Interregno: “Espacio de tiempo en que un Estado no tiene soberano”. (RAE)
Uno de los hechos políticos mas relevantes en Venezuela, junto a los del 28J y 3E, será el retorno de María Corina. Sin duda alguna, será el parteaguas que pondrá en su correspondiente lugar a quienes hemos estado a favor de la causa democrática y -por el otro lado- a quienes son responsables por acción, complicidad u omisión de la destrucción sistemática del país durante todo lo que va de este siglo. De hecho, la gran expectativa y la voluntad que se expresa con igual intensidad y fervor en los sondeos de opinión demuestran cuán solido y arraigado es su liderazgo en todos los estratos sociales, en especial, quienes durante décadas han sido deliberadamente ignorados bajo la premisa perversa de que al mantenerlos pobres dependerían mas de las migajas de un Estado manejado al antojo castrochavista. Esta revolución nunca quiso la superación de los menesterosos, los multiplicó y manipuló.
Quienes nos han gobernado y siguen aun gobernando impunemente, desmantelaron todo resquicio de un sistema democrático todavía en proceso de perfectibilidad. Se trataba de una democracia joven que había soportado los embates golpistas desde sus inicios, pero que no pudo sobreponerse a la trampa montada con el uso calculado de sus propias reglas. Todos los principios e instituciones fueron vulnerados por un totalitarismo hegemónico, que causó millones de migrados y la muerte, persecución y encarcelamiento de decenas de miles de venezolanos. La violación y la discrecionalidad en la aplicación de la Constitución y las leyes, transformaron al ordenamiento jurídico en una caricatura.
A partir del 3E, bajo el tutelaje de Estados Unidos, la encargada de este régimen trae consigo la ilegitimidad heredada de su antecesor y pende sobre ella la espada de Damocles; está expuesta al peligro inminente y constante que amenaza su maltrecho poder. Esa precariedad es una tragedia que le puede ocurrir en cualquier momento, a pesar de las apariencias. A regañadientes, ganando tiempo con demoras que no pasan desapercibidas, se mantienen a la espera de hechos fortuitos que pudieran extender su circunstancial protagonismo.
Así está marcada la “nueva era de Delcy”. Será efímera y vergonzante para los suyos. El terreno minado condiciona su margen de acción en una gestión genuflexa que genera también el rechazo de sus camaradas inadaptados; los hermanos no se enterrarán tal como no lo hacen las viudas con sus deudos. Tratarán de salir ilesos, pero corren grave riesgo cuando con artimañas pretenden engañar a unos tutores que tienen un alto recorrido en este oficio. Subestimar el poder real y letal del tutor no parece sensato, Creer que el poder es compartido no pasa de ser un burdo atrevimiento.
El interregno no es un periodo normal, está signado por ausencia de legitimidad e impone que se tomen medidas y decisiones extraordinarias dirigidas a superarlo. Una de ellas, es impedir que el tutelado régimen de facto, tome decisiones que contrarían los objetivos trazados en beneficio de los venezolanos. Hechos que develan intenciones de preservar el poder, como los abrir lapsos de postulaciones, llenar vacantes de altos cargos del poder público con funcionarios sancionados y reciclados con historiales horrendos, o pasar al peor fiscal que ha tenido el país a la defensoría para protegerlo con la mal utilizada figura del antejuicio de mérito, entre otros, merecen ser anulados. Una de las medidas extraordinarias -en este caso- tiene que ver con el funcionamiento de la asamblea nacional de facto. ¿Qué hacemos con esa base de sustentación del régimen, que por tanto va mas allá de crear o modificar leyes indotadas de legitimidad? Si reconocemos como válida su actuación, tendríamos que olvidarnos de una transición ordenada.
En nuestro criterio, Venezuela debería manejarse extraordinariamente en ese interregno por un órgano plenipotenciario de gobierno que tenga el visto bueno de Estados Unidos y de los factores democráticos venezolanos para la celebración de unas elecciones oportunas y libres. Esto pondría fin al interregno.
En la próxima entrega, el retorno de María Corina, la provisionalidad institucional y la transición creíble.
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