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El global-socialismo y el Rey de España

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Felipe VI se dirigió a la Asamblea General de la ONU en nombre de España el pasado miércoles 24. Fue su tercera intervención en este foro desde su proclamación como Rey en el año 2014 y la primera desde que Pedro Sánchez ocupa la Presidencia del Gobierno. Su alocución a una sala medio vacía —leal reflejo de la irrelevancia a la que el 78 ha sumido a España en el concierto de las naciones del mundo— ha impulsado clamores de indignación entre los monárquicos y variopintos aplausos en el Gobierno de coalición de socialistas y comunistas, así como en el bloque federalista parlamentario que lo sostiene.

Por: Javier Torrox – La Gaceta de la Iberosfera

El monarca manifestó su adhesión a la Agenda 2030 el mismo día que este programa de ingeniería social fue adoptado por la ONU en septiembre de 2015. Pero no ha sido hasta ahora, al cabo de diez años, que la sociedad española ha sido plenamente consciente del grado de implicación de Felipe en este proyecto de la élite global-socialista mundial. En el discurso que pronunció hace unos días reivindicó la desaforada inmigración que ya constituye una amenaza a la libertad y seguridad de los españoles y de las demás naciones europeas; expresó su deseo de que España sea un referente mundial abortista; afirmó la existencia de una «triple crisis planetaria» —compuesta de «cambio climático, contaminación y pérdida de biodiversidad»—; y aplaudió la novísima tecnología de inteligencia artificial porque «puede acelerar los avances en la Agenda 2030». Todo ello adobado de recurrente «multilateralismo» —que no es sino la máscara global-socialista—.

Esto no ha sido la alocución de un día en la ONU. A lo largo de sus ya once años de reinado, Felipe ha manifestado su conformidad y aprobación de los planes global-socialistas de forma reiterada. Así lo demostramos en la sección dedicada a tal efecto —y con las alocuciones del Rey como fuente primaria de análisis— en el libro Palabra de Rey (Amazon, 2024), que relata los diez primeros años de reinado de Felipe a través de sus discursos. Lo que sigue a continuación es un extracto del capítulo titulado «El Global-Socialismo».

Los países occidentales han puesto rumbo al aniquilamiento de sus sociedades mediante la adopción de las geoideologías del global–socialismo. Estas pluscuampostmodernas geoideologías operan sobre ámbitos de magnitud global para pretextar acciones de la misma envergadura. La afirmación de que pueda existir un problema que afecta a todo el planeta tiene como corolario inevitable que la supuesta solución obliga a todos sus habitantes. Esta es la sencilla argumentación que subyace a la pretensión de un gobierno mundial al que los Estados-Nación cedan sus soberanías por el bien de toda la humanidad.

Esta revolución de la autoridad constituirá —si llegara a tener éxito— la fase de crecimiento del Poder más exponencial de la Historia. Nunca antes se habrá incrementado tanto en tan poco tiempo con tal intensidad y en tanta extensión geográfica.

El fin último que persiguen los global–socialistas es la acumulación de la riqueza en una cantidad de personas cada vez más reducida y el sometimiento a sus intereses de todos los que no son ellos. A esto se reduce todo: opulencia y poder.

El global–socialismo y las geoideologías constituyen en este momento la mayor amenaza que jamás haya sufrido la cultura occidental. Resistir a esta nueva forma de agresión a la cultura y las libertades y derechos acumulados por Occidente durante tres mil años requiere una nueva forma de fortaleza. Ésta pasa por un reinicio moral que recupere los cuatro elementos culturales occidentales esenciales: el derecho a la vida, el derecho a la legítima defensa, la propiedad privada y el espíritu de trascendencia en el ámbito terrenal —el honor— y en el religioso —la tradición cristiana—.

Un ejemplo elemental de geoideología es la tesis de que existe un «cambio climático» provocado por la acción del hombre y que amenaza la existencia de la propia humanidad. Para evitar sus efectos no bastaría con que una Nación tomara unas medidas determinadas, sino que todas deberían someterse en el cumplimiento de las que establezca la agenda global–socialista. Ese «todas las Naciones» sólo incluye a las que reciben la información. Y de entre éstas, sólo a las que están dispuestas a obedecer. De todo esto resulta que sólo los países occidentales se someten a las medidas expedidas. Cuestión no menor aquí es quién tiene la autoridad para dictar ese mandato, de dónde procede la legitimidad de esa autoridad, quién decide qué disposiciones son adoptadas y quién resulta convenientemente beneficiado de esas acciones presentadas como inexorables para salvar el planeta.

Otro ejemplo de geoideología —íntimamente vinculado con el anterior— es la idea de que hay que acabar con lo que ha generado el período de mayor prosperidad de la historia de la humanidad: el uso de hidrocarburos como combustible. Esto es, los global–socialistas quieren acabar con la prosperidad para salvar a la humanidad.

Existen también programas cuyo carácter podría confundirlos con bioideologías. Entre estos se cuentan la difusión de epidemias, del aborto, de la eutanasia, así como de la elegibilidad de la homosexualidad y la transexualidad. La promoción de todos estos hechos y acciones tiene como objetivo final la reducción de la población occidental —la no occidental hace caso omiso a estos mensajes—. Son medios biológicos, pero es el objetivo de magnitud global lo que los transforma en geoideologías.

¿Quiénes son los global–socialistas? Se los encuentra en los actos de, entre otras, dos organizaciones. Los de la ONU en Nueva York (EEUU) y los del Foro Económico Mundial en Davos (Suiza).

La ONU es, por su propia naturaleza, una fábrica de geoideologías. Incapaz de cumplir con éxito los objetivos de mantenimiento de la paz y cooperación internacional para los que nació, necesita que haya problemas de envergadura global para justificar su existencia y para arrogarse —por usurpación— una legitimidad global —autoridad universal— que no existe y que esgrime con la pretensión de ser obedecida por todas las naciones del orbe. El resultado de esto es la Agenda 2030, un infierno colectivista presentado como un rosario de buenas intenciones que salvarán el mundo. La institución supranacional con sede en Nueva York informó así de la aprobación de este programa:

ONU: La Asamblea General de la ONU adoptó hoy la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que también tiene la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia.

Esto ocurrió el 25 de septiembre de 2015. Ese mismo día, el Rey intervino en una cumbre de la ONU —no en la Asamblea General— en representación de España.

Rey Felipe: La globalización de las finanzas, de la tecnología o de la información debe ir acompañada por la globalización de la solidaridad, del conocimiento, de la equidad, de la libertad y de la dignidad humana. La Agenda que hoy adoptamos es por ello universal y todos somos responsables de su culminación con éxito. España va a contribuir a que así sea. Mi país ya apoyó de manera decidida los Objetivos de Desarrollo del Milenio a través del Fondo ODM, con la mayor aportación realizada por un solo país para la consecución de dichos Objetivos.

El señuelo son palabras y conceptos cuya carga positiva generan afinidad y simpatía: personas, planeta, prosperidad, paz universal, justicia, solidaridad, conocimiento, equidad, libertad, dignidad humana. El Rey, a continuación, proclama la universalidad del programa contenido en esa agenda y establece la pretensión de que sea obedecida y cumplimentada por todas las naciones integrantes de la ONU. Hacer esto equivale, en realidad, a demandar la implantación de un gobierno con autoridad universal con la justificación de los señuelos utilizados previamente.

Precisamente por esta razón fue especialmente desafortunada la alusión que realizó al padre Francisco de Vitoria.

Rey Felipe: La idea de que todos formamos parte de una comunidad global regida por el derecho y orientada al bien común fue avanzada por algunas de las mejores mentes españolas en los inicios de la Modernidad, entre ellas la del Padre Francisco de Vitoria, uno de los fundadores del Derecho Internacional.

Esta referencia al gran jurista y teólogo de la iluminadora Escuela de Salamanca estaba coja. Lo que decía era cierto, pero le faltaba la mitad de la tesis del padre Vitoria. Tanto él como el padre Francisco Suárez, posteriormente, defendieron la unidad del género humano, que es lo que hizo Felipe con este comentario ante la asamblea de la ONU. Lo que faltó en el discurso del Rey es que ambos —Vitoria y Suárez— combatieron fieramente la idea de una autoridad universal. Y esto lo hicieron en pleno Siglo de Oro español, cuando la Monarquía Hispánica se había enseñoreado del mundo. Al mismo tiempo que afirmaban la unidad del género humano, constataban la existencia de distintos reinos y pueblos y que cada uno de ellos tenía derecho a ordenarse y regirse como estimara oportuno para alcanzar el bien de sus sociedades.

Felipe hizo 35 referencias a la Agenda 2030 en 29 discursos distintos durante sus primeros diez años de reinado. En su intervención ante las Naciones Unidas en 2016 explicitó el grado de compromiso adquirido por el Gobierno —de Mariano Rajoy (PP) en aquel momento— con este programa colectivista universal.

Rey Felipe: España ha hecho precisamente de la Agenda 2030 fuente de inspiración de nuestra acción interior y exterior.

El discurso del monarca a este respecto no cambió un ápice con el Gobierno de coalición de Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Iglesias (Podemos). Así lo expresó en una alocución de noviembre de 2020 en un acto de conmemoración del 75º aniversario de la firma de la Carta de las Naciones Unidas. Esta intervención, además, tuvo el mérito de crear el innovador concepto —con marcado carácter setentayochista— de «consenso universal».

Rey Felipe: Naciones Unidas, en fin, es la Organización Internacional que ha concitado el consenso universal para establecer una hoja de ruta para un mundo mejor: los Objetivos del Milenio en el año 2000 y, sobre todo, la Agenda 2030 de Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobada en 2015.

El grado de subordinación de España y de la Iberoesfera a la planificación global-socialista es de tal calado que todas las cumbres iberoamericanas celebradas desde 2018 contienen la palabra «sostenible» en el lema de cada edición celebrada desde entonces:

  • La Antigua Guatemala, 2018: «Una Iberoamérica próspera, inclusiva y sostenible». La Secretaría General Iberoamericana condujo esta edición con «una clara orientación hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030».
  • Andorra, 2021: «Innovación para el Desarrollo Sostenible — Objetivo 2030. Iberoamérica frente al reto del coronavirus».
  • República Dominicana, 2023: «Juntos por una Iberoamérica justa y sostenible».
  • Ecuador, 2024: «Innovación, inclusión y sostenibilidad».

Las cifras de las referencias al cambio climático, el calentamiento global, el medio ambiente, las energías renovables y similares en los discursos del Rey son apabullantes.

  • «Cambio climático»: 136 alusiones en 98 intervenciones públicas.
  • «Calentamiento global»: 5 alusiones en 5 intervenciones públicas.
  • «Neutralidad climática»: 2 alusiones en 2 intervenciones públicas.
  • «Medio ambiente»: 95 alusiones en 64 intervenciones públicas.
  • «Medioambiental»: 73 alusiones en 65 intervenciones públicas.
  • «Transición energética»: 13 alusiones en 13 intervenciones públicas.
  • «Descarbonización»: 9 alusiones en 7 intervenciones públicas.
  • «Energías renovables»: 30 alusiones en 27 intervenciones públicas.
  • «Transformación digital»: 28 alusiones en 23 intervenciones públicas.

Las estadísticas expuestas más arriba son referidas a los discursos pronunciados por el Rey desde su proclamación en junio de 2014 hasta enero de 2024. La repetición regular de una idea modula el pensamiento. Una sociedad que oye a su monarca insistir a diario en la inminencia milenarista del fin del mundo acaba por creer en la verosimilitud de la farsa y en la necesidad de adoptar las medidas que patrocinan entidades supranacionales no electas. El proceso por el que unas medidas determinadas —y no otras— son promovidas y aprobadas por estas instituciones comienza con la acción de la más formidable agencia de publicidad del mundo: el Foro Económico Mundial.

El Foro Económico Mundial —World Economic Forum, por su nombre original en inglés y FEM por sus iniciales en español— fue fundado por su presidente, Klaus Schwab, en 1971. Dice de sí que es «una fundación sin ánimo de lucro». Su web la define en estos términos:

El Foro Económico Mundial es la Organización Internacional para la Cooperación Público-Privada. El Foro trabaja con los más destacados líderes políticos, empresariales, culturales y de otros espectros de la sociedad para moldear las agendas de ámbito global, regional e industrial.

No se esconde. Dice exactamente lo que es y lo que hace. Puede parecer un poco confuso, pero en realidad es muy sencillo. El FEM es una correduría de corrupción. Herr Schwab es el corredor jefe. Su foro es el lugar y el momento en el que los corruptores y los que están dispuestos a ser corrompidos se conocen y descubren los intereses que comparten. Cada una de estas dos partes tiene las capacidades para satisfacer las necesidades de la otra. Del mismo modo que existen ferias comerciales especializadas, el evento anual que el FEM celebra en Davos es una feria de la corrupción.

Tiene más de 50 años de historia, pero no fue hasta hace unas dos décadas cuando su existencia trascendió a través de los medios de comunicación. De repente, unas decenas de alborotadores enmascarados se daban cita cada enero en una muy pequeña y aún más remota localidad de los alpes suizos para protestar por la celebración de un evento del que nadie había oído hablar nunca. El nivel de agresividad de los agitadores crecía cada año. El FEM conquistó una proyección mundial de enorme relevancia a partir de estas algaradas. Toda esta violencia desapareció de forma tan súbita como había surgido.

La extraordinaria agencia de publicidad que es el FEM ha conseguido hacer creer a las sociedades occidentales que tiene capacidad de decisión sobre los asuntos humanos, sobre los gobiernos y sobre las legislaciones de las potencias. Ha convencido a las masas de que está investido de Poder sin necesidad de disponer de una sola división ni de un solo cañón.

Herr Schwab ha sabido venderse —con enorme éxito— como un intelectual y actor político en la sombra y de altos vuelos, pero sólo es una madame de la corrupción. Pone la cama y se lleva su coima por cada una de las corruptelas que patrocina. Un gran negocio.

A este burdel acudió el Rey de España en enero de 2018. Allí se dirigió a todo el puterío reunido y pronunció —en inglés— el que quizá haya sido el discurso más humillante de su reinado. Hizo el papel de un viajante de comercio. Presentó España como un bar que hay que visitar porque da la bienvenida a sus clientes:

Rey Felipe: Según las últimas estadísticas, más de 82 millones de personas visitaron España en 2017, casi el doble de su actual población de 46 millones; muchas de ellas, además, ya la habían visitado una o más veces. ¿Por qué? ¿Qué es lo que las atrae a España? ¿Es por las playas, el clima y la comida? Bueno por eso también. Hasta por el fútbol. Pero lo que también es seguro es que muchas de esas personas nos visitan por la calidad y la excelencia de nuestra industria turística que, por cierto, es la número uno del mundo.

Apuntó al legado histórico nacional y a esto añadió una retahíla estrafalaria de razones adicionales para hacer turismo en España, tales como que los españoles son amables, simpáticos y pacíficos; una baja tasa de criminalidad; un excelente sistema sanitario; y que disfruta de «un estado de paz muy alto». Hizo una referencia contradictoria a lo que llamó «viejos clichés, estereotipos anticuados y leyendas oscuras»; por un lado dijo que todo eso eran cosas que le habían sido atribuidas —esto es, que no eran ciertas— y por otro, que hacía tiempo que España había abandonado todo eso —lo que implicaría que sí eran ciertas—.

Esta intervención de Felipe en Davos tuvo lugar tres meses después del golpe a la Nación ejecutado por la Generalidad de Cataluña y con el golpista Puigdemont fugado en Bélgica. Aludió a este acontecimiento. Pero en lugar de hacerlo en la línea de su discurso del 3 de octubre, lo mudó por el timorato sofismerío de Moncloa.

Pero todo lo anterior es pura anécdota introductoria a los mensajes que lanzó a continuación y que son para los que acudió a la cita global–socialista del FEM.

Rey Felipe: Necesitamos ser plenamente conscientes del mundo interdependiente en el que vivimos y que requiere respuestas realmente globales. Esta es la razón por la que cuestiones como los movimientos de integración, la acción conjunta y la cooperación leal entre ciudadanos, sociedades y Estados —así como los compromisos compartidos—, todas ellas preparan el terreno para encontrar esas respuestas. Y es para eso para lo que estamos aquí hoy*.

En este párrafo están las claves de los objetivos de los global–socialistas y de los medios de los que pretenden valerse para alcanzarlos. Por un lado, persiguen la federalización jerárquica de Estados vaciados de su propia soberanía y subordinados a una entidad supranacional que deja en el aire sin especificarla; esto es a lo que llama «cooperación leal entre ciudadanos, sociedades y Estados». Por el otro, establece los medios: acciones de sometimiento universal que denomina más amablemente como «respuestas globales». Las dos cuestiones las desarrolla de inmediato.

Lo primero que hace es poner sobre la mesa el deseo de España de subordinarse a los intereses de terceros —que identifica con la UE— en detrimento de los propios —los españoles—, a los que echa al olvido.

Rey Felipe: Los españoles no vemos el proyecto de integración europea como algo ajeno a lo que nos gustaría adherirnos, sino como la más completa expresión de nuestro proyecto nacional a nivel internacional. […] La actual Estrategia de Acción Exterior española reclama una refundación de la UE, es decir, una transformación de gran alcance, pero ejecutada paso a paso, de forma pragmática. Tenemos que continuar hacia delante y estar preparados para los cambios que traerá el futuro en áreas como la economía y la unión monetaria o en la de seguridad común. El consenso entre los principales partidos políticos españoles es que el fin último de esta evolución no puede ser más que una mayor Unión política.

Esto no es sino la disolución de España en la UE, que sería convertida en una federación «de forma pragmática»: por decisión de las élites de la propia UE y de espaldas a sus ciudadanos. Pero, ¿por qué habría que hacer esto? ¿Por qué los Estados-Nación no deberían mantener la existencia y soberanía que le han conquistado a la Historia, de la que son supervivientes? Felipe contestó a estas preguntas de este modo:

Rey Felipe: Son numerosos y acuciantes los problemas para los que la única solución es una cooperación europea más eficaz. Esto se ha convertido en una obviedad con la crisis del euro, con las crisis migratoria y de refugiados, con los ataques terroristas internacionales y con los nuevos desafíos a la seguridad europea.

Como cualesquiera otras ideologías, las geoideologías operan en tres estadios. El número uno consiste en identificar una serie de problemas para su audiencia. El número dos, en crearlos —si no existen— e intensificarlos. El número tres, en establecer un programa de acciones para solucionar los problemas previamente identificados y creados/intensificados. Como apuntábamos al inicio de este capítulo, las geoideologías de los global–socialistas sólo pueden justificar su existencia —y, por tanto, sus objetivos políticos— mediante problemas de magnitud global que requieran acciones de igual envergadura. A esto es a lo que responde esa letanía de crisis de todas clases, de amenazas terroristas «internacionales» —y, andando el tiempo, hasta inesperadas epidemias para las que hubo medidas globales sincronizadas de forma inmediata—. Felipe sintetizó brillantemente todo ello en Davos con una escueta y sencilla afirmación:

Rey Felipe: Las soluciones deben estar alineadas con los desafíos.

Esto es, soluciones globales para problemas globales.

Basta con fabricar un acontecimiento de envergadura global como el cambio climático y la subsiguiente necesidad de salvar el planeta para implementar unas pocas medidas que darán lugar a todo lo anterior —y a más cosas que aún no llegamos a imaginar—. Esto no es ciencia-ficción. Mucho de lo anotado en estos puntos ya ha sido ejecutado por todos los gobiernos occidentales durante la epidemia de coronavirus; cuando lo hicieron fue aceptado sin oposición por sus gobernados —y aplaudido—; todos los Estados occidentales han violado sus constituciones y ordenamientos sin que ello haya dado lugar a ninguna consecuencia social, política ni penal. Los global–socialistas operan en la impunidad.

Ahora bien, esta zozobra es eminentemente occidental. No afecta internamente a potencias emergentes como China, India, Rusia —al grupo BRICS a grandes trazos—, ni a otras como Indonesia y Malasia, así como tampoco a África, que lentamente despierta de su sueño. La impunidad personal actual de los global–socialistas no es sinónima de la impunidad política. La violación de sus 179 constituciones tendrá muy graves consecuencias para Occidente a medio y largo plazo. En estos momentos se encuentra entre lo que ha muerto —el orden que aún parece vigente, pero que ya ha caído— y lo que aún no ha nacido. Este período de transición puede durar unos años, décadas o hasta siglos. El Estado moderno fue defenestrado como forma política durante la epidemia de coronavirus, pero aún no se columbra qué forma adoptará el Poder en el futuro. Mientras tanto, ¿quién sabe qué infortunios puedan convocar o qué guerras desencadenar en su furiosa carrera por el poder y el oro? Este es el río revuelto en el que pescan nuestros nuevos bárbaros: los global–socialistas.

Occidente se encuentra en un momento de inflexión en el que no hay término medio en las dos elecciones posibles: la libertad de las naciones de occidente o su sometimiento al régimen de terror rosa del global–socialismo. Felipe parece haber elegido bando.

Javier Torrox
Periodista, escritor y traductor. Ha firmado en los diarios Sur, La Voz de Cádiz, ABC de Sevilla y El Independiente de Cádiz. Fue responsable de Comunicación Externa de Airbus en Sevilla. Fundó y dirigió el periódico Innovación sobre el sector tecnológico de Málaga. Es autor del ensayo «Reinicio Moral» publicado en la obra colectiva «España o el 78» (Manuscritos, 2024), así como de los libros «Palabra de Rey» (Amazon, 2024), «Federalismo cacique» (Amazon, 2023), «Golpe a la Nación» (Manuscritos, 2019), y «La sencillez de las cosas» (2014).

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