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La desigualdad geográfica de la economía venezolana – y cómo afrontarla

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Por Miguel A. Rivas Espinoza en Ecosistema

Venezuela es un país que avanza a cuatro velocidades, con estados que concentran la actividad económica y otros en situación crítica. Las mediciones satelitales revelan estas brechas territoriales y obligan a las empresas a adaptar sus estrategias según cada región.

Geográficamente, hoy Venezuela es un país donde la economía no se reparte por igual, sino que cambia drásticamente de un estado a otro, creando brechas que definen quién prospera y quién se queda atrás. Nuevas metodologías —como el análisis satelital de movilidad, energía y servicios— revelan un territorio partido en cuatro velocidades, donde coexisten burbujas de consumo, bolsillos productivos, áreas estancadas y regiones en estado crítico. Entender esa geografía dispar es hoy indispensable para medir la realidad y para cualquier empresa que quiera operar en un país que ya no es uno solo, sino muchos a la vez.

La crisis económica de años anteriores no fue uniforme, sino que dejó a algunos estados más afectados que a otros, mientras que la posterior –y discreta– recuperación sólo profundizó más las desigualdades en el país. Para Omar Zambrano, economista jefe de ANOVA Policy Research y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, dicha recuperación ha tenido dos grandes características, “está sectorialmente muy concentrada, […] y circunscrita a unos espacios muy pequeños territorialmente”, dice. “Es lo que algunos llamaban antes la burbuja”.

Un estudio del equipo del economista Asdrúbal Oliveros ayuda a precisarlo, al dividir a los estados de Venezuela en cuatro grupos según su nivel de actividad económica: aquellos con actividad económica alta –es decir, los que algunos perciben como “burbujas”, por usar la expresión de Zambrano–, media, baja y crítica –donde los niveles son extremadamente bajos.

Cómo medir una economía fragmentada en tiempo real

La actividad económica analizada por Oliveros se basa en imágenes satelitales que, a su vez, identifican cinco variables: el movimiento de personas y mercancías, la actividad de puertos y aeropuertos, la conexión a internet, uso de la electricidad y emisión de gases. Al agregar los resultados de estas variables, y a través de programas de automatización de datos, se obtiene si un estado particular tiene una mayor o menor actividad económica.

Esta forma de medir la actividad económica puede discrepar de otros indicadores más convencionales, como el producto interno bruto (PIB) –que observa la producción de bienes y servicios finales de una economía o su nivel de ingreso–, pero puede ser más útil para entender el caso venezolano, ya que –a diferencia del PIB– el uso de imágenes satelitales ofrece una ventana más completa para leer lo que sucede en un país, no limitándose sólo a unos cuantos datos que no contemplan la escasez de información ni la informalidad de la estructura económica. Además, estas mediciones permiten observar el movimiento económico en tiempo casi real y con gran precisión territorial, abriendo la posibilidad de tener mayor detalle por estado y revelando contrastes que las estadísticas tradicionales no alcanzan a registrar.

Otro punto a considerar de las imágenes satelitales es su relación con el stock de capital, es decir, con el valor de los activos fijos –como infraestructura, máquinas, instalaciones y equipamientos– de una economía. Bajo los indicadores tradicionales, un mayor stock de capital suele estar relacionado con un mayor PIB, después de todo, si la capacidad productiva de un país es elevada, en teoría, su producción también debería serlo, y viceversa.

Pero según Oliveros, al analizar la actividad económica con imágenes satelitales, esto no influye del todo. “Aquellas zonas donde tienes graves problemas de electricidad, de acceso a combustible, problemas ligados a conexiones de internet [a pesar de poder tener un alto stock de capital], tienen un impacto bastante negativo en el índice de actividad económica”, explica.

En cambio, la infraestructura sí impulsa la actividad económica cuando esta se concentra en puertos y aeropuertos, en atender servicios básicos, y si es utilizada por los sectores económicos de alto crecimiento, como el comercial, por ejemplo.

Cuatro Venezuelas en un mismo mapa

Según los resultados más recientes del estudio del equipo de Oliveros,  los estados de Venezuela se dividen de la siguiente forma por su actividad económica:

Actividad alta: Distrito Capital y Miranda.

Los estados que componen el área metropolitana de la ciudad capital –donde se concentra gran parte de la economía de bienes y servicios, las sedes de cientos de empresas y un número importante de municipios ricos– son los que más actividad económica generan en el país, y es que según estimaciones del economista Daniel Cadenas, también concentran más del 25% de la riqueza nacional (si además se incluye a La Guaira).

Caracas también se beneficia por los flujos migratorios internos. Y es que la crisis económica de años anteriores no sólo contribuyó a que millones de venezolanos se fueran del país, sino que incluso muchos que permanecieron en él, cambiaran de lugar. Al registrar un mayor poder adquisitivo, orientarse a sectores en crecimiento como el de comercio y servicios, y contar con menos deficiencias de servicios básicos, se ha convertido en el destino principal de los venezolano que antes vivían en el interior.

Actividad media: Anzoátegui, Carabobo, Lara, Portuguesa, Táchira y Zulia.

A pesar de no ofrecer los mayores grados de dinamismo, estos estados ofrecen lo que Zambrano denomina “bolsones de actividad económica”, es decir, oportunidades de mercado más tangibles fuera de la capital.

Un ejemplo destacado en este sentido es Portuguesa, que se ha erigido como un “corazón agroindustrial o de actividad agroindustrial y pecuaria”, según menciona Oliveros, gracias a la sinergia entre pequeños y grandes productores, su ubicación estratégica y el rol que mantienen los alimentos dentro de los presupuestos familiares. De hecho, la economía de Portuguesa ha llegado a remar en contracorriente con la de Venezuela, y hasta se ha ubicado dentro del grupo más destacado de actividad económica en ediciones anteriores del estudio –retrotrayéndose en los últimos resultados debido a factores climáticos. 

En los casos de Anzoátegui y Zulia, se han visto beneficiados por ser de los estados petroleros con relativamente mejores servicios e infraestructura del país. Similarmente, Táchira ha aprovechado un mayor dinamismo económico en la frontera con Colombia y Carabobo –a pesar de la desaparición de gran parte de su parque industrial– ha buscado mantenerse como uno uno de los principales centros industriales y comerciales del país. 

Actividad baja: Aragua, Barinas, Bolívar, Guárico, Monagas, Trujillo y Yaracuy.

Se trata de zonas donde la estructura productiva se ha reducido con el tiempo y la recuperación ha sido más lenta. En Bolívar, por ejemplo, el retroceso de las industrias básicas ha tenido un impacto sobre la actividad económica; mientras que Monagas –pese a experimentar ocasionalmente bocanadas de oxígeno vinotinto– también ha visto disminuir su peso en la actividad petrolera respecto a otros estados como Anzoátegui o Zulia.

Actividad crítica: Amazonas, Apure, Cojedes, Delta Amacuro, Falcón, Mérida y Sucre.

Son los estados con mayores debilidades en infraestructuraseguridad y servicios, generando las mayores ineficiencias operativas. Por ejemplo, en el caso de Mérida –que antes destacaba por atraer turistas y ser uno de los centros universitarios del país– la crisis de servicios llegó a un punto en el que se registraron hasta 1623 horas sin electricidad, un aproximado de más de 65 días. Como consecuencia, el sector hotelero del estado llegó a operar al 10% de su capacidad hace algunos años. Su producción agrícola también se ha visto diezmada en los últimos años.  

Sin embargo, la actividad económica baja o crítica no implica consumo nulo, sino oportunidades algo más puntuales, limitadas por un poder adquisitivo bajo y un menor acceso a servicios. “Conozco empresas con las que he trabajado que tienen buen desempeño en zonas de baja actividad”, dice Oliveros, “También empresas que les va muy bien en el Oriente, que también tiene una situación de muy baja actividad”.

Lecciones empresariales en el país archipiélago 

Las diferencias económicas entre los estados del país no implican necesariamente una barrera insuperable de crecimiento para el ecosistema empresarial venezolano. Todo lo contrario, ofrecen oportunidades de éxito, siempre que se tenga flexibilidad estratégica suficiente y se realicen monitoreos constantes. “Las empresas no deberían enfocarse en una sola estrategia de precio comercial en Venezuela”, explica Oliveros, “Hace falta en muchos casos regionalizar estrategias y probablemente tener incluso estrategias comerciales y de precio diferenciadas por zona”.

Por ejemplo, de acuerdo con el economista, una empresa podría mantener una estrategia más agresiva en la región capital y sus alrededores –donde a mayor actividad económica, la dinámica competitiva puede ser más fuerte–, mientras que en Táchira el foco puede estar más en el monitoreo de los jugadores formales e informales –sobre todo los provenientes de Colombia–, y en el Oriente centrarse en precios más bajos –pues con una actividad económica baja o crítica, y un consumidor más empobrecido, la sensibilidad a los precios es mayor.

Así, la segmentación del consumidor por su estado es clave, pues conocer las necesidades que su contexto le genera, da una mayor facilidad en el trazado de planes.

Otro punto importante es el acceso a divisas, que en ocasiones puede provenir directamente de remesas. Sobre este punto, Zambrano estima que el 25% de los venezolanos recibe pagos provenientes del extranjero por un monto aproximado de USD 140 al mes, pagos que son más bajos en el interior que en Caracas, “pero aunque no son mayores sí son más importantes”, señala, “porque representan una mayor proporción del ingreso”.

Ante la geografía actual, muchas empresas grandes han priorizado focalizar su presencia en las zonas céntricas, aquellas con mayor actividad económica; mientras que en los estados de actividad baja o crítica, los espacios de mercado están siendo capitalizados por las empresas más pequeñas y regionales, sobre todo aquellas porque entienden a sus consumidores. De acuerdo con Oliveros, en estos últimos estados más sensibles a precios, la clave es construir “la capacidad logística y operativa de tener una muy buena distribución, y eliminar o disminuir el uso de intermediarios –para que no se inflen más los precios– son factores fundamentales que influyen [en el éxito]”, dice.

Venezuela no se puede entender por un promedio, que tiende a ocultar más que a revelar. En el plano regional o estadal, su economía es un conjunto de realidades superpuestas, en el que dependiendo dónde se mire, se pueden encontrar oasis de consumo o desiertos. Pero incluso en estos últimos, las oportunidades no son inexistentes, están ahí para las empresas que realmente estén dispuestas a sumergirse en el arroz con mango, a entender a sus consumidores y tener la flexibilidad necesaria. 

“Las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una en su propia forma”, dijo una vez el escritor ruso Leon Tolstoi. Más vale escucharlo para entender el mapa del país.


Miguel A. Rivas Espinoza es staff writer de Ecosistema. Es economista y profesor de la Universidad Metropolitana de Caracas.

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