El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunciaron este domingo que ambas partes alcanzaron un nuevo acuerdo comercial, a pocos días de la fecha límite del 1 de agosto para la imposición de aranceles.
El pacto establece un arancel del 15% para la mayoría de los productos europeos que ingresen a EE. UU., una tasa significativamente inferior al 30% que Trump había amenazado imponer a uno de los principales socios comerciales de Washington.
“Es un acuerdo muy poderoso, es un acuerdo muy grande, es el más grande de todos los acuerdos”, declaró Trump junto a von der Leyen, tras el encuentro en Turnberry, Escocia.
Además de los aranceles, el bloque de 27 países se comprometió a comprar 750.000 millones de dólares en energía estadounidense y a destinar 600.000 millones de dólares adicionales en inversiones dentro de EE. UU., por encima de los niveles actuales. Trump afirmó también que la UE adquirirá “cientos de miles de millones de dólares” en equipos militares estadounidenses, aunque no precisó cifras exactas.
Por su parte, von der Leyen calificó el pacto como un “buen acuerdo, enorme y fruto de duras negociaciones”.
El anuncio pone fin a semanas de incertidumbre en Bruselas, donde se preparaban para un escenario sin acuerdo que habría activado un paquete de contramedidas arancelarias y la posible aplicación del “Instrumento Anticoerción”, considerado la “bazuca comercial” de la UE.
Desde Irlanda, el primer ministro celebró el entendimiento, destacando que “aporta claridad y previsibilidad a la relación comercial entre la UE y EE. UU.”, aunque advirtió que los nuevos aranceles encarecerán el comercio bilateral.
En 2024, el comercio de bienes y servicios entre ambas potencias superó los 1,97 billones de dólares, con un superávit comercial de unos 50.000 millones de euros a favor de la UE, según datos del Consejo Europeo.
El acuerdo, que muchos observadores consideran un hito para la segunda administración Trump, marca el inicio de una nueva etapa de estabilidad en las relaciones económicas transatlánticas, pese a que se anticipan ajustes para diversos sectores afectados por los aranceles.