidente DJT». Ese extraño sustantivo es más bien usado en el castellano hablado en Puerto Rico para referirse a la pospuesta condición de «estado federal», en vez de la actual «Estado libre asociado».

Dos días antes, cuando la selección venezolana había derrotado a Italia en otra hazaña en el Clásico Mundial de Béisbol (WBC), que es como se llama esa suerte de Copa del Mundo de ese deporte ajeno a España, Trump había sido más contundente: «¡Vaya! Venezuela derrotó a Italia esta noche, 4-2, en la semifinal del WBC (¡Béisbol!). Se ven realmente geniales. ¡Últimamente, le están pasando cosas buenas a Venezuela! Me pregunto de qué se trata esta magia. ¿ESTADIDAD, #51, ALGUIEN?», soltó también en sus redes. El béisbol en Venezuela se juega desde finales del siglo XIX, y llegó a estas tierras junto con los primeros campamentos de ingenieros y técnicos de Estados Unidos que fundaron y después desarrollarían la industria petrolera en el siglo XX. 

Este deporte es hoy una suerte de religión de fuerte arrastre y un orgullo nacional… nada que ver con el fútbol, que fue traído por los curas españoles a los colegios privados a mediados del siglo XX. Y aunque poco a poco ha ido escalando entre el gran público, Venezuela es el único país suramericano que nunca ha ido a un Mundial. En algunos círculos sociales, el Real Madrid o el Barcelona tienen más entusiastas seguidores que la mayoría de los equipos de la modesta liga profesional local. 

Hoy, los frustrados venezolanos ven cómo en el Mundial de Fútbol 2026 hasta la vecina Curazao, una pequeña isla paraíso de submarinistas, y Haití, dominada por pandillas criminales, pasearon sus banderas en la inauguración del torneo mientras la fracasada Vinotinto (por la camisa granate) hizo todo lo posible para perder los partidos definitorios de la ronda de clasificación. En las leyendas, chistes y en el sarcasmo como el de Trump suele esconderse algo de verdad. 

También en los hechos, como los de esta semana, donde se ha ratificado que Venezuela perdió por completo su soberanía para el manejo de la siempre prometedora industria petrolera. Y ahora también depende de EEUU hasta para resolver problemas de delincuentes comunes como el Niño Guerrero, que tampoco es que haya sido un Bin Laden escondido en impenetrables cavernas de Afganistán.

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