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El pacto en clave, por Víctor A. Bolívar

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La sistemática destrucción moral, material, social y política del país en manos de este régimen, nos obliga a crear y proponer vías y formas extraordinarias para que no sobrevenga su exterminio y la consolidación, según el antojo milico y castrochavista del Estado forajido.

Aun a sabiendas de las grandes limitaciones que tiene particularmente la clase política para evitarlo y superarlo, es vital que de sus entrañas surja el aporte necesario para la contención de ese aquelarre gobernante mediante una propuesta viable, sustentable, eficaz, desprendida, con visión de futuro y de gran compromiso.

Nos toca entonces, en primer lugar, ir a la raíz del problema para decodificar esta demencial destrucción del país y su democracia que tuvo lugar con los cotos que sobrevivieron del gomecismo, medinismo, perezjimenismo; así como los de aquellos extremistas, de civiles y militares golpistas y de notables que pusieron los fósforos para que el incendiario discurso de Chávez cremara hasta sus cimientos al denostado pacto que el alto y sólido liderazgo político de entonces acordó para refundar y consolidar el sistema como en efecto se hizo con la implementación del Pacto de Punto Fijo que marcó un hito, no solo en nuestro país sino en el mundo entero.

El Dr. Brewer, en su excelente trabajo: “El Pacto de Punto Fijo de 1958 como punto de partida para el establecimiento y consolidación del sistema democrático y del Estado constitucional de derecho en Venezuela”, nos aporta claves importantes para el análisis. Entre otros párrafos de obligada cita, a los fines de estas líneas, señala: “Los partidos democráticos habían aprendido que el enemigo de la democracia había que ubicarlo en el sector militar, en los grupos de presión económica, y en los partidos de extrema izquierda, y que, por tanto, la lucha fundamental por establecer lograr la supervivencia del régimen democrático no estaba entre ellos”. Luego, agrega que el acuerdo solo consideró a todos los sectores de la sociedad comprometidos con “la estabilidad republicana”, lo que excluía por tanto al perezjimenismo. a los conspiradores militares y al Partido Comunista de Venezuela.

Es importante destacar que, pese a no estar dentro del acuerdo, el renovado sistema democrático, por su esencia, les permitió su participación política y la obtención de la representación parlamentaria de 2 senadores y 7 diputados que obtuvieron los comunistas en el proceso electoral de 1958. Su posterior extremismo nos demuestra cuánta razón tuvo aquella élite de líderes comandada por Rómulo al considerarlos como sectores no comprometidos con los principios democráticos.

Entonces tenemos aquí la primera clave: esos actores jamás podrán ser considerados como elementos válidos para acordar el retorno a la causa democrática. Son esos civiles y militares resentidos y violadores de los derechos humanos, así como aquellos corruptos de las dos aceras que a la sombra del chavismo han amasado indebidamente fortunas y marcan la pauta económica en el país. Ellos tampoco quieren ese retorno. Contaminarían cualquier intento de un verdadero acuerdo. Sería tanto como imaginar a Rómulo dialogando con Pérez Jiménez para acordar los principios rectores para la recuperación del país que los lleve finalmente a la ruta electoral.

Y aquí estamos con la segunda clave: el pacto de Punto Fijo cobró vida una vez que cayó Pérez Jiménez y antes de que se produjeran las elecciones generales de 1958. Con contadísimas excepciones, Hugo Trejo entre ellas, las fuerzas armadas no estaban abiertamente ganadas al derrocamiento. Si bien es cierto que constituyeron la base fundamental de la dictadura, no menos cierto es que esas fuerzas armadas fueron nacionalistas, bien formadas institucionalmente y no fueron una caterva de delincuentes. Superan por mucho a las de hoy. Bastante se ha hablado en el país de métodos no tradicionales y de guerra asimétrica para enfrentar esta situación, pero no se ha construido un camino idóneo para proponer una nueva política con los militares que rescate en su momento esa gran institución de las manos en las que se encuentra. La excusa de su ideologización les ha blindado en un poder omnímodo. Eso hay que desmontarlo.

Finalmente, la tercera clave: el rescate institucional, mediante un nuevo pacto debe tomar todo lo aplicable del espíritu y contenido del Pacto de Punto Fijo. Entre otros principios, aquel conforme al cual se adquirió el compromiso de que se estableciera como resultado de las elecciones un gobierno y unos cuerpos representativos que agruparan equitativamente a todos los sectores de la sociedad interesados en la estabilidad de la República como sistema popular del gobierno, tal como lo refiere Brewer en su trabajo que no dudamos en recomendar.

La gran farsa del capitán Cabello, de atribuirle al bipartidismo de entonces una supuesta hegemonía institucional en el poder, queda demostrada cuando de su seno aquellos gobiernos de entonces les permitieron a quienes hoy están acabando con la democracia, tener ministros, diputados, legisladores regionales y concejales, y luego mediante la descentralización, gobernadores y alcaldes, así como a un presidente. Aquello que predica el capitán de que en ese entonces se gobernaba “un ratico para cada uno”, satanizando una alternabilidad que para él no se debe repetir, quedó cambiado por 24 años de hegemonía castrochavista.

Sostiene el profesor Benigno Alarcón, que: “Venezuela necesita una poderosa coalición política y social para reconquistar la democracia”. Lo compartimos, pero tenemos fundadas dudas de que la actual dirigencia política tenga las condiciones de liderazgo para proponer un pacto viable, sustentable, eficaz, incluyente, con visión de futuro y de gran compromiso, como el de Punto Fijo. Tendrán que demostrarle al país lo contrario.

Víctor A. Bolívar @vabolivar

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