Morfema Press

Es lo que es

Con el alma lista para lo imposible, por José Ignacio Gerbasi (@jgerbasi)

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Despierto cada día como si fuera el primero… y también el último. Porque la vida, tal como llega, también se va. No se repite. No se espera. No pide permiso. Y por eso la abrazo con todo. Con gratitud, con coraje, con alegría, incluso cuando hay lágrimas. Porque cada despertar es una nueva página en blanco que Dios me entrega con sus propias manos, y me dice: “escribe”.

El café caliente entre las manos, el frío de la mañana tocando mi piel, y esa primera risa que escapa sin que me dé cuenta cuando juego alocadamente con mis mascotas… ángeles disfrazados de pelaje y mirada limpia, enviados por Dios para recordarme que el amor más puro a veces viene con cuatro patas. ¿Qué más milagro que ese? Ellos me enseñan a vivir el ahora, a saltar sin razón, a amar sin medida.

Y así empiezo mis días: con el corazón lleno de pequeñas bendiciones que muchos no ven, pero que yo abrazo como tesoros. No camino sola. Aunque a veces me lo crea. Aunque a veces el mundo se vuelva confuso y gris. Aunque sienta que la barca se hunde y que el cielo se apaga. Porque en lo invisible Él está. Me guía. Me habla. Me espera. Me sostiene. Aun cuando mi fe flaquea, su fidelidad no cambia. Y es ahí, justo ahí, donde la confianza renace.

Cada paso que doy tiene una razón. Cada herida tiene propósito. Cada silencio es una oración que el alma entiende. Y aunque no siempre entiendo lo que sucede, confío. Confío porque he visto a Dios obrar cuando ya no quedaba esperanza. Porque he sentido su mano en medio de la tormenta. Porque me ha hablado en sueños, en personas, en señales. Porque me ha salvado sin que yo se lo pidiera.

Y por eso me preparo. Me preparo como quien espera una promesa. Me preparo como quien abre las ventanas de su casa para dejar entrar el viento fresco del cielo. Porque sé que los milagros no se terminan. Sé que cada día trae uno nuevo. Tal vez pequeño, tal vez enorme. Tal vez disfrazado de dolor. Pero viene. Siempre viene. Y yo quiero estar lista.

Con cada oración enciendo una luz. Con cada gesto de amor, siembro esperanza. Con cada paso firme, aunque tembloroso, avanzo hacia mi propósito. Porque cada vez entiendo más mi misión. Porque mi intuición es el susurro de Dios en mi alma. Y aunque la confusión me visite, mi fe no se rinde.

Hay días duros, sí. Hay momentos oscuros. Hay silencios que pesan. Pero hasta en la noche más negra, la luna brilla. Y ella me recuerda que todo es parte del camino. Que el dolor también forma. Que la fe también se elige. Que la vida, con sus altos y bajos, sigue siendo una fortuna.

Enciendo una vela. Hago una oración. Pido por los míos, por los que amo, por los que esperan, por los que lloran. Porque sé que Dios escucha. Sé que su amor no descansa. Y sé que mientras respire, mientras mi corazón siga latiendo, Él tiene algo nuevo preparado para mí.

Por eso me levanto cada día con el alma lista para lo imposible. Porque la fe no es solo creer… es estar preparado para recibir.

Vamos por mas…

@jgerbasi

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