La industria petrolera de Venezuela enfrenta su crisis operativa más severa desde 2020. Debido al endurecimiento de las sanciones y bloqueos de Estados Unidos, PDVSA se está quedando sin espacio para almacenar sus productos, lo que amenaza con detener por completo sus procesos de refinación, reporta la agencia Reuters
El problema: Tanques llenos y exportaciones bloqueadas
El principal obstáculo es la acumulación de combustible residual. Como los buques sancionados no pueden entrar ni salir del país, y el bloqueo atemoriza incluso a las flotas no sancionadas, las exportaciones han caído a la mitad (pasando de 950,000 bpd en noviembre a cifras muy inferiores en diciembre).
Para evitar un cierre total de las refinerías, como el Centro de Refinación Paraguaná, PDVSA ha implementado medidas desesperadas:
- Almacenamiento flotante: Uso de barcos petroleros como tanques temporales en el mar.
- Piscinas de desechos: Envío de combustible residual a fosas de residuos en el occidente del país (una solución de último recurso con alto riesgo ambiental).
- Reapertura de tanques obsoletos: Intentos por reactivar infraestructura que estaba fuera de servicio.
El papel de los «intermediarios» y la «flota fantasma»
Para intentar evadir el cerco financiero, Venezuela depende de una red de intermediarios que utilizan una «flota fantasma». Estos barcos apagan sus sistemas de ubicación para transportar crudo y residuos hacia Asia (principalmente China) sin ser detectados, aunque las recientes incautaciones por parte de EE. UU. han frenado incluso estas operaciones clandestinas.
¿Qué es el Combustible Residual?
El combustible residual es la clave del colapso logístico.
El «fondo del barril»: Es el subproducto pesado que queda después de que la refinería extrae los productos valiosos y ligeros (como gasolina, diésel o nafta). Es una sustancia espesa, negra y de baja calidad. También se le conoce como Fuel Oil y Bunker
Alto contenido de azufre: El crudo venezolano es naturalmente «pesado» y «amargo» (con mucho azufre). Al procesarlo, genera grandes volúmenes de residuo que no pueden usarse fácilmente en vehículos comunes, sino que se venden como fuel oil para calefacción industrial o para motores de grandes barcos.
El «Cuello de Botella»: Una refinería es como una línea de ensamblaje: si no puedes sacar el residuo (el «desecho» de la producción), no puedes seguir fabricando gasolina. Al no poder exportar este combustible residual a Asia, los tanques de Venezuela se llenan, obligando a detener toda la planta.


