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Nacionalización Revertida: El impacto de las licencias 46A, 48, 30B y 50 en la autonomía venezolana.

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Por Carlos Torrealba Rangel

​El reciente despliegue de las Licencias Generales 46A (Actividades con petróleo de origen venezolano), 48 (Suministro de bienes y servicios), 30B (Operaciones portuarias y aeroportuarias) y 50 (Inversiones de ciertas entidades) marca un hito en la relación energética entre Venezuela y Estados Unidos. Sin embargo, tras la fachada de la «flexibilización», subyace un complejo mecanismo de control que redefine los conceptos de soberanía y autonomía económica.

1.-Soberanía bajo Jurisdicción Ajena

​El primer punto crítico es la cesión de soberanía jurídica. Al establecer que los contratos firmados con PDVSA deben regirse por las leyes de Estados Unidos y resolverse en sus tribunales, Venezuela recupera operatividad técnica a cambio de delegar su marco legal. Es una soberanía fragmentada: el Estado administra el recurso, pero Washington administra el permiso y la legalidad para comercializarlo.

2.-Autonomía y el Veto Geopolítico

​La autonomía de decisión del país se ve directamente condicionada por el veto a la multipolaridad. Las licencias prohíben taxativamente transacciones con socios estratégicos como Rusia, China o Irán. Esto obliga a una reorientación forzosa de la matriz comercial venezolana hacia Occidente, limitando su capacidad de actuar como un actor independiente en el tablero global y desarticulando alianzas previas.

3.-Ganancias: Estabilidad vs. Control Estratégico

​Las ganancias son asimétricas pero tangibles. Para Venezuela, el beneficio inmediato es la «oxigenación fiscal»: la entrada de tecnología y la posibilidad de pagar impuestos locales directamente en divisas alivian la presión presupuestaria. Para Estados Unidos, la ganancia es estratégica: asegura un suministro cercano de crudo pesado y obtiene una «radiografía» exacta de la industria nacional a través de los informes obligatorios que las empresas deben enviar a sus departamentos de Estado y Energía.

4.-Balance de Pérdidas: El Costo de la Dependencia

​En términos de pérdidas, Venezuela enfrenta el riesgo de consolidar una economía de enclave. Se genera crecimiento, pero bajo un modelo de «privatización tutelada» donde la estabilidad económica queda atada a la voluntad administrativa de un gobierno extranjero. Por su parte, para el sistema internacional, esto representa una pérdida de la libertad de mercado, donde el flujo financiero no lo determina la oferta y la demanda, sino la oficina de control de activos de una sola nación.

5.-La Nacionalización Revertida por la Vía de los Hechos

A diferencia de la nacionalización de 1975 o la apertura de los 90, este escenario no nace de una política pública soberana, sino de una necesidad de supervivencia bajo condiciones impuestas. El hecho de que la principal industria del país no pueda mover un solo barril, contratar un seguro o reparar una válvula sin una «dispensa» administrativa de Washington (las licencias), confirma esa condición de nación tutelada.

6.-Consecuencias de la Pérdida de la «Palanca Autónoma»

– Desarticulación del Plan de la Nación: Si el Estado no tiene autonomía sobre sus ingresos petroleros ni sobre con quién asociarse, el desarrollo económico deja de responder a un proyecto de país y pasa a responder a la geopolítica de la energía de un tercero.

– El Modelo de Enclave: El petróleo corre el riesgo de convertirse nuevamente en una actividad aislada del resto de la economía. Las empresas bajo licencia operarán con altos estándares, pero la transferencia de tecnología y el encadenamiento productivo nacional quedarán limitados por las restricciones de cumplimiento (compliance) que impone la OFAC.

– Vulnerabilidad Extrema: El desarrollo social y la inversión pública quedan sujetos a la volatilidad de la política interna de Estados Unidos. Un cambio de administración en la Casa Blanca o un giro en su política exterior puede cerrar el «grifo» de las licencias, dejando al país sin su principal motor de forma súbita.

​Resumen del Balance Estratégico

En definitiva, nos encontramos ante un escenario de nacionalización revertida por la vía de los hechos. Venezuela es hoy una nación tutelada cuya principal industria queda, en la práctica, en manos de las decisiones políticas de Estados Unidos. Bajo este esquema de «oportunidad y riesgo dinámico», el petróleo deja de ser esa palanca autónoma capaz de impulsar, por sí sola, el desarrollo económico y social futuro del país. El motor de nuestra economía ahora funciona con una llave que se custodia fuera de nuestras fronteras.

Carlos Torrealba Rangel

14-02-2026

*Instagram y Facebook:*

@carlostorrealbarangel

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