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El horror venezolano

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Hace unos años, cuando estuve dando entrevistas en España para promocionar mi libro Podemos en Venezuela, encontré que había en general solo un moderado interés, por parte de los entrevistadores, en conocer la horripilante realidad venezolana: en gran medida, mucha gente de bien ha aceptado que Venezuela es un agujero distópico de muerte y destrucción, y no se puede hacer nada al respecto. Eso es un error, otro de tantos que quizás solo Donald Trump puede corregir.

Por: David Román – Ideas en La Gaceta

Mi libro, hasta cierto, punto invitaba esa reacción. Al fin y al cabo, se centra en la peripecia venezolana de los fundadores de Podemos – Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, sobre todo, pero también muchos otros menos conocidos – y los apoyos que recibieron del régimen venezolano para trasladar su versión del chavismo a nuestras orillas. Sin embargo, el surgimiento de Podemos es imposible de entender si uno no entiende bien lo que ha estado ocurriendo en Venezuela durante, y se dice pronto, ya casi tres décadas.

Para entender todo eso, lo primero es ir a cifras del horror, para entender la escala de los engaños, manipulaciones, robos y violencia que llevaron a la aniquilación de un país que ha llegado al punto de ser incapaz de sacar el petróleo de la tierra. Un país que ha sido desangrado, violado, arrasado y destripado, con gran parte de su población obligada a emigrar para comer,y el resto sometida a un régimen de matones tercermundistas que si no fueran sangrientos hasta el extremo serían excelente material cómico.

En mi libro, cité datos de este tipo: que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados informó que, entre 2014 y hasta Noviembre de 2019, cerca de 4,5 millones de venezolanos, de una población total estimada de 32 millones, habían huido del país. También se han ido otras personas cuyos casos no han sido informados por las autoridades.

A Noviembre de 2019, había casi 400 presos políticos en cárceles o sedes de los servicios de inteligencia de Venezuela, según datos del Foro Penal, una red venezolana de abogados defensores penalistas que trabajan ad honoremLa cifra actual es 882, incluyendo 85 extranjeros. Solo entre 2016 y 2020, miembros de la policía y de las fuerzas de seguridad han provocado la muerte de casi 18.000 personas en Venezuela en situaciones de supuesta “resistencia a la autoridad,” lo que equivale a unas veinte veces todos los asesinatos cometidos en España por ETA.

El listado de asesinatos, secuestros, torturas y violaciones es interminable. Como lo es de las fuerzas parapoliciales participantes, diferentes milicias a cargo de diferentes facciones del chavismo: la Guardia Nacional Bolivariana, la Policía Nacional Bolivariana (PNB), el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) y fuerzas de policía de los estados.

Mientras, los chavistas pata negra roban dinero en miles de millones: la exenfermera personal de Chávez, Claudia Díaz, luego nombrada para altos cargos de la administración, ha sido sancionada en Estados Unidos por presuntamente participar supuestamente en un fraude cambiario por 2.400 millones de dólares. Ha sido identificada como dueña de 250 lingotes de oro, valorados en 9,5 millones de dólares.

Las leyes bolivarianas que justifican y protegen todo este tinglado demoniaco son muy similares a las que ha traído Podemos a España, incluyendo una “Ley contra el odio” que finalmente no llegaron a trasladar a nuestra legislación (aunque lo intentaron). Esta ley prohíbe a los partidos políticos que “promuevan el fascismo, la intolerancia o el odio” y prevé penas de prisión de hasta 20 años contra quienes publiquen “mensajes de intolerancia y odio” en medios de comunicación tradicionales y medios sociales.

En Venezuela comen propaganda porque otra cosa no hay. Ahora mismo, el 96% de los venezolanos vive en situación de pobreza, con el 79% en situación de pobreza extrema. Según este reciente reporte del blog de economistas Nada es Gratis, Venezuela representa uno de los casos más desconcertantes de la historia económica moderna y, entre 2013 y 2020, su PIB real se contrajo más del 88%, una caída que supera en severidad a la Gran Depresión estadounidense por un factor de tres y a la reciente crisis griega por más de cuatro veces.

No les voy a aburrir con más cifras básicas. Tampoco con anécdotas, porque pueden pedírselas al próximo rider que le lleve un pedido a domicilio a casa, o a la próxima manicura o profesor de pintura o experto en poesía vanguardista que vean: es muy probable que sean venezolanos. Pero les voy a citar unos cuantos datos curiosos adicionales, que he extraído del reporte de Nada es Gratis.

Por ejemplo, tenemos un indicador importante raramente analizado que es cuánto patrimonio financiero poseen los hogares de cada país en paraísos fiscales, usualmente relativo al 0,01% más rico. Aproximadamente el 10% del PIB mundial se sitúa en dichos paraísos fiscales, pero el caso de Venezuela es sobresaliente: este porcentaje es el equivalente al 60% de su PIB, siendo el segundo país con mayor porcentaje tras los Emiratos Árabes Unidos, seguido por Rusia y Arabia Saudí.

También me gustan los datos recientes de crecimiento económico, porque me recuerdan un poco a las cuentas de la vieja de los eunucos de la corte de Pedro Sánchez, sobre la economía que “va como un cohete”. Según el FMI, el PIB de Venezuela alcanzó $82.000 millones en 2024 (casi la mitad que la Comunidad Valencia, para que se hagan una idea), tras crecer un 8% en 2022, 4,4% en 2023 y un estimado 5,3% en 2024, al que sucederá un esperado 0,5% en 2025. Como señalan en Nada es Gratis, estas cifras de crecimiento superficialmente positivas ocultan una realidad devastadora: el PIB permanece un 75-80% por debajo del pico de 372.000 millones alcanzado en 2012. Para retornar a los niveles de 2013, Venezuela necesitaría crecer al 6% anual sostenidamente durante 28 años consecutivos. Lo que, ya se lo adelanto, no va a ocurrir.

Lo de la inflación también tiene su gracia. Venezuela experimentó hiperinflación continua durante una década (2014-2024), erosionando completamente el poder adquisitivo. ¿Cuánto exactamente? Pues, entre 1998 y 2018, la moneda perdió el 99.999997% de su valor. El coeficiente de Gini alcanzó 0,603 en 2022 (moderando a 0,512 en 2023), convirtiendo a la patria del “Socialismo del Siglo XXI” en una de las sociedades más desiguales del planeta.

Y aquí lo mejor de todo. Si damos por buenas las estimaciones citadas, puesto que Venezuela experimentó una contracción del 88,5% entre 2012 y 2020, esto sería del orden de 6,8 veces peor que el promedio de las guerras, que al final diríamos que resultan ser en muchos casos relativamente benignas: el declive venezolano (88%) supera a la guerra civil libia (62%), la guerra civil siria (70%), la invasión alemana de la URSS (34%), y la Gran Depresión estadounidense (30%). ¿Así que una guerra en Venezuela sería menos destructiva que dejar a los enemigos chavistas de la humanidad y la civilización seguir gobernando? Alguien debería avisar a Trump.

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