Por David Morán Bohórquez
El Contraste entre el discurso y el dato
La crisis eléctrica en Venezuela ha alcanzado un punto de inflexión donde el racionamiento, impuesto de facto desde marzo de 2026, colisiona frontalmente con la realidad técnica de los embalses. En este contexto, la transparencia informativa deja de ser un derecho para convertirse en un imperativo de seguridad nacional. El pasado 2 de agosto de 2026, la narrativa oficial intentó, una vez más, manufacturar una emergencia climática al anunciar la amenaza de un «Súper Niño», exigiendo a la población un «ahorro preventivo» para evitar un colapso inminente. Ayer de nuevo reforzaron esa narrativa con el argumento que las altas temperaturas que están presentes en esta temporada en Venezuela son la causa de los apagones.
Esta retórica no es más que un sofisticado y mañido mecanismo de desplazamiento de responsabilidad. Al etiquetar la crisis como un evento de fuerza mayor derivado de un fenómeno exógeno, el Estado busca blindar una gestión caracterizada por la insolvencia de ingeniería.
Sin embargo, los datos son implacables: para entender el cortocircuito venezolano no hay que mirar al cielo en busca de nubes, sino a la cota del embalse. La crisis actual no es un problema de hidrología, sino de una arquitectura técnica que ha sido canibalizada por la desinversión.
La realidad del embalse: El 99,70% de capacidad
En la operación de grandes sistemas hidroeléctricos, la cota es el único indicador que no admite interpretaciones políticas; es la medida física de la energía potencial disponible. Según un estudio que realicé, al cierre del 31 de agosto de 2026, el embalse de Guri registró una cota de 270,18 metros sobre el nivel del mar (msnm).

Considerando que la cota máxima operativa es de 271,00 msnm, el Guri se encuentra operando al 99,70% de su capacidad. Es una ironía técnica que, mientras el país permanece a oscuras bajo esquemas de racionamiento severos, el embalse principal se encuentre virtualmente al borde del alivio (vertido de agua por exceso).
Este «colchón» hídrico masivo invalida cualquier narrativa de escasez inmediata. Físicamente, el sistema cuenta con un blindaje que, lejos de ser una opinión, ha sido validado mediante modelos de previsión científica para determinar el riesgo real de vaciado.
Simulación Monte Carlo: Las probabilidades frente al miedo
Para desarticular el uso político del miedo, se aplicó una simulación Monte Carlo de 10.000 iteraciones, una herramienta que otorga certidumbre estadística frente a la volatilidad climática. El modelo procesó miles de trayectorias posibles combinando los deltas históricos de los años «El Niño» más severos registrados en la cuenca del Caroní (1998, 2002, 2009, 2016 y 2023).

Los hallazgos son definitivos: la probabilidad de alcanzar el nivel preventivo de alerta (250 msnm) o la cota crítica (244 msnm) para finales de 2026 es nula. Incluso en el «Escenario de Estrés Máximo» —una combinación determinista de los peores meses de sequía de la historia— la cota cerraría diciembre de 2026 en 264,29 msnm. Esto sitúa al embalse 14,29 metros por encima del umbral de alarma. Si el riesgo para lo que resta de 2026 es estadísticamente inexistente, la mirada técnica debe desplazarse, con rigor, hacia el horizonte operativo de 2027.
Prueba de Estrés 2027: El blindaje de Guri ante la sequía extrema
La resiliencia del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) se puso a prueba mediante un Stress Test determinista, utilizando como «semilla» o punto de arranque el valor mediano de la simulación anterior: 269,75 msnm (P50 al cierre de 2026). El objetivo fue someter esta reserva a la secuencia de la sequía más violenta registrada en la historia moderna del país: el evento de 2015-2016.
- Escenario 2016: Este evento representó una caída acumulada de -11,52 metros en el primer cuatrimestre del año.
- Resultado Simulado para 2027: Al aplicar este estiaje extremo sobre la cota inicial de 269,75 msnm, el Guri alcanzaría un mínimo de 258,23 msnm en abril de 2027.
A pesar de la magnitud de la sequía (una caída total de 11,52 metros), el embalse se mantendría 8,23 metros por encima de la alerta de 250 msnm. Este ejercicio revela la «inercia hidráulica» de Guri, que funciona como una batería energética gigante.

Incluso en un escenario de «Zero-Inflow» (cero entrada de agua), el embalse posee una autonomía de 6 a 8 meses antes de cruzar la línea de peligro. Por lo tanto, si el agua es suficiente para resistir incluso el peor año de la historia, es evidente que el origen de los apagones reside en la parálisis del componente no hídrico.
El Cortocircuito térmico: La dependencia forzada de Guri
La crisis venezolana no es climática, es de indisponibilidad térmica. El sistema sufre una «canibalización operativa» donde, ante el colapso del parque termoeléctrico, se fuerza a Guri a turbinar volúmenes de agua que exceden cualquier patrón estándar. La parálisis de plantas clave como Termocarabobo —cuya falla ha sido torpemente atribuida a eventos sísmicos en el discurso oficial— ha dejado al SEN sin su respaldo vital.
Esta falla sistémica obliga a Guri a sostener una «Tasa Exigida» de 3,5 metros de descenso mensual para cubrir el déficit de generación térmica. El verdadero peligro no es el Fenómeno El Niño, sino la obligación de sobreexplotar el recurso hídrico para compensar la ineficiencia de las plantas de gas y combustible líquido que hoy son chatarra operativa.
El «racionamiento preventivo» es, en realidad, un síntoma de la fragilidad de un parque térmico que ya no puede responder, obligando a Guri a vaciarse a un ritmo antinatural.
Conclusión y propuesta: Hacia una gobernanza técnica
La desconexión entre un embalse al 99,70% de su capacidad y un país bajo racionamiento eléctrico es la prueba definitiva de una gestión fallida. La solución a la crisis no vendrá de «milagros climáticos» ni de la lluvia, sino de un retorno a la gerencia técnica y la transparencia de datos que hoy se intentan ocultar tras la retórica del Niño.
Para transitar hacia una gobernanza energética seria, se proponen los siguientes pilares estratégicos:
- Protocolo transparente de alerta temprana: Establecer gatillos de despacho automáticos y públicos. El nivel de 255 msnm debe ser el punto de rendición de cuentas técnica; si la cota cruza este umbral a una tasa de 3,5 m/mes, el sistema entra en zona de vulnerabilidad trimestral irreversible.
- Auditoría urgente de disponibilidad térmica real: Implementar un monitoreo público de la capacidad efectiva (no instalada) de las termoeléctricas. No se puede planificar el estiaje de 2027 basándose en plantas que solo existen en el papel o que están fuera de servicio por falta de mantenimiento.
- Protección y vigilancia de la cuenca: Utilizar tecnología satelital para monitorear la actividad antropogénica en la cuenca del Caroní, controlando la sedimentación que compromete la vida útil y la eficiencia de las turbinas en el largo plazo.
La inercia hidráulica de Guri es un activo estratégico que ha permitido al país sobrevivir a pesar de la gestión política, pero no es infinita. Mientras la narrativa oficial siga culpando a las nubes, el país seguirá atrapado en un cortocircuito que no tiene justificación hidrológica, sino una profunda raíz administrativa.
David Morán Bohórquez es ingeniero industrial. Miembro de la Comisión de Energía de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat de Venezuela y del Consejo Directivo de Cedice Libertad


