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Cisnes Negros: El último viaje de Yamamoto, por Alberto Ray

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El 18 de abril de 1943, en una misión planificada al detalle, el escuadrón 339 del Ejército Norteamericano (en esa época aun no existía la aviación militar como una fuerza) dio muerte al almirante japonés Isoroku Yamamoto, el Mastermind del bombardeo a Pearl Harbor en diciembre de 1941, el ataque que significó la gota que derramó el vaso y metió a los Estados Unidos en la Guerra.

Por: Alberto Ray

Cuatro días antes, la Marina de Guerra de los Estados Unidos había descifrado un mensaje al que no daban crédito; el almirante Yamamoto viajaría a Bougainville, la mayor de las islas Salomón en el Sur Oeste del Pacífico con el propósito de animar a sus tropas que durante ese año estaban sufriendo duros reveses en la guerra, pues la maquinaria bélica de los norteamericanos estaba en pleno desarrollo y su superioridad militar comenzaba a hacer mella al Japón.

Isoroku Yamamoto conocía muy bien a los Estados Unidos ya que pocos años antes había sido agregado militar japonés en Washington DC y había estudiado en Harvard. A él se le atribuye la famosa cita: «Me temo que hemos despertado a un gigante dormido. Su respuesta será terrorífica» tras los ataques de Japón a Pearl Harbor y la declaratoria de guerra de los norteamericanos al Japón.

Yamamoto sabía qué sólo existía una forma de derrotar a los Estados Unidos en la guerra, y se basaba en avanzar rápido y tomar la mayor cantidad de espacio en el Pacífico que les sirviera de palanca para llegar a una negociación con el gobierno norteamericano, quien le reconociera su expansionismo. Isoroku estaba convencido que, si la guerra se prologaba, el Japón no tendría ningún chance de vencer.

El almirante despertaba entre sus compañeros del Alto Mando militar sentimientos encontrados. Por un lado, era un genio en estrategia y fue uno de los creadores de la guerra naval moderna con el uso de los portaviones, pero por otro, su respeto a los Estados Unidos lo hacía ver demasiado cauteloso en comparación con los egos nacionalistas exaltados de los militares nipones. En todo caso, la decisión de viajar ese 18 de abril de 1943 fue cuestionada por algunos de sus subalternos porque consideraban que el almirante corría un riesgo innecesario.

Magic era el nombre clave del proyecto desarrollado por la Signals Intelligence Section (SIS), del Ejército y la Communication Special Unit de la Armada de los Estados Unidos que había permitido descifrar el código encriptado con el plan de vuelo de Yamamoto. Hasta el final de la guerra, los japoneses nunca supieron que las fuerzas militares norteamericanas habían logrado, años atrás, decodificar sus mensajes encriptados, por tal razón seguían utilizando el mismo protocolo conocido como código PURPLE.

Tras conocerse el itinerario de viaje del almirante, se autorizó el diseño de la Operación Venganza que se desplegaría desde Guadalcanal hasta Bougainville con el objetivo de derribar el avión donde volaría Yamamoto. A fin de no despertar sospechas, los aviones estadounidenses no debían volar en línea recta, ya que varias islas en la ruta seguían bajo el control japonés, además el sobrevuelo de naves aliadas en dirección al mismo destino del almirante pondría en evidencia que el mensaje con el itinerario habría sido descifrado.

En tal sentido, la Operación Venganza planteó un vuelo en arco que incrementaba la distancia de 640 a 970 kilómetros de recorrido. Para este trayecto, pocos aviones tenían autonomía suficiente y sólo el P-38, un caza bombardero bimotor muy poco mencionado en la guerra, pero que era tremendamente confiable, era el avión adecuado. Nunca quedó claro quién autorizó esta operación, porque se consideraba que el derribo y muerte de un miembro del alto mando enemigo podría tener implicaciones “éticas” y ser considerado un crimen de guerra. Hoy, los historiadores coinciden que esta misión era conocida por Franklin Roosevelt y que fue el propio almirante Nimitz, comandante general de la flota del Pacífico quien la autorizó.

A continuación, cito un artículo de Diario El País de España que en 2021 publicó parte de la historia:

La Operación Venganza se puso en marcha el 18 de abril de 1943. Los P-38 despegaron de la base de Kukum, en Guadalcanal, con las primeras luces del alba, volando a muy poca altitud –a cincuenta pies, unos quince metros–. El mayor John W. Mitchell, el oficial al mando del ataque, explicó después que, al verse tan cerca de la superficie del mar, comenzó a contar tiburones.

Los P-38 llegaron al punto de intercepción poco antes de que aparecieran Yamamoto y su escolta. A los aviones no les quedaba mucho combustible, y confiaban en que el almirante nipón hiciera honor a su reconocida puntualidad. Pero surgió otro problema al avistar a los aparatos nipones. Estaban los previstos seis cazas de escolta, pero había dos bombarderos G4M Betty, cuando solo esperaban uno, ¿en cuál viajaba Yamamoto?

Caza bombardero P38 Estados Unidos
Caza Bombardero P-38

Estando el convoy de Yamamoto a 15 minutos de su destino, los P-38 entraron en acción y en medio de las ráfagas de los aviones escolta japoneses lograron derribar a los dos bombarderos, que rápidamente dieron por concluida y exitosa la operación. Uno de los aviones japoneses cayó en una isla y se incendió, aunque parte de su tripulación se salvó y el otro se precipitó al mar. En este último viajaba el almirante Isoroku Yamamoto, cuyo cuerpo fue rescatado al día siguiente por la Marina japonesa.

En la autopsia realizada a Yamamoto se indica que recibió dos disparos de ráfaga aérea, uno le impactó en la parte posterior del hombro y otro, con orificio de entrada en la mandíbula y salida a través de un ojo. El forense concluyó que había muerto de forma instantánea y sin sufrimiento.

Tanto, los Estados Unidos, como Japón mantuvieron en secreto la misión, esto a pesar de que varios periodistas que pernoctaban en Guadalcanal se enteraron de primera mano del éxito de la misión, pero el Ejército prohibió su difusión, a fin de mantener en resguardo las operaciones de inteligencia que habían descifrado el código PURPLE.

El 21 de mayo de 1943, el Alto Mando japonés dio a conocer la noticia, el día que llegaron las cenizas del almirante Yamamoto a Tokio, donde fue recibido por más de un millón de personas que le rendieron un último homenaje.

A pesar de la euforia en las filas aliadas por el duro golpe propinado a Japón, a Winston Churchill no le gustó nada la Operación Venganza, señalándola de inútil y riesgosa en un reclamo hecho directamente al presidente Roosevelt.

Quisiera concluir este relato con un par de reflexiones, que nos pueden ayudar a traer los aprendizajes de la guerra a nuestro tiempo actual:

El valor de la Inteligencia y las capacidades de los especialistas aliados que trabajaron por años en decodificar los mensajes, tanto de los alemanes (con Enigma) como de los japoneses (con PURPLE) en conjunto con la disciplina en mantener estas capacidades de manera ultrasecreta por tanto tiempo, significaron, no sólo un activo en extremo relevante para ganar la guerra, sino el acortamiento de la propia guerra. Algunos analistas estiman que gracias ello, el conflicto se redujo en más de tres años y en alrededor de 15 millones de muertes. Me pregunto si en ya entrado el siglo XXI, en esta era de la información globalizada hubiera sido posible mantener este nivel de secretismo en operaciones de Inteligencia. En este mundo de relaciones heterárquicas el enemigo de tu enemigo no es necesariamente tu amigo.

Una segunda consideración es la constante histórica norteamericana del concepto; Bring to Justice, que es un eufemismo que traduce eliminar a los autores intelectuales de los ataques a su territorio. Así lo hemos visto, no sólo con los japoneses en la segunda guerra, sino con líderes del terrorismo islámico en tiempos más recientes.

La Operación Venganza en realidad nuca ha concluido y de tanto en tanto, los Estados Unidos la actualiza y reedita contra sus enemigos. Quizás, en esta época de guerras de quinta generación, Bring to Justice ya no significa exclusivamente la eliminación física de la persona, pero tarde o temprano, aquellos que agreden a la nación del Norte, terminarán condenados, ya sea en una cárcel o en una tumba.

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