Por Alejandro Cecere
ATENCIÓN VENEZUELA: Ha sido publicado un reporte crítico sobre el estado actual del Sistema Eléctrico Nacional venezolano.
Fue titulado «La Crisis Anunciada del SEN en Venezuela», elaborado por el Ing. Nelson Hernández y desglosa por qué el colapso que hoy sufre nuestra grilla eléctrica comenzó 2003.
Veintitrés años atrás…
Le pregunté hoy a
@morandavid
que consultara directamente con Nelson cuál es el límite de las líneas de transmisión de alta tensión (765 kV) que transportan la electricidad, generada por Guri, Caruachi, Macagua, desde la cuenca del Caroní hacia el resto del país.
La respuesta: el límite de diseño de esas líneas troncales es de 7 GW.
Pero, CORPOELEC, habitualmente empuja ese límite entre un 10% y un 15% por encima de la capacidad de diseño. Es decir, hay momentos en que esas líneas están transportando 8 GW.
Eso degrada el cableado, acelera las fallas, y es una de las razones por las que una parte importante del sistema eléctrico colapsa sin que nadie haya «saboteado» nada.
Ahora hagamos la matemática.
Nelson Hernández calcula que nuestra capacidad hidroeléctrica operativa actual es de aproximadamente 9.980 MW.
Prácticamente 10 GW.
El límite físico de lo que las líneas pueden transportar de forma sostenida es 7 GW. Con suerte, empujando al límite, 8 GW.
Eso significa que Venezuela podría generar entre 2 GW y casi 3 GW más de electricidad hidroeléctrica, pero no lograríamos llevarla a la capital o al resto del país.
En el estado de Bolivar tampoco hay industria que pueda comprarle a CORPOELEC millones de vatios, todos los días.
Esto tiene un nombre: electricidad varada.
Y tiene un precedente histórico en Venezuela.
En su mejor época, la CVG y los complejos de aluminio y acero en Guayana funcionaban exactamente como una batería. Consumían localmente la electricidad del Caroní que no podía ser transportada. Eran el ancla industrial que justificaba operar el Gurí a plena capacidad.
Esa industria pesada colapsó. Y con ella desapareció el único consumidor que absorbía la electricidad que el resto del país no requería porque funcionaban las plantas termoeléctricas.
El reporte de Hernández documenta con precisión quirúrgica por qué llegamos aquí: 4 fallas simultáneas, asfixia financiera desde 2003, deterioro físico por diferimiento sistemático del mantenimiento, fuga masiva de cerebros técnicos, y sustitución de la planificación técnica por decisiones políticas.
No fue sabotaje. Fue negligencia compuesta durante dos décadas.
Y el sistema lleva 5 fases de deterioro:
- 2003-2006: Incubación
- 2007-2008: Nacionalización y pérdida de autonomía técnica
- 2009-2010: Crisis declarada y trampa hidrológica
- 2011-2018: Agudización estructural
- 2019-2026: Colapso sistémico y rehabilitación transnacional
Hoy, en 2026, Siemens Energy y GE Vernova ya están en campo, trabajando en Guri, Caruachi y Macagua.
Eso es rehabilitación transnacional. Ese proceso va a tomar entre 4 y 5 años mínimo, y requerirá de diez miles de millones de dólares, solo para el complejo hidroeléctrico.
Pero mientras eso ocurre, el problema de la electricidad varada sigue activo hoy.
¿Qué industria puede instalarse en Bolívar, a metros de la generación, consumir esos 2 GW que no tienen destino, y convertirlos en dólares sin necesidad de que las líneas de transmisión estén reparadas?
La minería de Bitcoin a escala industrial es una.
Los mineros no necesitan transmitir la electricidad.
Van donde está la electricidad.
Se instalan en el nodo de generación. Reemplazan funcionalmente lo que hacía la CVG: ser el consumidor local que estabiliza el sistema y evita que el operador tenga que abrir los vertederos del embalse y dejar correr el agua sin producir nada.
Porque esa es la alternativa real cuando hay generación que el sistema no puede despachar: derramar agua. Desperdiciar el recurso que debería estar generando valor.
Un PPA de largo plazo entre CORPOELEC y operadores privados de mining resuelve tres problemas al mismo tiempo. Primero, monetiza la electricidad varada que hoy no tiene destino. Segundo, genera divisas duras que pueden financiar los repuestos y las subestaciones que el SEN necesita. Tercero, descarga las líneas troncales operando en su límite de diseño de 7 GW en vez de estresarlas a 8 GW, alargando la vida útil de la infraestructura que ya existe.
El reporte de Hernández concluye con una frase que no tiene vuelta atrás:
«El SEN pasó de ser un problema de capacidad instalada teórica a un problema crítico de disponibilidad real».
Tenemos 32,5 GW nominales, instalados. Generamos unos 12 GW reales. El resto es peso muerto.
Venezuela no necesita inventar nada para aplicarlo en el país. Solo necesita mirar al sur.
Paraguay aplicó exactamente este modelo. En 2020, apenas tenía actividad de minería de Bitcoin comparable a la que tiene hoy Venezuela. Cinco años después, es el cuarto país con mayor actividad de minería de Bitcoin en el mundo.
Tienes siete veces el hashrate que hoy tiene Venezuela. Todo construido sobre un modelo simple: operadores privados firmando PPAs de largo plazo con la ANDE, el operador de red nacional, para monetizar la electricidad excedente de Itaipú y Yacyretá, dos represas hidroeléctricas que generan más de lo que Paraguay puede consumir o exportar.
Hoy, Paraguay destina 1 GW a la minería de Bitcoin y eso representa el 60% de los ingresos de la ANDE, el operador de la red eléctrica paraguaya.
El operador de red nacional de Paraguay financia el 60% de su operación gracias a los mineros de Bitcoin que consumen la electricidad que nadie más podía usar.
Venezuela tiene una capacidad hidroeléctrica instalada similar a la de Paraguay. Tiene el mismo problema: electricidad generada en el sur que no puede ser transportada al resto del país por restricciones en las líneas de transmisión.
Tenemos el mismo recurso: agua de represas que genera kilovatios sin destino. Y tiene el mismo tamaño de electricidad varada, entre 1 y 2 GW atrapados en la cuenca del Caroní que las líneas troncales no pueden mover.
Los números son casi idénticos. La fuente de energía es la misma. El cuello de botella de transmisión es el mismo.
¿Por qué no aplicar el mismo modelo que los paraguayos construyeron en 5 años en vez de dejar correr el agua en el embalse del Guri?
La pregunta no es si Venezuela necesita soluciones nuevas.
Ya existe una probada, funcionando, a 2,000 kilómetros de distancia.
La pregunta es si la administración actual está dispuesta a replicar lo que los paraguayos ya demostraron que funciona, antes de que El Niño llegue y baje los embalses que hoy son lo que sostiene al Sistema Eléctrico Nacional.


