Vía The Objective
«Llevando a la Humanidad a la Luna de nuevo, yendo más lejos, y volviendo a salvo a la Tierra», el lema de Artemis II
«Todo ha ido muy bien», explicaba Rob Navias, el comentarista de la NASA, a las 00.32, hora española, una hora y media antes del amerizaje de la cápsula Orión. A las 02.06, no contento con el comienzo de su labor, afirmó que la reentrada atmosférica de la cápsula Orión había sido «de manual». La tripulación de Artemis II —compuesta por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— ha sido la primera en ir y volver a la Luna en cinco décadas. De sus predecesores, la tripulación del Apollo 17, solo sobrevive Harrison Schmitt, que recomendó a sus colegas «pasárselo bien».
Aunque la reentrada se suele considerar la maniobra más peligrosa en toda misión espacial, conviene recordar que toda parte en estas operaciones lo es —la lanzadera Challenger se perdió durante un ascenso—. Sin embargo, mientras que un fallo en algún otro momento puede abordarse, la reentrada combina distintos aspectos que imposibilitan una reparación. Por ejemplo, la temperatura de la superficie del módulo es de entre 2.200 y casi 2.800 grados centígrados y cualquier fallo en el revestimiento puede convertirse en una catástrofe. En 2003, durante su reentrada atmosférica, Columbia se desintegró.
Sin embargo, nada de eso pasó y, a las 02.07.27 del 11 de abril de 2026, tras una misión de 9 días, 1 hora, 32 minutos y 15 segundos, los astronautas estaban «verdes». Es decir, perfectamente bien después de haber viajado más de un millón de kilómetros, un récord histórico para una misión tripulada (el honor de haber recorrido la mayor distancia pertenece a Voyager I, a casi 26.000 millones de kilómetros de la Tierra).

Mientras los astronautas, a una hora y veinte del amerizaje, se cercioraban de que ninguno de sus trajes tenía fugas a miles de kilómetros de altura de la Tierra; la dotación del buque USS John P. Murtha —el muelle de transporte anfibio a cargo de su recuperación—, se estaba preparando para su propia labor. Es decir, el equipo Sasquatch estaba desplegando globos y sondas meteorológicas para garantizar la seguridad en el corredor de amerizaje de la cápsula Orión, no solo para los astronautas, sino también para los propios navíos y helicópteros a cargo de la operación.
Alrededor de 40 minutos después, a la 01.33, se produjo la separación pirotécnica del módulo Integrity, así bautizado por la tripulación como tributo a las más de 300.000 piezas y colaboración internacional que han hecho la misión posible. Minutos después —01.37, hora española—, comenzó una maniobra de 19 segundos para que la cápsula pudiera adoptar su ángulo de ataque —elegido para minimizar el tiempo de reentrada atmosférica y el riesgo de ablación—. El reajuste fue tan breve que el comentarista de la NASA tardó más en explicar por qué era necesario hacer esto a más de 4.500 kilómetros de la superficie terrestre que lo que le llevó a la cápsula ajustar su ángulo de ataque.
Algo menos de 20 minutos después de esta rapidísima maniobra, comenzaron los seis minutos más tensos del proceso, en silencio casi absoluto. Y no precisamente a propósito, sino por culpa de la atmósfera. La velocidad de reentrada —con máximos de 40.000 kilómetros por hora— genera tanta fricción que la cápsula se ve envuelta en plasma. Este, debido a su carga eléctrica, imposibilita la comunicación con Integrity.
A las 02.01, Houston y el interior de la cápsula Orión recuperaron contacto. Todo iba bien. Todo iba como tenía que ir, respetando los tiempos con una precisión milimétrica porque, como explicó Paul Sierpinski, director de recuperación en el USS John P. Murtha, las fases de la reentrada pueden durar un segundo o dos, así que era necesario saber a cuándo pasaba qué.
A las 02.07.27 —tal y como había anunciado Rob Navias a las 00.32—, Integrity amerizó a unos 30 kilómetros por hora. Otros siete minutos después, los equipos de recuperación confirmaron que no había gases tóxicos alrededor de la cápsula Orión. Después de eso (y un par de fallos de comunicación porque el teléfono satelital había decidido rebelarse), tocó esperar alrededor de una hora y media hasta la salida del primer astronauta, a las 03.31, hora española, al que recogió un helicóptero que sobrevolaba el «porche» hinchable a unos 12 metros de altura. A las 03.35, Reid Wiseman, el comandante de la misión, fue el último en abandonar Integrity, mientras el equipo en la sala de control vitoreaba clamorosamente.
25 minutos después, a las 04.00, los helicópteros a cargo de recuperar a los astronautas de Artemis II habían aterrizado en la cubierta de vuelo del muelle de transporte anfibio USS John P. Murtha, donde les estaban esperando los equipos médicos que les llevarían a la enfermería.
La misión, la segunda en el programa Artemis, ha sido la primera tripulada —Artemis I fue una prueba de la cápsula Orión, para asegurar que no había peligro alguno en su interior— y es un segundo paso antes de volver a poner personas en la Luna (con fecha estimada en 2028). Artemis II empezó a prepararse en diciembre de 2022, un mes después de que la cápsula Orión volviera a la Tierra por primera vez.
Felicitación de Donald Trump a la tripulación de la nave Orión
El presidente de EEUU, Donald Trump, ha felicitado a los «talentosos» tripulantes de la nave Orion, tras completar la misión con un amerizaje «perfecto» frente a las costas de San Diego (California, Estados Unidos) que ha puesto fin a diez días de periplo espacial: «Enhorabuena a la magnífica y talentosa tripulación de Artemis II. ¡Todo el viaje ha sido espectacular, el aterrizaje ha sido perfecto y, como presidente de los Estados Unidos, no podría estar más orgulloso!», ha manifestado el mandatario en su red social.
Trump ha transmitido asimismo a la tripulación su deseo de recibirlos «a todos pronto» en la Casa Blanca y ha augurado que este trascendental hito se repetirá, al tiempo que ha conjeturado sobre una futura misión con destino al planeta rojo: «¡Lo volveremos a hacer y, después, el siguiente paso será Marte!», ha augurado.
Los astronautas llegan en buen estado de salud
La NASA, por su parte, ha confirmado que aproximadamente una hora después del amerizaje, la tripulación de la cápsula Orión ha sido evacuada «sana y salva» de la nave y que los cuatro tripulantes se encuentran en buen estado de salud tras completar esta travesía histórica, que supone el primer viaje tripulado alrededor de la Luna en más de 50 años y uno de los pasos clave del programa Artemis. Tras el amerizaje, un equipo conjunto con la Marina de Estados Unidos se ha desplegado para recuperar la cápsula y asistir a los astronautas, que serán sometidos a evaluaciones médicas antes de regresar con sus familias. Una vez a bordo y antes de regresar a tocar nuevamente tierra firme, los astronautas serán sometidos a exámenes médicos, tras los cuales subirán a bordo de un avión con destino al Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston, Texas.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, ha subrayado que la misión ha supuesto un avance sin precedentes en la exploración humana, destacando la capacidad técnica demostrada por la nave Orion y el cohete SLS, así como el compromiso de la tripulación, que asumió riesgos significativos para ampliar el conocimiento científico y allanar el camino hacia futuras misiones.
«Artemis II ha demostrado una habilidad, valentía y dedicación extraordinarias», ha añadido, al tiempo que reconocía la labor conjunta del personal de la NASA y de los socios internacionales implicados. «Hace cincuenta y tres años, la humanidad abandonó la Luna. Esta vez, regresamos para quedarnos. El futuro está en nuestras manos», ha sentenciado.


