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Sistema eléctrico no soportaría la reactivación económica ni un hipotético retorno de la diáspora

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Especialistas consultados por diario El Carabobeño explicaron que la falta de transparencia y el “apagón informativo” por parte del gobierno en el manejo del servicio eléctrico solo entorpecen el análisis y la generación de soluciones a la crisis

Los apagones en Venezuela son la crónica de una muerte anunciada. El ocurrido el pasado viernes 17 de diciembre dejó nuevamente en evidencia la preocupante realidad del Sistema Eléctrico Nacional (SEN): está colapsado y no es capaz de generar la electricidad suficiente para cubrir la demanda de la población, que en  ocho años ha caído en alrededor de 33 %, de acuerdo a cifras extraoficiales.  

Si en Venezuela se materializa la reactivación del aparato productivo, aunque sea en un mínimo porcentaje, y se produce un hipotético retorno de una parte de la diáspora, el SEN no tendría capacidad para cubrir el repunte del consumo que eso implicaría, señaló en entrevista con El Carabobeño el ingeniero José Aguilar, consultor internacional en materia de generación de energía. 

Este año el pico máximo de demanda alcanzó los 12 mil megavatios (MW) en todo el país, según estimaciones del especialista. Son seis mil MW menos que en 2013, como consecuencia de la disminución progresiva de la actividad del parque industrial, la desaceleración de la economía y la salida del país de más de seis millones de ciudadanos, principalmente a causa de la emergencia humanitaria compleja.

A pesar de la caída sostenida de la demanda desde 2013, en 2021 hubo un déficit promedio de mil 500 MW, ya que cuando Corpoelec intenta que el SEN produzca por encima de los 10 mil 500 MW, las plantas hidroeléctricas y las pocas termoeléctricas que están operativas colapsan.

“El sistema está muy débil”, insistió. Es tanto el deterioro que cualquier incidente o falla, por pequeño que sea, deriva en una afectación de amplio espectro, como los apagones registrados en 2019 y el de este mes. “Esos incidentes tuvieron su origen en la central hidroeléctrica Guri o en sus sistemas de transmisión, que son el corazón del SEN. Por eso la afectación fue muy grave”. 

José María De Viana, ingeniero civil  y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), coincidió con Aguilar en cuanto al diagnóstico de la fragilidad que hoy presenta el SEN. Y agregó: “No hay forma de que algún país en el mundo pueda tener crecimiento económico si no resuelve los problemas básicos de electricidad, agua y telecomunicaciones”. 

De Viana, que conoce bien el funcionamiento de los servicios públicos tras haber ocupado los más altos cargos de Hidrocapital y Cantv, fue enfático al advertir que el parque industrial manufacturero no podría desarrollarse mientras casi el 50 % de las generadoras de electricidad están inoperativas. 

Detalló que buena parte del problema está centrado en la falta de personal capacitado, así como en la obsolescencia de las tecnologías y la ausencia disciplina en el manejo administrativo. “Las empresas de electricidad exitosas en la región tienen como característica el uso de las últimas tecnologías y cuentan con técnicos de muy alto nivel en los cuadros gerenciales internos, independientemente de quién sea el accionista: si el Estado o algún privado”. 

Para Aguilar también son múltiples las causas que convergen y ocasionan el colapso del sistema, pero ninguna está asociada a las “excusas” que según sus palabras usan las autoridades para justificar las fallas, como los supuestos “ataques terroristas”.  Expuso que más bien tienen que ver con la corrupción y el uso del sistema eléctrico al servicio de una ideología política y no de la prosperidad de la nación. 

“No se tiene en el plantel gerencial al personal idóneamente capacitado”, dijo. “Los recursos no están disponibles porque son mal administrados y esto ha hecho que las tareas de mantenimiento en estos últimos 22 años sean subestándar o muy deficientes, lo que nos llevó a arrastrar problemas de larga data que solo han empeorado”. 

Desperdicio de energía en plena crisis 

Este año ha sido uno de los más excepcionales para el país en cuanto a la hidrología del río Caroní, cuyos caudales han registrado un récord histórico desde que se comenzaron a llevar las estadísticas, en 1950, resaltó Aguilar. A esto se le suma que, en comparación con 2020, en 2021 hubo un perfil de temperatura y clima más favorable. 

Sin embargo, ninguno de estos aspectos pudo ser aprovechado, sino todo lo contrario: en plena crisis energética, en Venezuela se desperdicia el equivalente a unos cinco mil MW mediante la represa del río Caroní Las Macagua, en Ciudad Guayana, estado Bolívar, debido a que las hidroeléctricas perdieron capacidad para transformar esa energía en electricidad y, aunque la pudiesen transformar, la red de transmisión no lo soportaría. 

“Una cosa es tener el potencial energético y otra es poder utilizarlo”, sostuvo. “El sistema de transmisión que permite evacuar esa energía desde Guayana hasta el resto del país está muy maltrecho y averiado”. 

A su juicio, se trata de una tragedia energética, porque los cinco mil MW que se están desperdiciando al no poder aprovechar los caudales del río Caroní, servirían para cubrir de sobra el déficit de mil 500 MW reportado extraoficialmente este año. 

Termogeneración en Carabobo y otros estados

El 95 % de las unidades termoeléctricas del eje Carabobo-Aragua están inoperativas, alertó Aguilar. Ambos estados, junto a Yaracuy, Cojedes, la parte baja de Miranda, bajo Apure, parte de Portuguesa, Falcón, entre otros del centroccidente, representan el bloque con mayor demanda, y paradójicamente son los que tienen la generación interna más débil por el desgaste de sus plantas y el difícil acceso al combustible para abastecerlas. Esto los hace depender en gran medida del Guri. 

El ingeniero calificó como inaudito el hecho de que Corpoelec produzca a duras penas unos 250 MW en Carabobo, cuando el estado tiene capacidad instalada para generar alrededor de cuatro mil 700 MW mediante sus seis plantas termoeléctricas. 

De las seis termogeneradoras, funcionan parcialmente dos: Planta Centro, con solo una de sus seis unidades operando a 50 % de su capacidad, y Pedro Camejo, que presenta severos problemas de desgaste ante la falta de mantenimiento mayor que se le debió hacer hace casi seis años. 

En Planta Centro, ubicada en el municipio Juan José Mora del eje costero carabobeño, la única operativa y bajo modalidad de “carga reducida” es la Unidad 5, que a pesar de tener capacidad para generar 440 MW, produce solo 200 aproximadamente. Esta situación “solo hace que se incremente el riesgo de daño y deterioro de la unidad”. 

Si la Unidad 5 produjera al 100 % de su capacidad, los 440 MW serían absorbidos por Carabobo y Aragua, al tiempo que aumentaría la estabilidad del servicio en los estados centroccidentales y de Los Llanos, ya que bajaría la presión del sistema interconectado. 

Por otra parte, la planta Pedro Camejo, en Valencia, opera con solo una unidad y de forma parcial. “Esta planta está sobrecargada en cuanto a las horas de operación. No creo que exista otra máquina como esta en el mundo que siga operando sin que se le haya hecho el mantenimiento mayor en el tiempo indicado”. Esporádicamente también ponen a funcionar Planta del Este. 

¿Por qué fallan también las telecomunicaciones? 

Casi inmediatamente después de que ocurren los apagones, también fallan las telecomunicaciones. En el apagón del 17 de diciembre, por ejemplo, la conectividad a internet se desplomó hasta el 26 % de sus valores normales, de acuerdo al reporte de VE sin Filtro, un observatorio que monitorea los bloqueos y las restricciones en el acceso a internet en Venezuela desde 2014.  

De Viana aclaró que esto ocurre porque, al igual que el servicio eléctrico, las telecomunicaciones tienen problemas estructurales bastante complejos. Es por eso fallan incluso cuando no hay interrupciones de electricidad. 

“Las leyes de telecomunicaciones en Venezuela obligan a las empresas que prestan este servicio a tener sistemas redundantes que garanticen hasta cuatro horas de respaldo y, en los puntos más importantes, también motogeneradores”, recordó. Sin embargo, esto se convirtió en letra muerta. “Ahora es frecuente que cuando falla la electricidad, también fallan las telecomunicaciones, lo cual no es aceptable según la ley”. 

Años atrás, a las compañías de telecomunicación que no garantizaban el respaldo del servicio en medio de un apagón les aplicaban sanciones severas, por lo general inclinadas hacia el pago de grandes multas por incumplir el contrato de concesión asumido con el Estado venezolano. 

¿Más apagones en 2022?

Aguilar no dudó al decirlo: “El próximo año seguiremos propensos a los apagones, porque el mantenimiento que se ha hecho es insuficiente para la gran cantidad de problemas acumulados. Eso nos deja vulnerables”. Proyectó que la agudización de las fallas podría presentarse a partir de junio, que es cuando tradicionalmente se ha registrado un repunte de la demanda. 

El sistema seguirá trabajando bajo presión, porque tanto generación hidroeléctrica como la termoeléctrica están muy debilitadas y se necesita de ambas fuentes para poder responder de forma equilibrada al consumo de la población. Además, si el 2022 trae consigo un perfil de temperatura y clima no tan favorable como el de este año, mantener estable el SEN se dificultará todavía más.  

Es muy posible que en Los Andes ocurran las primeras expresiones de la marcada fragilidad del SEN, afirmó. En esa región las plantas hidroeléctricas y los embalses no son de gran almacenamiento y, por lo general, ya en febrero comienzan a presentar niveles de agua muy bajos. 

“Y cuando falla el sistema en Los Andes, es de preocupación, porque el problema se manifiesta simultáneamente en el Zulia, Lara, Falcón y otros estados que geográficamente están en el Occidente”, puntualizó. 

Hay soluciones, pero falta voluntad

Entre tres y cinco años. Eso es lo que le tomaría a un equipo de alto rendimiento, conformado por técnicos y gerentes altamente capacitados, y no por “fichas políticas”, mejorar de forma integral el SEN. En un primer año, con trabajo arduo y las tareas más urgentes ya resueltas, podría comenzar a ser perceptible para la población un cambio positivo en el servicio. 

“En este oscuro panorama, Venezuela tiene a su favor la ventaja de que gran parte de la infraestructura ya existe y solo requiere de mantenimiento, que se puede hacer rápidamente”, explicó Aguilar. 

Consideró, además, que la crisis energética difícilmente podrá superarse si no hay un cambio en la conducción del país y, específicamente, en el organigrama que hoy está al frente del sistema eléctrico, porque quienes toman las decisiones en materia eléctrica “no han mostrado capacidad de rectificación” para comenzar a trabajar en soluciones acertadas y despolitizadas.

De Viana también está convencido de que el principal cambio dentro de la administración del servicio eléctrico debe ser el capital humano. “Se necesita una inyección de talento, no es algo solo de recursos económicos como la gente suele pensar, ya que la mayor parte de lo que hay que hacer en Venezuela es poner a funcionar lo que ya tenemos. Pero debe ser con gente que sepa cómo invertir los recursos y dirigir los procesos con transparencia”. 

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