Morfema Press

Es lo que es

DBuford

Por Isabel Fernández

Dijo que él no reacciona como la gente normal. Cuando un cohete explota, la mayoría de la gente en la sala se queda en silencio. Algunos lloran. Otros empiezan a calcular las pérdidas económicas.

Musk saca su teléfono y empieza a hacer llamadas. No llamadas emocionales. Llamadas técnicas. «¿Qué falló? ¿Cuándo podemos arreglarlo? ¿Cuándo es el próximo lanzamiento?». Su voz no cambia. Su rostro no cambia. El cohete que acaba de costar 60 millones de dólares ya es cosa del pasado. El siguiente es lo único que importa.

Dijo que fue lo más inquietante que jamás había presenciado. No porque fuera frío, sino porque realmente no le afectaba. El fallo no se percibía como un fallo, sino como datos. Un experimento que produjo resultados. Resultados que sirven de base para el siguiente experimento.

Por eso gana. No porque no fracase. Fracasa de forma más espectacular que nadie en la historia. Gana porque el fracaso no ocupa ningún espacio psicológico. Entra como datos y sale como acción.

La mayoría de la gente pierde no porque falle, sino porque pasa semanas procesando el fracaso antes de volver a actuar. Musk pierde cero segundos. El lapso entre el fracaso y el siguiente intento es una llamada telefónica.

@isafernan

El duodécimo vuelo de la última versión del gigantesco cohete Starship, fue celebrado por los empleados de SpaceX.

La última versión de Starship, el gigantesco cohete de SpaceX, cayó el viernes como estaba previsto en el océano Índico, durante un vuelo de prueba crucial para la empresa de Elon Musk, que prepara su salida a la Bolsa.

El vuelo, que duró unos 65 minutos, no estuvo exento de contratiempos, pero los empleados de SpaceX estallaron en júbilo cuando el cohete amerizó en el océano, lo que marcó el final del duodécimo vuelo del Starship. 

Starship despegó con éxito desde Texas poco después de las 17H30 hora local (22H30 GMT). Las dos partes del aparato se separaron correctamente, pero el propulsor no completó la combustión prevista, declaró el portavoz de la empresa, Dan Huot, durante la transmisión en directo del lanzamiento.

El propulsor cayó entonces rápida e incontroladamente en las aguas del golfo de México. Aunque la compañía no tenía planes de recuperarlo intacto, una maniobra espectacular que ya ha realizado en el pasado, sí contaba con hacerlo amerizar en un punto concreto.

Según las imágenes, la nave no se encontraba exactamente en la órbita correcta tras un fallo de uno de sus motores. Para compensarlo, había hecho funcionar sus otros cinco motores restantes un poco más de tiempo.

«Yo no lo llamaría una inserción orbital nominal», afirmó Huot, pero señaló que el cohete se encontraba en una trayectoria que estaba «dentro de los márgenes». 

Los empleados de SpaceX celebraron cuando la nave comenzó a desplegar un conjunto de satélites de prueba, así como dos «satélites Starlink especialmente modificados» equipados con cámaras para analizar el escudo térmico del artefacto. SpaceX tuvo que postergar este vuelo de prueba tras fallas el jueves.

Retos de SpaceX

La empresa de Musk lanzó el Starship por duodécima vez el viernes, siete meses después de su último lanzamiento. 

Con sus 124 metros de altura, el modelo actual es ligeramente más grande que el anterior y la compañía está empeñada en demostrar las mejoras introducidas, tras presentar esta semana la documentación para comenzar a cotizar en la Bolsa. La oferta pública inicial (OPI) se espera que sea en junio y que marque un récord. 

Hay mucho en juego con los avances de SpaceX: la empresa tiene un contrato con la NASA para producir una versión modificada de Starship que sirva para los programas lunares. 

La agencia espacial estadounidense prevé enviar astronautas a la Luna en 2028. Y quiere ganarle a China, la potencia que también aspira a enviar allí una misión tripulada antes de 2030. 

Pero, habida cuenta de los retrasos acumulados por el sector privado, el gobierno de Donald Trump teme cada vez más que Estados Unidos fracase en conseguir este objetivo primero.

El director de la agencia espacial estadounidense, Jared Isaacman, estaba presente en el sitio del lanzamiento el viernes. 

«Estamos deseando ver volar este cohete porque, con suerte, en algún momento no muy lejano nos uniremos en órbita terrestre», comentó en una rueda de prensa organizada por SpaceX antes del despegue.

Tanto SpaceX como su rival Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos que también compite por desarrollar un módulo de alunizaje, han reajustado sus estrategias para priorizar proyectos relacionados con misiones lunares. 

La NASA aspira a probar en 2027 un encuentro en órbita entre su nave espacial y uno o dos módulos lunares, y llevar a cabo un alunizaje tripulado antes de finales de 2028. 

Pero queda mucho por hacer antes de eso, y expertos del sector han expresado repetidamente su escepticismo de que SpaceX y Blue Origin puedan alcanzar los hitos a tiempo.

DW

Por Antonio De La Cruz

En Caracas, el poder ya no se proyecta con la confianza expansiva de otros tiempos. Hoy opera desde una lógica distinta: administrar tensiones, contener fracturas y evitar un colapso que podría alterar todo el equilibrio del sistema.

Lo que alguna vez fue un proyecto político sustentado en movilización ideológica y control narrativo, parece haberse transformado en una estructura defensiva cuya prioridad ya no es avanzar, sino sobrevivir.

En ese contexto emerge la figura de Delcy Rodríguez.
No como líder de renovación política ni como arquitecta de un nuevo consenso nacional, sino como administradora de una transición silenciosa que nadie se atreve a nombrar abiertamente. Su función parece ser preservar estabilidad, contener riesgos y evitar que las tensiones internas desemboquen en una ruptura incontrolable.

Pero la estabilidad que hoy sostiene al sistema venezolano es profundamente frágil.

Depende de una compleja red de actores militares, económicos, burocráticos e internacionales cuyos intereses no siempre coinciden. Y cuando los incentivos dejan de alinearse, aparecen las tensiones:

  • los actores armados priorizan supervivencia y control,
  • los inversionistas desconfían,
  • la economía se estanca,
  • y los aliados externos comienzan a recalcular costos y beneficios.

Mientras tanto, la legitimidad democrática permanece suspendida en un horizonte siempre prometido, pero nunca plenamente abierto.

El gobierno conserva piezas clave:
instituciones, recursos, canales internacionales y capacidad de control.

Pero su margen de maniobra es cada vez más estrecho.
No puede reprimir indiscriminadamente sin pagar costos externos.

No puede permitir el caos sin poner en riesgo su propia supervivencia.

Y tampoco puede abrir completamente el juego electoral sin asumir riesgos que quizá ya no pueda controlar.

En paralelo, la sociedad civil, los sindicatos, la Iglesia, sectores empresariales y distintos actores internacionales comienzan a moverse dentro de un tablero donde el equilibrio es cada vez más inestable.

La pregunta central ya no parece ser si existe una crisis.
La verdadera pregunta es:
¿Qué tipo de desenlace intentan evitar todos los actores al mismo tiempo?

Porque el riesgo no es únicamente la permanencia indefinida del modelo actual.

También existe el peligro de que el desorden termine fortaleciendo la lógica de control y congelando cualquier posibilidad de transición.

La estabilidad sin horizonte político se degrada con el tiempo.
Pero el caos tampoco garantiza cambio.
Entre ambos extremos emerge un espacio mucho más complejo:
una presión social organizada, persistente y estratégica, capaz de alterar los cálculos del poder sin destruir completamente el tablero.

Ese es el verdadero dilema venezolano en este momento histórico.

Vía The Objective

El Niño es un fenómeno climático recurrente con efectos en todo el planeta, con una fase fría (denominada La Niña), una neutra y una cálida (El Niño, propiamente). En la primavera boreal de 2026 estamos en una fase neutra, tras una Niña no muy pronunciada, pero los modelos de predicción a unos meses vista nos anuncian, con alta probabilidad, que a mediados de año entraremos en una fase Niño. Este Niño podría convertirse hacia finales de año en uno muy intenso. Se ha llegado a hablar, expresivamente, de un super-El Niño. Pero ¿qué efectos podría tener? ¿Se ha producido algún evento similar en el pasado?

Una corriente “anómala” en el Pacífico

A partir de la vivencia de los pescadores peruanos del siglo XIX se difundió la existencia de una corriente marina cálida “anómala” que, de vez en cuando, bañaba sus costas. La llamaban El Niño, por su llegada en fechas próximas a las de la Navidad.

Estas aguas cálidas procedentes del Pacífico ecuatorial sustituían de vez en cuando a las habituales aguas frías de las costas de Ecuador al sur de Guayaquil, Perú y el norte de Chile. Aguas normalmente con una temperatura bastante baja debido a la corriente fría de Humboldt, que, de sur a norte, recorre esta fachada sudamericana, y al afloramiento de aguas frías profundas.

Como ejemplo, Antofagasta (Chile), junto al Pacífico, y Río de Janeiro (Brasil), en el Atlántico, se sitúan prácticamente en el mismo paralelo, el trópico de Capricornio. Sin embargo, las temperaturas medias de sus aguas marinas son muy diferentes: unos 18 ºC en la ciudad chilena y 24 ºC en la carioca. Para aquellos pescadores peruanos, la llegada de la corriente cálida de El Niño suponía la desaparición de los peces más abundantes y apreciados; en particular, la anchoveta, que necesita aguas frías ricas en plancton.

¿Un fenómeno oceánico o atmosférico?

En la década de los años 20 del siglo pasado, Gilbert Walker, un físico y climatólogo británico, hizo un descubrimiento atmosférico sorprendente. Sin disponer de satélites artificiales, ordenadores, internet, etc., al analizar muchos datos de presión atmosférica, se dio cuenta de que cuando aumentaba en el Pacífico suramericano, disminuía en el norte de Australia e Indonesia, y al revés. Es decir, ambas regiones planetarias, separadas por miles de kilómetros, estaban “conectadas” en cuanto al comportamiento de la presión atmosférica. Eso es lo que hoy llamamos una teleconexión, una conexión a distancia.

Posteriormente, en honor a Walker, este fenómeno de “balanceo” coordinado de la presión atmosférica en el Pacifico sur se denominó Oscilación del Sur. Pero ¿qué tiene que ver El Niño, como corriente marina, con la Oscilación del Sur, un fenómeno atmosférico?

El Niño, además de producir un impacto negativo en la industria pesquera peruana, da lugar a precipitaciones, a veces torrenciales, en las tierras áridas peruanas y del norte de Chile. Precisamente, en esta región chilena se localiza el desierto más extremo del mundo en cuanto a ausencia de lluvia: el desierto de Atacama. En 1957-1958 ocurrió un Niño muy intenso, con precipitaciones torrenciales en Perú y otros países, y una grave sequía en la India y el sureste asiático, lo que impulsó la investigación sobre el fenómeno.

En la década de los 60, Jacob Bjerknes, de una familia de meteorólogos nórdicos, explicó que el calentamiento del Pacífico sudamericano por El Niño estaba vinculado a la Oscilación del Sur, relacionando así íntimamente el océano y la atmósfera. Cuando el anticiclón tropical del Pacífico sur, con su régimen de vientos alisios asociado, que circulan de Suramérica hacia Australia e Indonesia, se debilitan, las aguas del Pacífico ecuatorial se calientan y comienzan a desplazarse hacia Centroamérica. Allí se bifurcan, sobre todo hacia el sur, por la costa de parte de Ecuador, Perú y Chile: así se genera El Niño.

Bjerknes demostró que la atmósfera y el océano están acoplados, que lo que ocurre en una de las componentes del sistema climático tiene repercusión en la otra. Al juntar las denominaciones de la componente oceánica y la atmosférica surge la expresión El Niño-Oscilación del Sur (ENOS o ENSO, por sus siglas en inglés).

El episodio más grave del siglo XX

En 1982-83 se produjo El Niño más intenso del siglo XX, con episodios meteorológicos extremos en bastantes regiones del mundo. Entre ellos cabe citar inundaciones en los países del Pacífico americano citados y en el sur de Estados Unidos, sequías en el nordeste del Brasil y en Indonesia, y un invierno muy suave en las latitudes medias de Europa, Asia y Norteamérica.

A partir de ese momento se observó que, de vez en cuando, las temperaturas del Pacífico ecuatorial mostraban una anomalía negativa, es decir, eran más bajas de lo normal. Al tiempo, el anticiclón del Pacífico sur se reforzaba, junto con los vientos alisios. Tal situación era la opuesta a la de El Niño y se denominó La Niña.

En resumen, El Niño comporta aguas cálidas e inestabilidad y La Niña, más frías de lo normal y una estabilidad reforzada, en los países andinos citados. Se vio que conformaban en el tiempo ciclos recurrentes, pero sin periodicidad fija.

El último Niño intenso del siglo XX ocurrió en 1997-98, con graves inundaciones en California, lo que, por tratarse de una región estadounidense, tuvo de inmediato un gran eco en los medios de comunicación.

¿Qué podría comportar un El Niño muy intenso?

Un super-El Niño produciría sin duda, si no en 2026, sí en 2027, una temperatura media global elevada, unas décimas de grado adicionales a la temperatura que le correspondería en el momento actual de calentamiento global. También se darían precipitaciones abundantes en los países andinos citados, el área argentina del Mar del Plata, el este de África y parte del sur de Estados Unidos, y sequías graves en el sudeste asiático, parte de Australia y el nordeste de Brasil.

En la cuenca del Mediterráneo, la señal de El Niño o de La Niña es débil, por la singularidad geográfica de la región, pero, aun así, durante un El Niño muy intenso cabría esperar temperaturas más altas de lo normal y, quizá, una mayor probabilidad de episodios pluviométricos extremos.

En todo caso, lo que parecía una circunstancia exclusiva de las aguas donde faenaban los pescadores peruanos, hoy sabemos que es un fenómeno de acoplamiento de la atmósfera y el océano de alcance global, con repercusiones que pueden llegar a ser catastróficas en regiones alejadas de su origen.

Por Rosana Sosa

El 13 de mayo de 2026, el gobierno venezolano anunció el inicio de un proceso «integral y ordenado» de reestructuración de la deuda pública externa de la República y de Pdvsa. El comunicado fue breve y cargado de buenas intenciones. Lo que omitió pesa más que lo que declaró.

Venezuela arrastra impagos desde 2017. Sus pasivos totales —bonos en default, intereses vencidos, préstamos bilaterales, laudos arbitrales y reclamaciones judiciales— rondan entre 150.000 y 170.000 millones de dólares según estimaciones privadas citadas por Reuters, cifra equivalente a entre el 180 y el 200 por ciento del PIB nominal que el propio FMI proyecta para el país. El Banco Central dejó de publicar estadísticas completas sobre deuda externa en 2018. El FMI no ha realizado una consulta formal del Artículo IV con Venezuela desde 2004.

Frente a ese cuadro, el anuncio del 13 de mayo no es un punto de llegada. Es, con suerte, el reconocimiento tardío de una crisis que lleva una década sin solución. Y plantea, con urgencia renovada, una pregunta que los mercados prefieren esquivar: ¿puede Venezuela reestructurar una deuda de esa magnitud sin haber reconstruido antes el Estado que la generó?

La respuesta técnica es no. Y conviene decir por qué, con nombre y apellido.

Lo que el FMI realmente exige

Desde junio de 2022, el Fondo aplica el Sovereign Risk and Debt Sustainability Framework —SRDSF— como herramienta central para evaluar la sostenibilidad de deuda soberana en economías de mercado. El marco reemplazó al anterior DSA y su lógica es más exigente: una reestructuración no es una operación contable. Es un diagnóstico de viabilidad estatal.

El SRDSF trabaja en tres horizontes. En el corto plazo —uno a dos años—, un modelo logit de alerta temprana mide la probabilidad de un evento de estrés soberano cruzando variables como deuda sobre PIB, necesidades brutas de financiamiento, crecimiento real, saldo externo e indicadores de calidad institucional. En el mediano plazo —hasta cinco años—, el análisis combina un «debt fanchart» estocástico —que simula 10.000 trayectorias posibles de la deuda bajo distintos escenarios macroeconómicos— con un módulo de necesidades brutas de financiamiento que evalúa la liquidez y la capacidad real del país para refinanciarse. En el largo plazo, el marco incorpora análisis sobre demografía, recursos naturales, concentración de amortizaciones y vulnerabilidad climática.

El resultado es una calificación en tres zonas: sostenible con alta probabilidad, sostenible pero no con alta probabilidad, e insostenible. Solo la primera habilita el apoyo pleno del Fondo. Cuando la deuda es insostenible, el programa exige reestructuración como condición previa al desembolso.

Pero lo que separa al SRDSF de cualquier modelo financiero convencional es que el juicio institucional no es un apéndice del análisis: está en su núcleo. El índice de instituciones pondera explícitamente la calidad de gobernanza en el cálculo del riesgo a cinco años. Un país con instituciones débiles recibe una penalización automática en la proyección de deuda, al margen de sus cifras fiscales. La lógica es directa: sin instituciones que garanticen el cumplimiento del ajuste, las proyecciones de repago son aritmética sin soporte.

Los requisitos que Venezuela hoy no puede satisfacer

Aplicar el SRDSF al caso venezolano no es un ejercicio académico. Es una radiografía de lo que falta.

El primer requisito es la legitimidad soberana. Una reestructuración de deuda compromete al Estado —no a un gobierno— durante décadas. Sin autoridad reconocida como estable, cualquier acuerdo es impugnable por quien llegue después, invocando que fue pactado sin mandato suficiente. En el derecho internacional, la doctrina de la deuda odiosa nació precisamente de esa fragilidad.

El segundo requisito es el saneamiento real de las finanzas públicas. El FMI no evalúa solo la deuda acumulada: evalúa la capacidad futura de generar superávits primarios sin comprometer el gasto esencial. Eso exige una contabilidad pública completa que en Venezuela no existe: déficit fiscal real, gasto cuasifiscal del BCV, pasivos totales de Pdvsa, subsidios implícitos, deuda contingente, atrasos con proveedores, obligaciones bilaterales con China y Rusia, y la totalidad de los laudos arbitrales pendientes ante el CIADI y otros tribunales. Sin ese inventario, el análisis de sostenibilidad se construye sobre supuestos, no sobre datos.

El tercer requisito es la transparencia estadística. El SRDSF necesita cifras fiscales, monetarias, externas y sectoriales verificables para calibrar sus modelos. Venezuela no publica estadísticas auditadas de forma consistente desde antes de 2018. El FMI tiene registrada su última consulta formal del Artículo IV en 2004 —más de dos décadas de silencio institucional—. Sin datos verificables, la sostenibilidad no se calcula: se inventa.

El cuarto requisito es la capacidad de repago externo. Venezuela tiene que demostrar que puede generar divisas de manera sostenida. Eso pasa por la recuperación de Pdvsa bajo estándares modernos de gobernanza —la producción colapsó de más de tres millones de barriles diarios a menos de 800.000 en su punto más bajo—, por reservas internacionales verificables, por un tipo de cambio que no destruya los incentivos exportadores y por la normalización de relaciones financieras con el exterior. Sin esa base, la deuda externa es estructuralmente impagable, independientemente de cómo se renegocien los plazos.

El quinto requisito son las reformas estructurales. El repago no es un acto de voluntad: es la consecuencia de una economía que crece, produce y recauda. Eso requiere reforma fiscal que amplíe la base tributaria más allá del petróleo, autonomía real del Banco Central, apertura a la inversión privada con protección efectiva de derechos de propiedad, reconstrucción del sistema eléctrico, modernización del aparato estadístico y un marco jurídico que respete lo que firma. Sin reformas que soporten el escrutinio internacional, cualquier proyección de crecimiento incorporada al análisis es optimismo sin soporte.

El sexto requisito es la gobernanza institucional. El SRDSF penaliza la debilidad institucional directamente en su índice de riesgo terminal. Un Estado que no cumple contratos, que no ejecuta presupuestos transparentes y que no garantiza reglas previsibles no puede ofrecer garantías de repago creíbles. El riesgo país no desaparece con la reestructuración: migra al nuevo instrumento.

El séptimo requisito son las garantías de financiamiento. La guía del Fondo sobre «financing assurances» establece que, cuando la sostenibilidad no puede restaurarse de entrada, el FMI necesita garantías apropiadas de que el país está encaminado a completar la reestructuración y retornar a una senda viable. Eso supone coordinación real con todos los acreedores —bonistas privados, acreedores bilaterales, organismos multilaterales— y compromisos verificables de que no habrá financiamiento paralelo que distorsione el proceso.

El riesgo que pocos se atreven a nombrar

Hay una dimensión adicional que los análisis técnicos suelen pasar por alto por incómoda, pero que ningún acreedor serio puede ignorar: la opacidad en el origen mismo de buena parte de la deuda venezolana.

Durante más de dos décadas, Venezuela contrató deuda, emitió bonos y canalizó financiamiento sin escrutinio independiente. Parte de esas obligaciones se estructuró en condiciones que levantan sospechas razonables: operaciones con contrapartes en jurisdicciones opacas, préstamos pactados por encima de tasas de mercado sin justificación técnica visible, intercambios de deuda por recursos naturales cuyas condiciones nunca fueron divulgadas, y flujos financieros canalizados a través de estructuras diseñadas para dificultar su rastreo.

Reestructurar esa deuda sin auditarla primero no es solo un error metodológico. Es un riesgo de otra clase: el sistema financiero internacional podría terminar legalizando, bajo la forma de acuerdos soberanos renegociados, pasivos que en su origen sirvieron como vehículo para el blanqueo de capitales o la captura corrupta de recursos públicos. Las consecuencias son concretas. Los acreedores participantes quedan expuestos a riesgo regulatorio bajo normativas antilavado cada vez más exigentes. El Estado venezolano queda expuesto a que gobiernos futuros impugnen lo firmado, invocando la doctrina de deuda odiosa. Y la ciudadanía queda atrapada en el pago de obligaciones cuyo origen legítimo nadie tuvo el rigor de verificar.

No auditar no es una omisión técnica. Es una decisión política que hipoteca por décadas a quienes nunca tuvieron voz en esa mesa.

Lo que la historia enseña

En Grecia, un programa técnicamente prolijo colisionó con una sociedad al límite de su tolerancia y el acuerdo estuvo a punto de desintegrarse en referéndum. En Argentina, la discontinuidad institucional convirtió cada acuerdo alcanzado en el punto de partida para la próxima ruptura. En Sri Lanka, instituciones formalmente funcionales resultaron incapaces de sostener el ajuste cuando la presión política superó lo que la gente podía aguantar.

Venezuela enfrenta ese desafío en condiciones más adversas que cualquiera de esos tres. El deterioro no es coyuntural. Es estructural, acumulado y profundo. Una reestructuración que ignore eso no resuelve el problema. Lo traslada al siguiente instrumento, con intereses.

El FMI, que reanudó relaciones técnicas con Venezuela tras años de congelamiento institucional, no aparece todavía como actor plenamente incorporado al proceso anunciado el 13 de mayo. Esa ausencia habla más que cualquier comunicado oficial.

Las reformas no son el accesorio. Son la única garantía real.

Ningún acreedor que trabaje con rigor evaluará solo el valor presente de un bono venezolano. Evaluará si el país puede recuperar capacidad productiva, previsibilidad institucional, transparencia presupuestaria y generación sostenida de divisas. Evaluará si el Estado que emite la deuda puede volver a funcionar como Estado.

Sin esas bases, lo que se firma no es una reestructuración.

Es una refinanciación de la insolvencia.

Las reestructuraciones que han funcionado en la historia reciente no comenzaron con la deuda. Comenzaron con la reconstrucción de confianza. Y la confianza no se anuncia en un comunicado de la Vicepresidencia Sectorial. Se construye con cuentas que cuadren, con instituciones que funcionen y con reformas que resistan el escrutinio internacional.

Venezuela no necesita solo renegociar lo que debe.

Necesita reconstruir lo que es.

Las declaraciones del presidente se enmarcan en su discurso sobre política exterior y seguridad energética. El mandatario también ha insistido en que la política energética de su administración ha permitido ampliar el acceso a recursos estratégicos. “Saben, hemos extraído tanto petróleo de Venezuela que pagamos el costo de la guerra unas 25 veces

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes durante un mitin en Suffern, Nueva York, que las operaciones petroleras vinculadas a Venezuela han generado ingresos suficientes para compensar ampliamente los costos asociados a la guerra con Irán.

“Saben, hemos extraído tanto petróleo de Venezuela que pagamos el costo de la guerra unas 25 veces. ¿Cuándo fue la última vez que escucharon eso?”, declaró el mandatario ante sus simpatizantes.

Las declaraciones del presidente se enmarcan en su discurso sobre política exterior y seguridad energética, en el que reiteró la importancia estratégica del petróleo venezolano dentro de la política energética de Estados Unidos.

Trump vinculó estos ingresos con las recientes operaciones militares estadounidenses en Medio Oriente, señalando que el impacto energético del conflicto ha sido parcialmente compensado por los recursos obtenidos a través del crudo venezolano.

El mandatario también ha insistido en que la política energética de su administración ha permitido ampliar el acceso a recursos estratégicos, especialmente en mercados como el venezolano, en medio de un contexto de tensiones internacionales y reconfiguración del mercado petrolero global.

Vía 14ymedio

Las tiendas chinas Buways, Suplax, China City, O.L., Mimi y Asia Store que fueron clausuradas hace unos días por la Fiscalía General de la República (FGR) por la venta de mercancía ilegal en León, estado de Guanajuato, también contrataron a cubanos y venezolanos a los que les pagaban salarios de 4.000 pesos (230 dólares) mensuales, cuando el salario promedio ronda el doble, 461 dólares. 

“Los chinos son unos explotadores”, cuenta a 14ymedio, Alfredo, uno de los empleados de la tienda Buways, ubicada en Plaza Comercial Escobedo, que fue informado el pasado 15 de mayo de un cierre temporal. “La tienda abrirá hasta nuevo aviso”, le señalaron a través de un mensaje de WhatsApp.

“La mayoría de los migrantes se encargaban del trabajo más pesado: la descarga de mercancía y la limpieza. Además, sólo tenían un día de descanso. Supongo que por no tener papeles”, dice. “Les descontaban por productos dañados”.

Las autoridades tienen abierta una carpeta de investigación por la venta de mercancía pirata (clonada) con etiquetas apócrifas de DC Comics y Warner Bros. 

Alfredo detalló a este diario que en los accesos de la tienda están las órdenes judiciales en las que se indica que el inmueble fue asegurado y se encuentra bajo investigación. La orden fue emitida por la jueza de distrito Paulina Consuelo Díaz Guzmán, quien otorgó facultades amplias a los agentes federales para romper candados, ingresar y poner los sellos.

De los encargados, “no sabemos nada”, señala el hombre de 22 años. “De los cinco cubanos y una venezolana ni sus luces”. 

Alfredo reconoce que los productos eran de baja calidad, “el precio lo dice todo, un labial lo vendían en 15 pesos, la planchas para el cabello en 50 pesos y las secadoras en 150 pesos”.   

Las condiciones laborales para los mexicanos también eran precarias, “con acuerdos trimestrales y te mandaban a descansar 15 días, así evitaban obligaciones marcadas por la ley para los trabajadores”.

Algunos empleados de las tiendas Suplax, China City, O.L. y Mimi denunciaron la realización de pagos en efectivo, lo que constituye una práctica que podría estar vinculada con la evasión de impuestos.

La Ley Federal del Trabajo establece que los empleados deben estar registrados ante el IMSS y contar con condiciones laborales formales.

Por Federico Hernández Aguilar

El mundo padece una dramática escasez de carácter. Las grandes personalidades de otros tiempos hoy prácticamente han desaparecido. La política internacional es un yermo: los principios de antaño se han olvidado; los grandes ideales, engavetado. No hay un Churchill, un Lincoln, un Adenauer. Pero abundan, eso sí, los líderes fanfarrones, los discursos jactanciosos, la bravuconería ridícula.

Nicolás Maduro llegó a convencerse a sí mismo de que jamás rendiría cuentas. Pero entre una hora y la siguiente, su sueño de poder ilimitado se transformó en una pesadilla de realismo. De repente, los ejércitos de aduladores, las multitudinarias manifestaciones en la plaza pública se evaporaron delante de sus ojos.

En paralelo, a otros “hombres fuertes” –en La Habana y en Managua– les temblaron las rodillas. Tantos años culpando al “imperio” desembocaron, de pronto, en conmovedores llamados a la concordia vecinal. El nicaragüense Daniel Ortega, que entre neblinas de conciencia recuerda sus días revolucionarios cuando toma un micrófono, ahora debe ser silenciado delante de la televisión estatal por su paranoica esposa, que teme verse en la cárcel igual que Cilia Flores, la primera dama venezolana caída en desgracia.

Apenas quedan ecos, en Cuba, de la antigua verborrea de Fidel contra Estados Unidos. Ayer, la Fiscalía Federal de la Florida presentó una acusación penal contra el nonagenario Raúl, por el derribo de dos avionetas civiles cuando aún era el flamante jefe de las Fuerzas Armadas cubanas. ¡Estallido de nervios! Hasta el mismísimo director de la Agencia Central de Inteligencia –la tan execrada CIA– es recibido con apretones de manos en La Habana.

 Si Maduro, Díaz-Canel y Ortega dejaron de ser fuertes de la noche a la mañana, otros líderes han necesitado enfrascarse en guerras estúpidas para darse cuenta de su debilidad

Nadie sabe qué mensaje llevó consigo John Ratcliffe, pero su visita oficial a Cuba es una humillación en toda regla. Si se levantara de la tumba, Fidel no reconocería el país que moldeó durante casi medio siglo. ¡El orgullo de sus herederos no le sobrevivió ni siquiera diez años! Tanto sufrimiento, tantas muertes, tanta represión…, para venir a contemplar cómo se derrumba una revolución que prometió el paraíso e instaló un infierno.

Pero si Maduro, Díaz-Canel y Ortega dejaron de ser fuertes de la noche a la mañana, otros líderes han necesitado enfrascarse en guerras estúpidas para darse cuenta de su debilidad. Vladimir Putin estaba tan seguro de su victoria en Ucrania que hace cuatro años, según informes internos, declaró a la cúpula militar rusa que tomaría Kiev en cuestión de horas. A mayo de 2026, aquellas horas se han alargado ya por cincuenta meses, superando el tiempo que la Unión Soviética combatió a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Gracias al embrollo ucraniano, el desgaste político de Putin ha sido el peor de su autoritaria carrera. Las encuestas independientes arrojan saldos de aprobación en rojo, con el agravante del cansancio popular ante la guerra y la creciente incomodidad que generan las injustificables restricciones a internet. Incluso el fastuoso desfile militar del 9 de mayo –fecha en que se conmemora la decisiva victoria soviética sobre Hitler– se vio amenazado por el vuelo de drones sobre Moscú. Estar tan lejos del triunfo en Kiev es lo más parecido a una gran derrota, y nunca se había percibido a un Putin tan débil y encogido.

En cuanto al poderoso Donald Trump, que hasta hace poco se creía inmune a los tropiezos, ahora cuenta también con su propia guerra desastrosa. Irán le ha supuesto el revés más evidente en su avasallador camino hacia la hegemonía global, a tal punto que ha tenido que volar a China para encontrarse con la única persona que puede ayudarle a poner orden en su desorden: Xi Jinping. El resistente régimen chiita, por su lado, se frota las manos de puro gusto. Un periódico oficial en Teherán tituló: “Trump visita China a la sombra del fracaso y el estancamiento”. Y es verdad.

 Donald Trump, que hasta hace poco se creía inmune a los tropiezos, ahora cuenta también con su propia guerra desastrosa

El presidente estadounidense, además, ha lucido exhausto en Pekín. Al caminar pesadamente por las calles de la gran urbe china, parecía que varios fardos le doblaban la espalda: una crisis económica resultado de su locura arancelaria –el Peterson Institute for International Economics calcula que la política comercial de la Casa Blanca ha supuesto un coste de 1.600 dólares anuales a cada hogar estadounidense–, una deuda pública que el año pasado alcanzó el 124% del PIB, con un horrible pago de intereses que ya supera el billón de dólares (equivalente al 20% del total de ingresos anuales); números de aprobación tan bajos que le convierten en uno de los mandatarios más impopulares de la historia americana, y una política exterior tan errónea que el aislamiento producido le ha terminado arrojando en brazos de su principal adversario económico y tecnológico.

Xi Jinping, sin embargo, tampoco es invulnerable. La fuerza del control comunista es también la fuente de sus principales debilidades en materia económica. China sigue sin recuperarse de los efectos calamitosos de la pandemia, insiste en la concentración estatal de las decisiones productivas, carece de motores propios para consolidar su revolución tecnológica y sigue dependiendo de EE UU y Europa para crecer.

Nadie, pues, es tan vigoroso como para imponer su voluntad al resto del planeta, por mucho que lo vocifere. El que se cree fuerte, en realidad, es más débil de lo que piensa, y el que a primera vista parece débil, en la práctica, tiene más fortaleza de la que admitirían sus adversarios.

Vía Monitoreamos

El dirigente de Voluntad Popular (VP) Lester Toledo aterrizó este jueves 21 de mayo en el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía, sin que las autoridades procedieran a su detención.

Toledo llegó procedente de Miami a las 12:15 del mediodía a bordo del vuelo AA3759 de American Airlines, operado por American Eagle. Tras hacer su chequeo en el puesto del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime), logró entrar al país sin inconvenientes.

A su llegada, fue recibido por compañeros del partido Voluntad Popular, entre ellos el dirigente Freddy Superlano, en un regreso que se produce después de una década de exilio forzoso y con varias órdenes de captura acumuladas por el régimen chavista en su contra.

El dirigente había anunciado su regreso este mismo jueves a través de un video en el que declaró que viajaba «en búsqueda de justicia» y que se dirigiría directamente al Palacio de Justicia para enfrentar las acusaciones de terrorismo, asociación para delinquir, traición a la patria y un supuesto hackeo al Consejo Nacional Electoral (CNE).

Toledo explicó que a principios de 2026 intentó acogerse a la Ley de Amnistía, pero que tras más de 60 días los jueces se negaron a responderle.

Vía The Objective

El juez fija en un máximo de 490.000 euros el saldo bloqueado al expresidente, cifra que recibió de Análisis Relevante

José Luis Rodríguez Zapatero no podrá tirar de sus ahorros. El juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama ha bloqueado medio millón de sus cuentas a petición de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), según ha avanzado El Mundo y ha podido confirmar THE OBJECTIVE. El magistrado ha citado al expresidente el próximo 2 de junio como imputado. Le atribuye delitos de integración en organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental. Calama ha bloqueado las cuentas de Zapatero hasta el límite de 490.780 euros, que es el importe que presuntamente recibió de Análisis Relevante. El magistrado ha acordado también el bloqueo de saldos de otras mercantiles investigadas en la causa, entre ellas los de sus hijas.

En un durísimo auto de 85 páginas, Calama señala a Zapatero como el presunto líder de «una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias» que utilizó sociedades instrumentales, documentación simulada y canales financieros opacos «para ejercer influencias ilícitas, ocultar el origen y destino de los fondos y obtener beneficios económicos en favor de terceros y del propio entramado».

El juez considera que el expresidente del Gobierno y su entorno habrían cobrado casi dos millones de euros en comisiones irregulares. Calama ordenó la entrada y registro en el despacho oficial de Zapatero, en la madrileña calle de Ferraz. Los agentes de la UDEF de la Policía Nacional también registraron Whathefav, que habría sido favorecida en el pago de las presuntas comisiones ilegales.

Los pagos a Zapatero

Según el auto del magistrado, Zapatero habría cobrado 490.780 euros a través de Análisis Relevante. El empresario alicantino habría remitido a Whathefav otros 239.755 euros. La consultora cobró de Plus Ultra, la aerolínea rescatada con 53 millones de euros durante la pandemia. Calama sostiene que el expresidente del Gobierno tuvo un papel fundamental en la concesión de esa ayuda. La empresa de Julio Martínez Martínez también habría recibido pagos de otras tres empresas: Inteligencia Prospectiva, Softgestor y Grupo Aldesa. Las dos primeras han sido registradas este martes por agentes de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional.

El juez destaca que la mayor parte de los fondos que cobró Análisis Relevante de Plus Ultra «terminaron en el entorno de José Luis Rodríguez Zapatero». El expresidente del Gobierno reconoció el pasado 2 de marzo, en su comparecencia en la comisión de investigación del caso Koldo en el Senado, que trabajaba para la consultora de su amigo y que cobraba unos 70.000 euros anuales, pero negó cualquier irregularidad justificando los abonos por sus trabajos de consultoría, que consistieron en informes «escritos y orales».

El auto de Calama señala que el contacto de Plus Ultra con el entorno de Zapatero no fue casual, sino que se inserta en la existencia de una trama organizada de ejercicio ilícito de influencias, liderada por él, que selecciona clientes, imparte instrucciones para crear sociedades en territorios off-shore y adopta estrategias para desvincularse formalmente de la estructura. El magistrado explica que la estructura investigada no se limita a España.

Siguiendo instrucciones de Zapatero, se habría creado al menos una sociedad off-shore, Landside Dubai Fzco o Landside Middle East Fzco, participada al 100% por Idella Consulenza Strategica, administrada por Julio Martínez Martínez, con un plan de negocio de tres millones de dólares en cinco años. Idella suscribió con Plus Ultra un contrato para cobrar el 1% del rescate (530.000 euros), y la proximidad temporal entre dicho contrato (19 de enero de 2021), el inicio de gestiones para constituir Landside (el día 26 de ese mes) y la ausencia de pagos en España apunta a que la sociedad off-shore podría haberse creado para canalizar ese cobro.

La versión del expresidente

Este hecho refuerza la hipótesis de que la sociedad en Dubái habría sido creada para recibir fondos en el extranjero, evitando su trazabilidad en territorio español. A través de un vídeo, Zapatero ha señalado que jamás ha realizado gestiones para el rescate de Plus Ultra y que toda su actividad pública y privada «se ha desarrollado siempre con absoluto respeto a la legalidad». El expresidente del Gobierno ha insistido en que jamás ha tenido ninguna sociedad mercantil ni directamente ni a través de terceros ni ha participado en operaciones de ese tipo.

En cuanto a los beneficiarios finales, Análisis Relevante habría remitido 490.780 euros a Zapatero y 239.755 euros a Whathefav, de modo que la mayor parte de los fondos recibidos por Análisis Relevante (procedentes de Plus Ultra, Inteligencia Prospectiva, Softgestor y Grupo Aldesa) terminaron en el entorno del expresidente del Gobierno. Además, el Gate Center habría enviado 352.980 euros al exdirigente socialista y 171.727 euros a Whathefav, mientras que sociedades del grupo Thinking Heads, vinculado a Daniel Romero-Abreu Kaup, habrían remitido 681.318 euros a Zapatero y 12.297 a la agencia de comunicación de sus dos hijas.

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