Carta a Alejandro Betancourt, por Soledad Morillo Belloso

Comparte en

Asunto: Sobre milagros petroleros, desmemorias corporativas y la fe en el «negocio propio»

Señorito Betancourt:

He leído su comunicación. Qué conmovedora pieza de prosa nostálgica nos regala. Casi se escapan las lágrimas al leer sobre la entrañable y centenaria amistad entre la ingeniería estadounidense y el subsuelo venezolano. Lástima que el barniz de «filantropía energética» y «prosperidad para la gente» no logre ocultar el tufo a cinismo que despiden sus líneas.

Habla usted de la recuperación petrolera en el Lago de Maracaibo y en la Faja del Orinoco como si fuera una epopeya de resiliencia técnica, olvidando —por pura conveniencia, nos imaginamos— el origen y la trayectoria de quienes hoy pretenden erigirse en los redentores de la industria. Nos habla de «18.000 barriles a 200.000» con la soltura de quien olvida cómo se saquearon, desmantelaron y prostituyeron las capacidades operativas de la verdadera PDVSA meritocrática, para luego venir a revender los escombros vestidos de salvadores corporativos.

Tampoco podemos olvidar que esta no es la primera vez que promete «soluciones» al país. Venezuela entera recuerda muy bien las multimillonarias asignaciones a dedo recibidas por Derwick Associates para supuestamente resolver la emergencia eléctrica nacional. Miles de millones de dólares del erario público terminaron evaporados entre turbinas usadas, sobreprecios escandalosos y facturaciones descaradas, mientras el país quedaba a oscuras, colapsado y sumido en el caos energético que aún padece. Que quien lucró con la quiebra del sistema eléctrico venga hoy a presentarse como el arquitecto de la «seguridad energética» petrolera es una afrenta directa a la inteligencia y a la dignidad de toda una nación.

Resulta particularmente audaz, por no decir descarado, su llamado a los ingenieros y técnicos en el exterior. Pedirle a la diáspora talentosa —a la verdadera masa gris que fue expulsada, humillada y dispersada por el régimen que abonó los negocios de la boliburguesía— que regrese a servir de comparsa a sus licitaciones de conveniencia no es una invitación: es una falta de respeto a la memoria y al sufrimiento del país.

¿»Prosperidad duradera para su gente»? Vaya. La historia reciente de Venezuela ha enseñado a los venezolanos a desconfiar de quienes amasan fortunas meteóricas al amparo de la sombra del poder para luego dar lecciones de desarrollo social. El petróleo venezolano bajo el suelo no necesita «fe» en apóstoles del capitalismo de compadrazgo; necesita institucionalidad, transparencia, estado de derecho y justicia. Todo lo que su narrativa pretende maquillar bajo el eufemismo de la «necesidad geográfica».

Informa con «apertura y transparencia», dice. Estaremos atentos. Porque si algo ha aprendido el venezolano de a pie en este último cuarto de siglo es a leer muy bien la letra pequeña de los contratos que se firman a espaldas del país, aunque vengan redactados con tipografía elegante y promesas de fe.

Guarde la gratitud. En Venezuela lo que sobra es memoria.

Soledadmorillobelloso@gmail.com

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Scroll to Top