¿Economía de postguerra?, por Julio Castillo Sagarzazu

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Que sepamos la operación del 3 de enero en Venezuela, no fue una operación militar. Fue una operación policial. Los chalecos de los funcionarios que extrajeron a Maduro y Cilia decían claramente “DEA”. El uso de los Delta Force fue auxiliar, así como aquí, el CICPC puede pedir ayuda a la Guardia Nacional para ejecutar una medida o para detener un delincuente. La palabra guerra solo se ha escuchado en este asunto en dos ocasiones: La primera cuando el propio Maduro dijo en el tribunal que era un prisionero de guerra y el juez lo mando a callar y ahora, cuando el presidente Trump dice que el botín de guerra corresponde al ganador.

Pareciera entonces que el tema a dilucidar es si Venezuela es un país derrotado en una guerra o un aliado del hemisferio cuyo interés es importante para la primera potencia de la región.

Si es lo primero, lo justo seria reclamar a la potencia vencedora un trato inteligente y justo, como el que los Estados Unidos prodigaron a Europa con el Plan Marshall y al Japón. ¿Qué fue lo inteligente en ambos casos? Pues, en Alemania y Francia no gobernar con los nazis y los colaboracionistas de Vichy y en Japón, redactar una Constitución democrática y avanzada que garantizara el desarrollo económico y social; pusiera a emperador en el sitio que correspondía y preparar a ese país para ser un socio confiable en el Pacífico. En Europa, el instrumento fue el plan Marshall que logró, a la vez de reconstruirla económicamente sobre bases democráticas, convertirla en una aliada fuerte que mantuviera a raya al comunismo que había sentado sus reales en el corazón del continente en aquellos países que quedaron detrás de las líneas del ejercito rojo, en su avance sobre Berlín.

Si la hipótesis que se maneja es lo segundo, pues lo sensato es ordenar el plan de Estabilización, Reconstrucción y Transición Democrática. Para lograr esto ultimo lo mas importante es que los venezolanos y los Estados Unidos, pongamos sobre la mesa certezas, transparencia y confianza.

Certezas sobre la agenda, las fechas, los objetivos sobre los que trabaja la mesa que discute los temas políticos del asunto. Transparencia en lo que se negocia en materia de nuestros recursos, en como se invierte, sobre los planes concretos en materia eléctrica y planes de reconstrucción de infraestructura afectada por el terremoto; sobre ¿cuándo liberaran a los presos políticos y devolverán sus derechos a lideres y organizaciones? y también, lo más importante, ¿cómo queda la vida de los venezolanos, sus salarios, su calidad de vida; cuales serán las medidas inmediatas para que todo esto mejore?

Y Finalmente, construir la confianza que necesitan dos naciones a las que la historia, la geopolítica y hasta la cultura y el deporte, obligan a tenerse para progresar mutuamente.

Venezuela no quiere una economía de guerra y mucho menos una de potencia vencida. Queremos pertenecer al concierto de naciones democráticas; a las del hemisferio y cultura occidental y, sobre todo, a aquellas que se inspiran en los mismos valores y principios que establecen las primeras frases de ambas constituciones: “We the People” y “Nosotros el Pueblo”.

Julio Castillo Sagarzazu

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