Ni siquiera David Alandete, corresponsal en Washington para ABC de España, sabe si la presidenta encargada reconocida por Estados Unidos sería recibida con honores de jefe de Estado y si tendría acceso por el ala oeste de la Casa Blanca para ser recibida por el presidente Trump, en el Despacho Oval, con la parafernalia del caso. Hurgará sí, el prestigioso periodista, sobre cuáles serían la agenda y los respectivos objetivos de los protagonistas en una eventualidad como esa. Seguramente, nos dará luces al respecto. De momento, nos cabe especular sobre ese probable asunto y su repercusión allá y aquí.
En fecha 12 de febrero de 2026, la entonces vicepresidenta interina aseguró que fue invitada a ESTADOS UNIDOS por su secretario de Energía, Chris Wrighty, y que estaría “considerando ir”. Visto que se lo permite el levantamiento de sanciones de la OFAC, impuestas por su ominosa responsabilidad en los desmanes del gobierno de Maduro, es de preguntarse si en esa probable visita habría o no una rueda de prensa conjunta con el presidente Trump y así conocer los detalles de la cita, sobre todo en lo que respecta al rechazo que provocaría su presencia en ESTADOS UNIDOS y saber si se reuniría con los inversores petroleros, que quedaron perplejos en el último foro por su intempestiva huida del mismo.
Allá esa decisión ha causado mucho ruido, al punto de que el pasado 3 de abril el Comité de Exteriores de ESTADOS UNIDOS de la Cámara de Representantes la rechazó por considerar a Rodríguez como una “brutal cómplice” del chavismo en el robo de elecciones y la persecución política contra los venezolanos y porque se produjo sin condicionarla a reformas democráticas y a garantías de respeto a los derechos humanos. Esa decisión, también ha sido severamente cuestionada por la dirigencia democrática venezolana en ambos países.
Para el elocuente presidente Trump, sería la oportunidad de exhibirla como un trofeo de guerra con el propósito de apuntalar la confianza de los empresarios privados de su país para invertir en Venezuela. Es una apuesta riesgosa si consideramos su ambivalencia, tanto que pudiera tornarse escabrosa la reunión con una invitada vulnerable e incómoda, que -a la postre- nada le abonaría a sus pretensiones. Si no hay autoridad legítima, no habrá inversión.
El levantamiento de sanciones a Delcy Rodríguez tendría sentido, en tanto se le tenga como una interlocutora válida en nuestro país para avanzar en las fases que tienen por fin último las elecciones que legitimen los poderes públicos. Ella, pese a sufrir del síndrome de Estocolmo con los ESTADOS UNIDOS, ha sido reticente en cumplir con las exigencias atinentes a la liberación total de los presos políticos y a crear las condiciones para una verdadera transición que nos lleve al camino democrático. Incluso ha ido más allá cuando ha amenazado a María Corina con cargos ante la justicia si regresa al país. En simultáneo, avanza con un proselitismo político que apunta -increíblemente- a una candidatura presidencial libre de polvo y paja. Sin MCM en el país, con designaciones hechas por su ilegítima asamblea nacional del CNE, el TSJ y el Fiscal General, cobijándose para ello en los términos de una Constitución que ha dejado de ser vigente, que caracteriza la desaparición casi absoluta del Estado de derecho que debía regir. A la Constitución la han convertido en un escudo discrecional y utilitario del chavismo, ineficaz para hacer valer los derechos que consagra. Es una ficción que se acrecienta con la nueva realidad que vive el país a partir del 3E, con el tutelaje, el continuismo del régimen y la impunidad de todas aquellas autoridades ejecutivas, legislativas y judiciales que perpetraron el fraude del 28J y reprimieron a sangre y fuego la protesta. Deberían estar tras las rejas.
Por eso Rodríguez, en su narrativa y acción, obvia deliberadamente todo lo que huela a transición y elecciones libres. El país no la percibe como el eslabón necesario en la secuencia de esas fases del mantra de Rubio, es un nudo que se debe desatar para que fluyan. No hace méritos para el perdón de sus pecados por parte de los venezolanos, los hace sí, con Trump, en procura de sus propios intereses. Ella no es el país, ni lo representa legítimamente. En paralelo, el presidente Trump, ha destacado una joint venture con Venezuela en materia de producción y venta de crudo, considerándonos como un “verdadero socio”. Si en verdad lo somos, la administración estadounidense debe ir más allá del tema petrolero con Delcy. El verdadero hub energético de las Américas solo será real con MCM en una Venezuela democrática.
Víctor A. Bolívar
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