Morfema Press

Es lo que es

El legado de la perversión: De la parálisis de Chávez al sadismo de Estado

Comparte en

Por Adalberto Hernández

Para entender la tragedia venezolana actual, es imperativo diseccionar la naturaleza del mal que la gobierna. No estamos ante una dictadura convencional, sino ante una metamorfosis criminal que ha pasado de la manipulación mental sofisticada al terrorismo de Estado más visceral. Hugo Chávez no fue un líder «más suave»; fue el arquitecto perverso que diseñó la jaula, pero tras su muerte, quienes quedaron a cargo —con Diosdado Cabello como el verdadero rostro del extremismo— decidieron prenderle fuego a la estructura con todos adentro.

El Chávez psicólogo: La parálisis como doctrina

La perversidad de Hugo Chávez residía en su capacidad para utilizar la psicología política negativa. Chávez no necesitaba llenar las cárceles de miles de ciudadanos para mantenerse en el poder; su objetivo era más ambicioso y oscuro: la domesticación de la psique colectiva.

Desde una perspectiva técnica, Chávez aplicó lo que en psicología política se denomina «Indefensión Aprendida». Al cambiar las reglas del juego constantemente y castigar de forma errática pero feroz, logró que el ciudadano sintiera que ninguna acción tendría un resultado positivo. Casos como el de la jueza María Lourdes Afiuni o los comisarios del 2002 fueron «anuncios publicitarios» del miedo. Chávez entregó el poder en 2013 con apenas 11 presos políticos. Su autoritarismo paralizaba al ciudadano antes de que este se atreviera a protestar. El miedo era una niebla; hoy es una bala.

El quiebre: «Nosotros somos locos»

La verdadera naturaleza del grupo que sostiene hoy el poder quedó al descubierto tras la desaparición del «líder supremo». Diosdado Cabello, representante del ala más militarista y radical, ha lanzado en diversas ocasiones una sentencia que es un reconocimiento tácito de su carácter violento: «No nos reten, porque nosotros somos locos y Chávez ya no está para frenarnos«.

Esta frase es una confesión de parte. Admiten que mientras Chávez vivía, existía un cálculo político, un «freno» que mantenía la barbarie dentro de ciertos límites estratégicos. Muerto el líder, la facción más extremista tomó las riendas, sustituyendo la astucia por el sadismo. Sin Chávez, la «locura» se convirtió en la política oficial del Estado.

El Surgimiento de los monstruos: Del Helicoide y el tren de Aragua

Bajo el mando de Maduro y el control de hierro de Cabello, el Estado venezolano mutó en algo mucho más oscuro. El nombre de «El Helicoide» pasó de ser una referencia arquitectónica a convertirse en el epicentro del dolor y la tortura sistémica.

Paralelamente, el régimen perfeccionó la creación de ejércitos irregulares. El surgimiento del «Tren de Aragua» no es un accidente, sino una estrategia de control social dual: internamente, funciona como un brazo de choque y terror que somete a la población; externamente, ha sido utilizado como una herramienta de exportación de criminalidad para desestabilizar a los gobiernos de la región, saturando sus sistemas de seguridad y alterando el orden público en todo el continente.

Esta degradación se completa con el Cartel de los Soles, que dejó de ser solo una estructura de narcotráfico para transformarse en un nodo logístico del extremismo global. Esta coalición ha brindado apoyo operativo a grupos como Hezbolá e ISIS, utilizando a Venezuela como una base de operaciones transnacional que fusiona el poder político con el hampa y el fundamentalismo radical.

Es un error creer que el chavismo actual traicionó a Chávez; son su consecuencia lógica. Chávez fue el veneno, pero la administración de Cabello y los sectores radicales son el cuchillo. Hoy Venezuela no es gobernada por una ideología, sino por una estructura criminal y extremista que ha sustituido la política por el terrorismo de Estado.

Ante un escenario donde el terror se ha vuelto sistémico y los actores extremistas no tienen intención de retroceder, la historia dicta una sentencia clara. No se puede sanar el cuerpo si el foco de la infección permanece activo. Frente a una estructura de esta magnitud, no hay soluciones medias: como dice el dicho popular, la culebra se mata por la cabeza. Solo descabezando la cúpula que dirige esta maquinaria de muerte podrá Venezuela y a la región desarticular el terror y recuperar su libertad.

El horror en números

La cifra de 2024 representa el pico más alto de detenciones políticas en la historia de Venezuela, con más de 1,900 personas tras las rejas simultáneamente tras el evento electoral de julio.
WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Scroll to Top
Scroll to Top