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¿Acto de Fe o Complicidad? Exigiendo indignación por un dinero fantasma en Venezuela

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Por Luis Carlos Diaz @LuisCarlos

¿Hay manera oficial de saber cuánto aportan las empresas petroleras extranjeras al presupuesto nacional?

Si buscan en la web de PDVSA, no está. Si buscan en la web del Ministerio de Hidrocarburos, tampoco se encuentra.

No aparece en los reportes del Seniat. No aparece en el Presupuesto de la Nación. No está disponible en la web del Banco Central de Venezuela ni en los informes de la Asamblea Nacional. Si buscas en los medios oficiales como VTV, teleSUR, Globovisión, El Universal y Últimas Noticias, tampoco se ven los reportes.

Es que ni siquiera está en la web del Ministerio de Comunas, por si acaso le avisan a las bases populares que le quedan a la burocracia. Nada. Esa información no se consigue. No está detallada. Definitivamente en Venezuela no se rinden cuentas sobre los ingresos de la nación.

Y si en lugar de buscar los ingresos petroleros del país se busca el destino, el uso de ese dinero, tampoco aparece nada en ninguna de las páginas mencionadas. A lo sumo se dice que algo del dinero de Chevron va a parar a las «mesas de cambio» del BCV, pero no se sabe cuánto es ni qué porcentaje es eso del total ni a quién se le adjudica.

Por lo tanto resulta curioso que le exijan a la gente que se indigne, que se levante, que una sus narrativas a las del chavismo en el reclamo de los ingresos petroleros y la presencia de empresas extranjeras en el país.

Es curioso porque se le pide a la gente que llore por un dinero que no ve, sobre el que no tiene rendición de cuentas ni se conecta con su vida tan precaria. Se le pide un acto de fe. Se dice que la situación del país puede empeorar, pero no se dice oficialmente cuánto ni cómo ni dónde. Por lo tanto hay confusión entre la supuesta falta de recursos y la más que confirmada mala administración.

Ese divorcio entre el grupo conectado a la renta petrolera y el resto de la gente es un abismo gigantesco de exclusión que tiene en combo: violencia, represión y mucho cinismo.

Tal vez habría más unidad nacional en torno al tema si no hubiese un sistema que persigue y asfixia a sus disidentes, que es el 80% de la sociedad. Quizás sin corrupción la población sería más solidaria con la clase gobernante en un momento difícil. Pero no es así. Lo que se pide hoy desde las vocerías del poder y sus aliados es lo más cercano a la complicidad y la chulería, porque se le exige a la gente que en abstracto apoye el reclamo de una actividad petrolera que no significa ningún tipo de bienestar para su vida.

Quien ha tenido que operar a un familiar en un hospital sabe que debe llevar las medicinas. Quien tiene un familiar preso sabe que debe llevarle comida y hasta ropa. Quien tiene a sus hijos o nietos en escuelas publicas sabe que los comedores no están cumpliendo con su obligación de dar comida nutritiva y de calidad sin fallos. Los que sufren la subida del dólar saben que el Estado no los protege. Quienes viven en la burbuja no saben nada de eso porque les resbala.

Eso explica la ruptura entre élites cercanas al poder, con su círculo de normalizadores, y el resto de los venezolanos que no cuentan con el Estado sino como aparato de extorsión y represión.

¿No queda claro el punto? Tan solo escuchen a la gente más que a los lobbistas de la opacidad y la corrupción petrolera.

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