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Petróleo y crecimiento económico en Venezuela

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Venezuela, una nación con vastas reservas de recursos naturales, ha experimentado en las últimas décadas una profunda crisis económica. Las raíces de esta situación se encuentran en la erosión institucional iniciada durante el gobierno de Hugo Chávez, caracterizada por la violación del derecho de propiedad, la imposición de controles de precios y la implementación de sistemas centralizados de administración de divisas. Estas políticas, sumadas a una inestabilidad política persistente, han debilitado significativamente la estructura económica del país. Entre 2018 y 2019, Venezuela enfrentó una hiperinflación sin precedentes, y aunque esta se ha moderado, la inflación sigue siendo considerablemente alta. De acuerdo con los datos del Inflaciómetro Ampliado, el incremento anual de los precios es de 37,58%[1].

Por: Oscar José Torrealba – Cedice

Gráfico 1: Variación anual del PIB de Venezuela y promedio de 18 países de Centro y Suramérica según FMI (2013-2025)

Fuente: World Economic Outlook October 2024

A partir de 2022, surgió un debate sobre una posible recuperación económica, motivado por una variación positiva del Producto Interno Bruto (PIB) tras ocho años de contracción. Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), entre 2013 y 2020, Venezuela perdió el 74,35% de su PIB. En 2021, se registró un crecimiento que puede atribuirse a un efecto de recuperación tras la crisis de oferta provocada por la pandemia de COVID-19. Desde entonces, la variación del PIB ha sido positiva, pero no supera el promedio de crecimiento de la región. Es decir, mientras otros países de Centro y Suramérica avanzan a un ritmo más acelerado, la recuperación venezolana es más modesta. A pesar de este crecimiento, la economía venezolana enfrenta múltiples obstáculos: una demanda interna debilitada, aumento de la presión tributaria, inflación persistente, una diáspora que supera los 8 millones de ciudadanos, falta de inversión y tensiones políticas que complican el escenario económico.

Gráfico 2: PIB proyectado para 2024 en dólares estadounidenses a precios corrientes según FMI

Fuente: Venezuela en cifras. Octubre de 2024

En 2024, se proyecta que el Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela alcance 106.330 millones de dólares estadounidenses (precios corrientes), ubicándose en la mediana entre 20 países de la región. Al comparar con países de la región, Perú, con una población cercana a 33,7 millones de habitantes, proyecta un PIB de 283.310 millones de dólares para 2024, mostrando una economía más sólida a pesar de tener una población similar a la de Venezuela. República Dominicana, con aproximadamente 11,3 millones de habitantes, alcanza un PIB estimado de 126.240 millones de dólares, lo que evidencia un desempeño económico superior al de Venezuela, incluso con una población mucho menor. Por su parte, Colombia, con 52,1 millones de habitantes, y Chile, con 19,9 millones, presentan economías significativamente más grandes, con PIBs proyectados de 417.210 y 328.720 millones de dólares, respectivamente. Estas cifras subrayan el rezago económico de Venezuela frente a países vecinos, algunos de los cuales tienen menos recursos naturales, menos territorio o menor población, pero logran mayores niveles de producción y riqueza.

La dependencia de Venezuela en la actividad petrolera es evidente. Según estimaciones de Cedice Libertad y Albusdata, el crecimiento del PIB para 2024 se proyecta en 2,3%, con una variación en la actividad petrolera del 7,9% y en la no petrolera del 0,4%. Esto indica que el sector petrolero es el principal motor del crecimiento económico reciente, mientras que otros sectores permanecen estancados.

Gráfico 3: Variación del PIB y de la actividad petrolera y no petrolera según Cedice Libertad – Albusdata

Fuente: Venezuela en cifras. Octubre de 2024

Desde mediados de 2020 se observa un incremento en la producción petrolera, alcanzando 927.000 barriles diarios en agosto de 2024, aunque aún por debajo del millón de barriles diarios. La participación de empresas como Chevron, que opera en Venezuela bajo excepciones a las sanciones impuestas por Estados Unidos, ha dinamizado la producción petrolera. Sin embargo, esta dependencia expone a la economía venezolana a riesgos asociados a la volatilidad de los precios del petróleo y a posibles cambios en las políticas internacionales. Por su parte, los precios del petróleo, por su naturaleza volátil, presentan fluctuaciones que pueden afectar significativamente los ingresos del país. La dependencia de Venezuela en el petróleo la hace vulnerable a estas variaciones de precios.

Gráfico 4: Producción petrolera y precios del barril de petróleo según Cedice Libertad – Albusdata

Fuente: Venezuela en cifras. Octubre de 2024

Es imperativo que Venezuela diversifique su economía y reduzca su dependencia del petróleo, no sólo como un objetivo estratégico sino como una condición esencial para alcanzar un crecimiento sostenible y equilibrado. El fortalecimiento de la actividad no petrolera debe comenzar con el rescate del sector privado, que ha sido severamente golpeado por años de controles, políticas restrictivas y falta de seguridad jurídica. Esto requiere la implementación de políticas económicas que prioricen la libertad de mercado, el respeto por los derechos de propiedad y un marco regulatorio que ofrezca certidumbre a los inversionistas nacionales e internacionales. Solo así se puede restaurar la confianza en la economía y permitir que los emprendedores, quienes son los verdaderos motores del crecimiento, identifiquen y aprovechen oportunidades de inversión. Asimismo, es necesario replantear el papel del Estado, limitando su intervención en la economía y enfocándolo en garantizar derechos fundamentales, seguridad jurídica y un entorno propicio para el intercambio voluntario.

La dependencia del sector petrolero no solo es un reflejo de una economía monoestructural, sino también una vulnerabilidad frente a las fluctuaciones del mercado energético global. La proyección de un crecimiento del 7,9% en la actividad petrolera frente a un exiguo 0,4% en la no petrolera muestra que el resto de la economía no tiene los incentivos ni las condiciones necesarias para contribuir significativamente al desarrollo del país. Esta realidad no solo limita las oportunidades para diversificar fuentes de ingresos, sino que perpetúa un modelo económico insostenible.

Finalmente, es importante reconocer que el futuro de Venezuela no puede depender únicamente de la extracción y venta de un recurso volátil como el petróleo. El rescate de la economía venezolana pasa por devolverle protagonismo a la iniciativa privada, incentivando la innovación y la productividad que puedan generar empleos de calidad y mejorar el nivel de vida de los ciudadanos. Este cambio estructural, aunque desafiante, es posible si se adoptan políticas que respeten los principios del libre mercado y se orienten hacia la creación de una sociedad abierta, basada en la cooperación voluntaria y el respeto mutuo.

La recuperación económica no será inmediata ni sencilla, pero los datos analizados muestran una oportunidad para construir un modelo económico más resiliente y diversificado. Las reformas deben enfocarse en devolverle la libertad económica al ciudadano, permitiendo que las fuerzas del mercado conduzcan a un crecimiento genuino y sostenible. Venezuela tiene un largo camino por recorrer, pero con las políticas correctas y un compromiso con los valores de la libertad y la responsabilidad, puede sentar las bases para un futuro próspero y estable.

Autor: Oscar José Torrealba. Economista Investigador Senior OGP – CEDICE

Fecha de publicación: 26 de noviembre de 2024

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