El Fondo Monetario Internacional (FMI) clasificó recientemente a Venezuela como un Estado bajo «Intensa Fragilidad» (Intense Fragility), dentro de su categoría de Estados Frágiles y Afectados por Conflictos (FCS, por sus siglas en inglés).
Esta designación, atribuida por analistas a las consecuencias acumuladas de 26 años de políticas económicas bajo el chavismo, representa tanto un diagnóstico severo de la crisis como una potencial ventana de oportunidad para la recuperación del país.
Según información difundida por el economista Omar Zambrano, jefe de ThinkAnova y profesor de la UCAB, la clasificación implica varias implicaciones prácticas clave para Venezuela:
- Acceso ampliado a financiamiento concesional a largo plazo por parte del FMI y el Banco Mundial, incluyendo préstamos con tasas de interés del 0 % y componentes de donaciones no reembolsables
- Movilización de recursos similares desde otros donantes multilaterales y bilaterales
- Prioridad especial en procesos integrales de reestructuración de la deuda pública, con el respaldo técnico y político del FMI ante acreedores internacionales.
- Despliegue masivo de asistencia técnica y programas de capacitación para fortalecer instituciones nacionales en materia de diseño, implementación y monitoreo de políticas macroeconómicas y sectoriales
La deuda pública venezolana se estima en torno al 180 % del PIB (sin considerar aún sentencias arbitrales o juicios pendientes por incumplimientos previos), lo que agrava la situación fiscal. La portavoz del FMI, Julie Kozack, describió la coyuntura económica y humanitaria del país como «bastante frágil», caracterizada por inflación de tres dígitos, depreciación acelerada de la moneda, pobreza elevada y escasez persistente de servicios básicos.

Una oportunidad condicionada
Zambrano destacó que esta categorización abre «una ventana de oportunidad» para que Venezuela se reincorpore a los mercados financieros internacionales, estabilice su economía y logre un crecimiento sostenido. Sin embargo, subrayó que el aprovechamiento efectivo de estos mecanismos depende de condiciones políticas fundamentales:
«Para eso necesitamos un gobierno con credibilidad. Para eso necesitamos la redemocratización del país y un gobierno con pleno respaldo popular.»
La clasificación sitúa a Venezuela en una lista que incluye países como Sudán, Yemen, Somalia, Myanmar, Chad, Eritrea y varias naciones insulares del Pacífico, aunque en el caso venezolano se destaca la ausencia de conflicto armado activo y se enfatizan las debilidades institucionales y estructurales de largo plazo.
Expertos consultados por diversos medios coinciden en que, sin una transición política creíble y elecciones percibidas como justas y democráticas —tal como ha reiterado recientemente el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio—, las ventajas asociadas a esta designación del FMI podrían quedar en papel.
Mientras tanto, la economía venezolana continúa en un delicado equilibrio, y la comunidad internacional observa de cerca si el país podrá transformar este diagnóstico de fragilidad extrema en el punto de inflexión hacia la reconstrucción.


