Por Benjamin Gómez
¿Cómo el acuerdo Trump-Rodríguez podría beneficiar a una Venezuela democrática?
La reciente firma del histórico acuerdo petrolero entre la administración de Donald Trump y la gestión de Delcy Rodríguez ha sacudido el tablero político y económico de la región. Para muchos analistas y defensores de la Constitución venezolana, el pacto resulta incomprensible: ¿Por qué el gobierno de Estados Unidos firma acuerdos con una administración de facto si sabe que carecen de validez jurídica a largo plazo?
La respuesta de Washington ha sido de un crudo pragmatismo: asegurar el control de más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas para duplicar sus reservas estratégicas y bajar los precios internos de la gasolina. Para la Casa Blanca, bajo la tutela material de figuras como Marco Rubio y Pete Hegseth, la prioridad absoluta son los resultados materiales y el acceso al recurso, postergando la pureza institucional.
Sin embargo, lo que hoy se presenta como una entrega de soberanía bajo coacción, podría transformarse paradójicamente en una oportunidad de oro y una poderosa palanca de negociación para un eventual gobierno democrático liderado por María Corina Machado.
A continuación, se analizan los tres grandes beneficios que este controvertido escenario heredaría a una nueva gestión constitucional:
- El «As de la Ilegalidad»: El incentivo para forzar una renegociación
Al carecer del respaldo obligatorio de una Asamblea Nacional legítima y violar los principios de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, estos contratos nacen con una vulnerabilidad jurídica total.
Para un nuevo gobierno democrático, esta debilidad no es un obstáculo, sino una fortaleza. María Corina Machado tendría una base legal sólida para advertir a las corporaciones estadounidenses que sus inversiones multimillonarias corren un riesgo inminente de nulidad absoluta en tribunales internacionales. Para proteger sus capitales, tanto las multinacionales como la propia Casa Blanca se verían obligadas a sentarse a la mesa a renegociar, buscando la seguridad jurídica real y de largo plazo que solo las instituciones legítimas pueden otorgar.
- De la subordinación a la soberanía fiscal: Maximizar los ingresos del país
El acuerdo actual ha sido severamente criticado por otorgar un control mayoritario y ventajas leoninas a los intereses estadounidenses. No obstante, en una mesa de renegociación forzada por el cambio político, el nuevo Ejecutivo contaría con el peso estratégico para equilibrar la balanza:
Aumento de regalías y tributos: Exigir una mayor participación en las ganancias directas para las arcas de la República.
Recuperación del control operativo: Modificar el esquema de control absoluto de EE. UU. hacia empresas mixtas donde el Estado venezolano recupere soberanía accionaria y poder de decisión sobre sus propios yacimientos.
- Institucionalidad y Transparencia: El fin de la opacidad petrolera
Uno de los mayores peligros de los pactos firmados en la sombra es el desvío de fondos. Un gobierno legítimo, comprometido con la transparencia económica, podría utilizar la revisión de estos macro-contratos para implementar auditorías internacionales rigurosas. Esto garantizaría que cada dólar generado por la explotación de los 17 campos petroleros comprometidos no termine en redes de corrupción, sino que se traduzca de forma auditable en la reconstrucción de la infraestructura pública, hospitales, escuelas y la estabilización del salario nacional.
El desafío del ajedrez geopolítico
Por supuesto, el camino no estará exento de riesgos. Intentar alterar drásticamente un acuerdo que Donald Trump ya celebra como un triunfo histórico requerirá de una diplomacia quirúrgica para evitar una colisión directa con Washington.
La clave del éxito para la nueva dirección del país radicará en vender estabilidad a cambio de justicia económica: demostrarle a los mercados y a la Casa Blanca que a Venezuela le conviene exportar su petróleo de manera segura, pero que a las potencias les conviene aún más tener un socio democrático e institucionalmente sólido, en lugar de un pacto frágil construido sobre los cimientos de la ilegalidad.


